1 de octubre 2001 - 00:00

Comenzó el clásico uso político de encuestas

Las elecciones acarrean también ciertas contaminaciones como es la fiebre de encuestas insolventes. Ejemplo: la que brindó ayer el monopolio «Clarín», una suerte de pago de protección política. Usando su empresa cautiva CEOP, ese medio ensaya sospechosos pronósticos que la experiencia dice que no se cumplirán en las urnas, como ya ha ocurrido antes. Tanto que sus amanuenses confiesan que logran, con «bandeos» políticos de hasta 25%, afectar en algún porcentaje el resultado final (entre 3% y 5%). No se paga esto con dinero, sino con favores políticos de quienes resultan beneficiados. Algunos países serios limitan o prohíben la difusión de encuestas, porque entienden que son un aviso publicitario embozado.

El diario «Clarín» inició el pago de protección política, algo que encara cada dos años cuando hay comicios. El medio de pago siempre es el mismo: «encuestas», que desgrana a su gusto e intereses en referencia a políticos. No refleja datos de encuestadores conocidos como los demás medios que los contratan, o que hacen promedio y depuración de sus números porque hay muy pocos realmente independientes. Este diario con vocación monopólica usa siempre una encuestadora propia, CEOP, con lo cual sus afirmaciones en la edición no pueden, en principio, ser refutadas. «El límite de bandeo por razones políticas -confesó un ex empleado-no puede ser mayor a 25% y siempre hemos calculado que, por la potencia del medio gráfico, con eso se puede llegar a influir entre 3% y 5% en el resultado.»

Para evitar estos hechos, sabiamente en países avanzados prohíben las encuestas mucho tiempo antes de la fecha de los comicios.

En la Argentina, encuestadores y encuestas son muy sospechables y tienen antecedentes públicos catastróficos. No les preocupa ni por vergüenza se extinguen porque jugarse así, para influir, es parte del cobro que efectúan. Esto se verá muy notoriamente de aquí al 14 de octubre.

«Clarín» es muy caro para que alguien intente contratarlo, ni le interesa al medio. Su verdadera ganancia está en protecciones legislativas o favores de ejecutivos, nacionales o provinciales, durante los dos próximos años hasta los siguientes comicios con distorsión en contra al que no colaboró.

El beneficiado con distorsiones precomiciales ni necesita ser contactado ya que se entera con facilidad porque tiene sus propios datos. Hubo, no obstante, casos notorios --por ejemplo con la ex Alianza, en el pasado reciente, y con conspicuos justicialistas en que, directamente, se pactó.

Pero en encuestas hay datos reales y válidos: son los que tiene el candidato o partido que paga su propio encuestador y no quiere engaños, sobre todo para corregir el discurso o reprogramar distritos más débiles a visitar en lo que resta hasta los comicios.

El periodismo accede «off de record» a esas encuestas reales para conocer la verdadera inclinación de la opinión pública, aunque tiene que tener sumo cuidado de que, en secreto, no le vendan «pescado podrido», algo que suele entrar en el precio de la contratación de un encuestador propio.

Se aproxima a la verdad la prensa si no tiene encuestadora contratada (también riesgosa porque ciertos políticos pagan sobreprecio) con los promedios de lo que les llega.

Ayer, por caso, «Clarín» sostiene que en la Capital Federal y Gran Buenos Aires el voto negativo (blanco, anulados ex profeso, no presentarse a los comicios del 14 de octubre) llega a 20%, algo que es grave para todos los posibles candidatos triunfadores porque muestra fuerte repudio de la población, pero el encuestador Rosendo Fraga lo ubica en 40%. Por lo tanto es posible que ronde el altísimo 30% y podría ser el ganador como sucedió en el Chaco, donde para anular el voto el personaje humorístico Clemente resultó tercero en la elección provincial.

La distorsión se hace, como «Clarín» ayer, «mejorando» a ciertos candidatos y cuando se corre el riesgo del ridículo se opta por decir que disminuyó su voto en contra, sin mencionar a favor. Por caso se usó ayer en Aníbal Ibarra, jefe del Gobierno de Buenos Aires, sobre el cual es notoria la disconformidad de la gente de tal manera que, en encuestas serias lejanas a los comicios actuales, no superaría 18% de opiniones favorables a su desempeño. «Clarín» ayer expresa que «
el voto en contra a la administración frepasista disminuyó de 49,3% a 46,8%».

Con este panorama --demasiado habitual en la política argentina, sobre todo por su prensa independiente cada vez más reducida-el votante dentro de dos domingos debe desconfiar sobre cómo se intentará influirlo por vía encuestas. Por lo menos también deberá hacer promedio de lo que le hacen llegar.

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