19 de enero 2007 - 00:00

Con demora, el Ejército admite bodas "mixtas"

No hay ningún caso denunciado, pero está prohibido el casamiento entre diferentes categorías tanto en la Armada como en la Fuerza Aérea Argentina. Sin nombres, una pareja de militares se atrevió a confirmar que hay más casos de concubinato como el de ellos, producto de la prohibición reglamentaria. Días pasados, la ministra de Defensa, Nilda Garré, resolvió dejar sin efecto la restricción que pesaba sobre los aspirantes a la carrera militar de tener hijos o adquirir esa condición en el transcurso de su permanencia en institutos de formación. La medida respondió a un caso testigo ocurrido en la Escuela Naval Militar.

Está bien revisar las normas de la permanencia e ingreso en las fuerzas. Pero valdría analizar en profundo el articulado que rige el mundo castrense más allá de la demagogia de coyuntura por tal o cual caso porque llegó a conocimiento público. ¿ Sabrá Garré que esos aspirantes o cadetes una vez recibidos no pueden casarse con miembros de otras categorías, es decir oficiales con suboficiales?

  • Criterio

  • Los marinos y los aviadores militares tienen reglamentos de personal similares que ajustan la política de concesión de venias de enlace al siguiente criterio: no se autorizan casamientos entre personal militar de distinta categoría (oficiales con suboficiales) de la misma fuerza o de otra fuerza armada, de fuerzas de seguridad o policiales tanto en actividad como retirados. Esa normativa respondía a la necesidad de no vulnerar el rígido armado de la disciplina militar, pilar del paradigma de obediencia jerárquica. Y también a otras razones de índole laboral porque no es posible que una pareja preste servicios en un mismo destino y que uno de los consortessea superior o subordinado del otro.  

    A esta altura de la evolución de las relaciones sociales, la medida suena discriminatoria. Y eso que tanto Jorge Godoy, jefe naval, como Normando Costantino, titular de la Fuerza Aérea, organizaron sendos seminarios sobre derechos humanos alentados por el Ministerio de Defensa, prenda obligada si se quiere halagar la política de Néstor Kirchner.

    El Ejército Argentino tenía la misma reglamentación y fue dejada sin efecto en 2004 a través de una resolución del teniente general Roberto Bendini que se comunicó por radiograma Nº 061430JUL04 a todo el personal de la fuerza.

    Sorprendió Bendini con una medida de vanguardia. Ni Martín Balza, ese general -hoy embajador en Colombia- que creyó encarnar el modelo progresista dentro del Ejército, aunque le costó la inquina de un sector de los cuadros, tuvo la visión de modificar el pensamiento arcaico que regía los vínculos afectivos entre uniformados. La fuerza verde oliva tomó la delantera en el tratamiento castrense del vínculo afectivo entre hombres y mujeres. Hay razones estadísticas.

    En el Ejército, hoy, son más las mujeres aspirantes a oficiales (12%) que a suboficiales (4%), según datos de los últimos ingresos. De allí que podrían darse mayores oportunidades de enlace de oficiales femeninos con suboficiales. «Ordene mi coronel», podría ser la cariñosa voz de mando de un sargento (esposo) hacia su consorte, sueño del feminismo militante.

    Al cierre del Seminario Permanente de Derechos Humanos y Ciudadanía en el Contexto Democrático, de la Fuerza Aérea, el pasado 18 de diciembre, Garré había destacado: «Buscamos rescatar la condición igualitaria de ciudadanos y ciudadanas de aquellas personas que optan por la profesión militar», «el trabajo debe ser más profundo y requiere romper algunas barreras y preconceptos que fue posible detectar a través de encuestas y entrevistas realizadas durante el curso». Los sondeos no alcanzaron a detectar el veto matrimonial a hombres y mujeres de diferentes categorías. Hubiera bastado con una consulta a reglamentos públicos. El ministerio cuenta con una funcionaria, Ileana Arduino, nombrada coordinadora de derechos humanos se presume para velar por esos derechos, pero se agota en dobleces de la historia represiva de las fuerzas. Otros países con modelos castrenses más desarrollados, por caso Gran Bretaña, Francia, los Estados Unidos, España y hasta un miembro del Mercosur, Brasil, no ponen reparos a los matrimonios de categorías diferentes. La prohibición implica que un cabo, sargento o suboficial no puede pedir autorización para contraer matrimonio con tenientes, capitanes de navío, coroneles, comodoros (se entiende de distinto género) o cualquier otro grado de oficial ni tampoco lo pueden hacer con jerarquías equivalentes de Gendarmería, Policía Federal o Prefectura.Para el caso en que se insista, los reglamentos indican que el personal militar superior debe pedir la baja para dar curso a la autorización. Más aún, los infractores que se casen a pesar de la prohibición pueden ser castigados con sanciones disciplinarias previstas en el Código de Justicia Militar.

    Resultó imposible hacer una estadística de cuántas bajas hubo por la vigencia de esa prohibición porque no existen registros oficiales. Además, no hay espacio para el reclamo ya que la norma es conocida y aceptada por cada miembro de las fuerzas en el momento del ingreso a la institución.

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