Comenzó el clásico uso político de encuestas
Las elecciones acarrean también ciertas contaminaciones como es la fiebre de encuestas insolventes. Ejemplo: la que brindó ayer el monopolio «Clarín», una suerte de pago de protección política. Usando su empresa cautiva CEOP, ese medio ensaya sospechosos pronósticos que la experiencia dice que no se cumplirán en las urnas, como ya ha ocurrido antes. Tanto que sus amanuenses confiesan que logran, con «bandeos» políticos de hasta 25%, afectar en algún porcentaje el resultado final (entre 3% y 5%). No se paga esto con dinero, sino con favores políticos de quienes resultan beneficiados. Algunos países serios limitan o prohíben la difusión de encuestas, porque entienden que son un aviso publicitario embozado.
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El periodismo accede «off de record» a esas encuestas reales para conocer la verdadera inclinación de la opinión pública, aunque tiene que tener sumo cuidado de que, en secreto, no le vendan «pescado podrido», algo que suele entrar en el precio de la contratación de un encuestador propio.
Se aproxima a la verdad la prensa si no tiene encuestadora contratada (también riesgosa porque ciertos políticos pagan sobreprecio) con los promedios de lo que les llega.
Ayer, por caso, «Clarín» sostiene que en la Capital Federal y Gran Buenos Aires el voto negativo (blanco, anulados ex profeso, no presentarse a los comicios del 14 de octubre) llega a 20%, algo que es grave para todos los posibles candidatos triunfadores porque muestra fuerte repudio de la población, pero el encuestador Rosendo Fraga lo ubica en 40%. Por lo tanto es posible que ronde el altísimo 30% y podría ser el ganador como sucedió en el Chaco, donde para anular el voto el personaje humorístico Clemente resultó tercero en la elección provincial.
La distorsión se hace, como «Clarín» ayer, «mejorando» a ciertos candidatos y cuando se corre el riesgo del ridículo se opta por decir que disminuyó su voto en contra, sin mencionar a favor. Por caso se usó ayer en Aníbal Ibarra, jefe del Gobierno de Buenos Aires, sobre el cual es notoria la disconformidad de la gente de tal manera que, en encuestas serias lejanas a los comicios actuales, no superaría 18% de opiniones favorables a su desempeño. «Clarín» ayer expresa que «el voto en contra a la administración frepasista disminuyó de 49,3% a 46,8%».
Con este panorama --demasiado habitual en la política argentina, sobre todo por su prensa independiente cada vez más reducida-el votante dentro de dos domingos debe desconfiar sobre cómo se intentará influirlo por vía encuestas. Por lo menos también deberá hacer promedio de lo que le hacen llegar.



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