La candidatura de Roberto Lavagna apareció en muchos medios de comunicación como un vector irrefrenable. Sin embargo, en el áspero terreno de la política el empeño ofrece muchas dificultades. Los próximos diez días serán clave, por ejemplo, para que Raúl Alfonsín le presente a su pupilo la base de un radicalismo ordenado. La dirigencia bonaerense de ese partido se reunirá pasado mañana en Brandsen. Una semana más tarde lo hará toda la cúpula federal de la agrupación. El objetivo inmediato por el que Alfonsín postuló a Lavagna comienza a mostrarse esquivo: los gobernadores e intendentes siguen mirando a Néstor Kirchner como un aliado más interesante, por razones obvias. Si no retiene a su tropa, el ex presidente desalentará al ex ministro de Economía. A su vez Lavagna ha manifestado alguna inquietud ante sus amigos por lo que considera un hecho: cree que Kirchner convocará a elecciones en marzo. La disputa sería, entonces, entre candidatos a presidente sin una maquinariaque se mueva, debajo, en función de otras ambiciones: los diputados, senadores, intendentes, gobernadores, jugarían su suerte en octubre. Esta táctica conviene extraordinariamente al titular del Estado nacional. Por ahora, entonces, el efecto del lanzamiento electoral de Lavagna fue más fuerte dentro del gobierno que fuera. Sobre todo por lo que afectó el equilibrio interno de la administración en detrimento del máximo adversario del economista, Julio De Vido.
Una estancia en Brandsen, en los bordes del conurbanoprofundo, será el escenarioen el que este jueves el radicalismo de Buenos Aires clausurará todo posible pacto con Néstor Kirchner y, al menos inorgánicamente, deslizará un respaldo a Roberto Lavagna.
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Arreada por Raúl Alfonsín, a quien el ex ministro le lanzó el tibio reproche respecto de que le aceleró los tiempos, la UCR bonaerense realizará una cumbre de dirigentes para zambullirse en un debate de final cantado: el radicalismo ratificará su oposición a Kirchner.
Con eso, circulará en los límites de una fractura con los clanes que coquetean -o están en romance- con la Casa Rosada. «No vamos a excluir a nadie. A lo sumo, alguno se autoexcluirá», avisó el jefe del Comité Provincia, Carlos Gorosito, anfitrión de la ronda.
La cumbre es para definir la postura que expondrá la UCR bonaerense en la Convención Nacional que Roberto Iglesias convocó para agosto, pero es imposible desligarlo del efecto Lázaro -el resucitado de la Biblia- que Lavagna inyectó a los radicales.
Gorosito cursó invitaciones a los alcaldes de la UCR, sus legisladores y los jefes de comité de cada distrito.
Convocó -ayer alguno decía que no le avisaron- aún a los que expresaron en público su sintonía con Kirchner, como Daniel Katz, Mario Meoni y Héctor Gutiérrez.
Enlace
Este trío, lores de Mar del Plata, Junín y Pergamino, estuvo hace 15 días con el Presidente y estableció un enlace vía Alberto Fernández. Post «plaza del sí», fueron los primeros en fotografiarse hipnotizados por la «Concertación» de Kirchner.
Gutiérrez, quizás el menos kirchnerista de los tres, irá a Brandsen. Katz y Meoni dudaban. Gustavo Posse de San Isidro y Enrique García de Vicente López ya fueron borrados de los inventarios de la UCR. «Se dicen radicales, pero hace tiempo no participandel partido», los castigan.La raya está trazada. Para la UCR oficial, Posse y García son ajenos. Otra postura tienen ante el club filokirchnerista de Katz, Meoni y Gutiérrez que se amplía con un manojo de alcaldes menos conocidos, como Alberto Conochiari, de Alem, amigo del Presidente.
Retorno
Katz es un caso para auscultar. Al marplatense, Kirchner le ofreció ser segundo de Cristina Fernández para el Senado en 2005 y suele figurar para una eventual fórmula del FpV en Buenos Aires. Pero ante todo, Katz es storanista y, como otro Fredi, Storani siempre vuelve.
Ese es, quizá, el efecto Lavagna más notable: las capitanías que se consideraban disueltas, como las de Storani, Leopoldo Moreau y el propio Alfonsín, se están despabilando.
Salvo el ex presidente, que viajó a EE.UU. y recién hoy se confirmará su presencia o no en Brandsen, Moreau, Juan Manuel Casella y Margarita Stolbizer estarán en la cumbre, convocados como «referentes» partidarios. Storani estará en su doble categoría: referente y diputado.
En el futuro, ¿pesará, a la hora de las definiciones, más el vínculo con sus (¿ex?) jefes, que el carisma con varios ceros de Kirchner?
«Katz está con los dos pies dentro del partido», afirma el presidente del Comité Provincia que, además, relata eufórico que en sus giras por la provincia comprobó que «cayó muy bien entre los radicales» la aparición de Lavagna.
Sin que sea terminante, el jueves empezará a despejarse ese dilema cuando Gorosito pase lista para testear el éxito de la convocatoria. Dato para registrar: en Buenos Aires, la UCR tiene 42 intendentes, 24 legisladores provinciales y 7 diputados nacionales.
Como está prefijado que en la cumbre de Brandsen el radicalismo ratifique que como partido se ubica en la vereda de la oposición -«constructiva e inteligente» agrega Gorosito, sin más precisiones- al gobierno, el nivel de concurrencia será un mensaje en sí mismo.
Por eso, precavidos, acordaron un matiz global: la UCR se instalará como rival de Kirchner pero no fijará, según lo acordado hasta anoche, una preferencia expresa por la candidatura de Lavagna, a pesar de que esa definición sobrevolará el encuentro.
El motivo es simple. Así contienen a «los Margaritos», sector que comanda Margarita Stolbizer, e impulsa un acuerdo con el Partido Socialista, el ARI y la CTA. Esa «tercera posición» -en parte por la negativa de Elisa Carrió a hacer alianzas- parece desvanecerse.
Algo es cierto: en el pénduloentre Kirchner y Lavagna, a pesar de su pedigrí radical, a la jefa del ARI se le fue licuando el encanto.
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