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11 de agosto 2006 - 00:00

Cristina presionó a radicales con trenes

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Cristina Kirchner, en el recinto del Senado. Denunció que el radicalismo aceptó aprobar el acuerdo del Estado con Ferroexpreso Pampeano por presión del Grupo Techint.
El senador radical Gerardo Morales, un jujeño que se caracteriza por encabezar las críticas de su bloque al gobierno, protagonizó en la sesión del miércoles pasado un cruce memorable con Cristina Kirchner por la forma en que se trata en el Congreso la renegociación de contratos con privatizadas. El episodio estalló, en realidad, cuando Cristina acusó a los radicales de aceptar la ratificación del contrato de Ferroexpreso Pampeano por ser el Grupo Techint uno de los accionistas de ese ramal, cuando la UCR se había opuesto a la revisión de las otras concesiones.

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Habló la primera dama del «poder» de ese grupo y muchos interpretaron que ese manto de sospecha que desplegó en el recinto también se asentaba en la relación entre Roberto Lavagna y Techint. El radicalismo, por boca de Morales, reaccionó y hasta osó cuestionar la sapiencia de Cristina en esos temas, algo que terminó disparando la ira de la senadora.

Todo el episodio, por si faltara algún elementomás, se desarrolló en medio del discurso de cierre de debate de Jorge Capitanich, al que no le quedó otro camino que aceptar las interrupciones que se cruzaban entre Cristina y Morales, casi como si él no existiera.

Más tarde, en la sesión de Diputados, Techint volvió a ser protagonista cuando el arista Adrián Pérez pidió el tratamiento del acuerdo de renegociación para que no quedara aprobado por «sanción ficta», como sucedió en la Cámara baja con los 18 contratos anteriores, y María América González protestó por «premiar» a una empresa con un acuerdo definitivo y no provisorio como las demás empresas. Esos premios son una costumbre en el Estado, que reconoce muchas veces diferencias a favor de la empresa, por ejemplo, por terminar una obra antes del tiempo comprometido.

  • Diferencia

  • Lo curioso del debate del Senado del miércoles pasado es que tanto el kirchnerismo como el radicalismo estaban de acuerdo en aprobar la renegociación de Ferroexpreso Pampeano. La diferencia sólo estaba en los fundamentos de cada dictamen. Esas diferencias, además, eran mínimas. Por ejemplo, el oficialismo incluyó recomendaciones al gobierno sobre la política ferroviaria por seguir, y la UCR recalcó que, si bien el debate de fondo era sobre el modelo ferroviario, la Comisión Bicameral de Seguimiento no estaba habilitada a asesorar.

    Por esos caminos transcurría la sesión del Senado cuando Capitanich tomó la palabra como miembro informante para cerrar el debate. Sin demasiada explicación, Cristina le pidió una interrupción, que nadie se atrevería a negarle:

    «En realidad, todos sabemos que es la primera vez que la Comisión Bicameral en pleno aprueba una renegociación de contrato. Sugiere -mejor dicho, lo dice en forma expresa, absolutamente expresa-», dijo la senadora en relación con una nota periodística sobre el tema, «que esto se debe al poder del grupo Techint. Parece ser entonces que lo que no sucedió con ningún otro contrato sí se dio con éste... A mí también me llamó poderosamente la atención que se haya dado por primera vez la unanimidad de la comisión, fundamentalmente de quienes son los representantes de la primera minoría y que siempre, absolutamente siempre, han votado en contra de todas las renegociaciones que acá hemos considerado».

    Relató después Cristina la historia de los acuerdos renegociados con empresas de servicios, cómo actuó la oposición en cada uno, y volvió a poner énfasis en el «poder de Techint» para que este acuerdo fuera aprobado también por la oposición.

  • Desconocimiento

    Frente a esto, Morales reaccionó y, como si Capitanich no existiera, se le dio la palabra para continuar interrumpiendo su discurso. Comenzó con una frase que pocos se animarían a decir en el Senado: «Señor presidente: a veces, opinar sobre temas que no se conocen lleva no sólo a equivocaciones, sino a decir cosas que no se ajustan a la realidad», dijo respecto de las palabras de Cristina.

    Explicó luego para justificar el apoyo radical al contrato de Ferroexpreso que «no es cierto que el proceso de renegociación de este contrato sea igual a las renegociaciones de otros contratos... Lo que acaba de decir la señora senadora preopinante se asienta en un desconocimiento total del asunto».

  • Primer caso

    El argumento se fundamentó en que: « Estamos ante el primer caso de una renegociación definitiva; una de las observaciones centrales en los casos anteriores se vinculaba al hecho de que eran renegociaciones parciales», dijo Morales. «La segunda cuestión central es la correspondiente a las demandas ante el CIADI. En los casos anteriores que merecieron la objeción del bloque de la Unión Cívica Radical, había suspensión de las demandas ante el CIADI. Sin embargo, parece que la senadora preopinante andaba de paseo y no escuchaba las objeciones de nuestro bloque. Nunca compartimos el criterio del Poder Ejecutivo, que hoy sí se cambia, en relación con el tema de la suspensión de acciones ante el CIADI. Este es el primer caso en el que se plantea expresamente la renuncia a las acciones ante el CIADI. Esto, como tema central, es básico.»

    Capitanich intentó luego retomar su discurso -de hecho, los anteriores se habían hecho interrumpiéndolo-, pero Marcelo López Arias otorgó nuevamente una interrupción, esta vez al socialista Rubén Giustiniani, quien pidió autorización para abstenerse de votar por no contar con toda la información del caso.

    Ya como si se tratara de una comedia de enredos, Morales le pidió a Giustiniani volver a tomar la palabra. Técnicamente, estaba interrumpiendo a un senador que había interrumpido a otro, Capitanich, que ya nadie recordaba que estaba en uso de la palabra.

    Después de discusiones, Morales volvió a intervenir, esta vez, para quejarse de la falta de presupuesto en su comisión para funcionar, al punto que no contaban con recursos ni para hacer fotocopias.

    Cristina no podía perdérselo: «¿Me permite una interrupción, senador Capitanich?», arrancó, y el chaqueño no pudo negársela nuevamente. «En un cuerpo de 72 senadores, como éste -o la Cámara de Diputados, que cuenta con 257 miembros-, es imposible sacar miles de fotocopias, multiplicadas por 72 senadores o por 257 diputados. En consecuencia, el argumento de la imposibilidad de funcionamiento o de información por el tema de las fotocopias realmente lo considero una falta de respeto institucional», dijo Cristina Kirchner en sus razonamientos.

    Un rato más tarde, Capitanich pudo hacer uso de la palabra y consiguió aprobar el contrato de Ferroexpreso Pampeano, un tema sobre el que todos habían estado de acuerdo desde antes del inicio de la sesión.
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