12 de marzo 2004 - 00:00

Cristina sancionó que con el PJ no alcanza

El jefe de Gabinete de Ministros, Alberto Fernández, en el momento en que presentó a Cristina Fernández de Kirchner en Parque Norte, inaugurando el Encuentro de la Militancia.
El jefe de Gabinete de Ministros, Alberto Fernández, en el momento en que presentó a Cristina Fernández de Kirchner en Parque Norte, inaugurando el Encuentro de la Militancia.
Cristina Fernández de Kirchner, al declarar abierta la jornada de «reflexión y debate para un país en serio», realizado ayer en Parque Norte, pareció extender el certificado de defunción al Partido Justicialista. Afirmó que «el peronismo no alcanza para explicar el país del presente». En el acto hubo cerca de cinco mil militantes y recordó sin mencionarlo el 31 aniversario de la llegada de Héctor Cámpora a la Presidencia. Tampoco hubo una sola mención a Juan Domingo Perón y a Evita, y mucho menos a símbolos partidarios. Tampoco figuras partidarias de relieve, salvo la presencia de gobernadores como el misionero Carlos Rovira, el jujeño Eduardo Fellner y el chubutense Mario Das Neves, un concurso que se descartaba. El único gobernador que envió su adhesión fue el sanjuanino José Luis Gioja, de cuya provincia llegó el apoyo de varios sellos de goma internos.

Entre los primeros en arribar, debiendo esperar más de dos horas para escuchar a la esposa del Presidente, estuvo el secretario de Culto Torcuato Di Tella, lo mismo que el subsecretario general de la Presidencia y mentor del encuentro, Carlos Kunkel. Este último, lejos de aquellos encuentros que dieron origen al grupo «Calafate», entre quienes se contaban hombres como Oscar Tangelson, hoy segundo de Roberto Lavagna en Economía.

El Encuentro Nacional de la Militancia, como rezaba el cartel que presidió el mitin, recibió a delegaciones llegadas de todo el país, con hambre y atendidas con bandejas de dos sándwiches de milanesa, una manzana y dos alfajores, además de una gaseosa para poder bajarlos.

También algunos extrapartidarios que buscan un lugar bajo el sol de los Kirchner, como el frepasista porteño Abel Fatala y otro funcionario porteño, el ex vicegobernador bonaerense Rafael Romá, que ahora gracias a la transversalidad inaugurada pasará a integrar el movimiento que exprese «un nuevo pensamiento nacional y latinoamericano», como lo alumbró Cristina de Kirchner. Entre los asistentes, mucho ex Frepaso del ala izquierda -línea Eduardo Sigal-, vistos como «gorilas» por los peronistas más rancios.

Alberto Fernández
, cuya palabra había sido anunciada para abrir el acto, se limitó a pedir un minuto de silencio por los caídos ayer en España en varios actos de estúpido terrorismo, presentando a continuación «a mi amiga», la senadora santacruceña. Esta tuvo que aclarar que no valía la pena recordar los sangrientos '70 -por obvias razones en un día negro para España-, pero señalando que «es malo dividir al mundo en buenos y malos». También que aspiraba a ser reconocida por su militancia y no sólo por ser la mujer del Presidente, «que ya forma parte de mi currículum», lo que provocó risas generalizadas y aplausos de las mujeres.

Un capítulo aparte fue protagonizado por la tropa del locuaz piquetero Luis D'Elía.

Ingresaron tarde, cuando la mayor parte de los asistentes estaba sentada, a los gritos y coreando «aquí lo ve, aquí lo ve, es la gloriosa efetevé», en alusión a la piquetera Federación de Tierra y Vivienda. Desentonó mal. Su ruidosa presencia provocó la reacción de los llegados del interior -generando la única expresión del folclore peronista-, que los taparon cantando con fervor la marchita, que terminaron coreando todos.

• Inclusión

Tan evidente resultó la ausencia de menciones y símbolos peronistas que José Pampuro tuvo que salir a decir que el peronismo «está totalmente encolumnado detrás del presidente Kirchner», aclarando que la transversalidad «incluye al Movimiento Nacional Justicialista». «El grueso del peronismo esta detrás del jefe de Estado», reiteró el ministro duhaldista, que presidió una de las mesas de debate en el salón Azul.

Otros que se hicieron notar fueron unos 300 camioneros de
Hugo Moyano, cuyo jefe encabezó otra mesa de debate en el salón Blanco del complejo. Justo el lugar donde se encuentra una gigantografía de Armando Cavalieri, jefe del sindicato de Comercio, concesionario del lugar y víctima de los encuadramientos dispuestos en favor de los camioneros por el ministro de Trabajo, Carlos Tomada. La tardía llegada de los camioneros generó una congestión de tránsito monumental y la gente de seguridad se puso nerviosa, cerrando el corral donde estaba el auto que aguardaba a la primera dama y al Fernández porteño. Uno de ellos, con gesto descompuesto, pedía que enviaran la Guardia de Infantería. Una exageración.

Llegaron adhesiones de los vicegobernadores de Catamarca y Tierra del Fuego. Algún intendente del Gran Buenos Aires fue visto -de Moreno, Mariano West; y de La Matanza, Alberto Balestrini-, en tanto fueron leídas las de muchos sellos de goma que son alentados para la interna -o el nuevo partido-desde la Casa de Gobierno: Catamarca, Chaco, San Juan, Santiago del Estero, La Pampa, Tucumán, Córdoba, Mendoza, Santa Fe, San Luis, Misiones y Neuquén. Del conurbano no se observaron jefes territoriales, pero se escucharon apoyos llegados de Almirante Brown, Lanús, Lomas de Zamora, San Martín, Ezeiza, Vicente López, San Isidro -cuando se mencionó a Oscar Laborde, de Avellaneda, fue abucheado al grito de «¡ladrón!»-, Florencio Varela, Quilmes, San Miguel, San Fernando, La Matanza (Mercado Central), Tres de Febrero y Esteban Echeverría. Hasta «Pino» Solanas desde Berlín, envió su alborozado elogio por el regreso a los añorados '70.

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