Alberto Fernández debutó ayer en la tarea más penosa que les toca a los jefes de Gabinete: rendir el informe mensual ante el Congreso. Fue el padecimiento de Eduardo Bauzá, Jorge Rodríguez, Rodolfo Terragno, Chrystian Colombo, Jorge Capitanich y Alfredo Atanasof, a quienes les fue siempre tan mal que en los últimos tiempos esa obligación constitucional dejó de cumplirse. El jefe de los ministros de Néstor Kirchner debió recoger las quejas de oficialistas y opositores por las primeras medidas del nuevo gobierno, que en el primer mes -entienden los legisladores, siempre celosos del tratamiento que creen merecerha hecho oídos sordos a sus inquietudes. Algunos peronistas, como el ubicuo Antonio Cafiero, amagaron con defenderlo de las pullas de un irónico Raúl Baglini, pero casi a reglamento, sin el énfasis de otras épocas con el oficialismo peronista. A. Fernández cumplió en defender a su gobierno y prometió enmendar errores.
Alberto Fernández esperaba un mejor debut ayer en el Senado, adonde debía rendir su primer informe como jefe de Gabinete. Lo hicieron trabajar escuchando un rosario de reclamos pendientes de los bloques oficialista y opositor.
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Hasta se permitió desmentir cualquier posibilidad de hegemonismo desde el oficialismo, y eligió un tono más que amistoso hacia los parlamentarios: Informate más
La sonrisa del ministro duró poco: se desdibujó cuando llegó el turno de las preguntas en vivo de los senadores, tras 40 minutos de informe. Allí le achacaron la intervención del gobierno nacional en elecciones del interior y la promoción de la esposa del ministro Ni siquiera la luna de miel que concita cualquier administración recién asumida amedrentó a la oposición, liderada por los radicales
A lo mejor,
Largó el mendocino, con su habitual tono florido, quien castigó con sutileza al funcionario y le recordó que
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