Cristina y Randazzo entre la unidad y la ruptura: apuestas sin red
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El juego es a todo o nada y tanto cristinistas como randazzistas confían en sacar lo que necesitan.
Y asumen el riesgo: "No hay otra forma de sacarnos de encima a todo ese entorno".
El secreto, creen, va a consistir en encontrar el discurso justo para atraer una porción significativa de kirchneristas light, algo que, admiten, "no va a ser fácil". "Eso sí, de (Mario) Ishii ni vamos a hablar porque la polarización va a ser con Cristina". La tan deseada PASO debería ser entonces un simple trámite.
El cierre de alianzas que acaba de consumarse esboza escenarios pero no define el juego. Aunque en el flamante FUC nadie duda de que la expresidenta encabezará la lista como candidata a senadora, la falta de una definición explícita mantiene la tensión. Para los randazzistas, la tan mentada unidad solo depende de que ella se baje y le ceda a su exministro el liderazgo, posibilidad de la que hasta hace no muchas horas estaban convencidos (ya no).Ni siquiera aceptan compartir cartel; mucho menos aún mirarla desde abajo, con un primer lugar en la nómina para diputados. La "unidad" se convirtió en la cuadratura del círculo.
El problema que tiene la mesa chica del exministro es que la capacidad de daño potencial que le queda (impedirle a aquella un triunfo) no parece en la previa suficientemente concluyente como para convertir los deseos en realidad. Solo apuestan a un presunto de temor de la exmandataria de sufrir la primera derrota de su carrera.
Con todo, el "misterio" de Cristina sobre su postulación parece más bien el silencio atronador de la polémica que se desatará entre ambos sectores a partir del 24, cuando todas las cartas ya estén sobre la mesa.
Ambos se adjudicarán haber buscado la unidad y acusarán al rival de haberla torpedeado por obcecación individual. Cristina intentará mostrar en las urnas su hegemonía sobre el sector y, con el escrutinio zanjado, contrastar la disparidad entre las aspiraciones de su enemigo íntimo y su verdadero caudal electoral. Randazzo, en tanto, exhibirá todo lo posible el sello "PJ", no por los votos que aporte sino por lo que representa en términos discursivos: son ellos los que se fueron.
•El 22-O será, finalmente, de difícil lectura
Un nivel de análisis estará dado por quién sume más a nivel nacional, presumiblemente Cambiemos, que lleva una oferta propia en todos los distritos. El peronismo, en cambio, será imposible de sumar por marchar en sentidos opuestos en la provincia de Buenos Aires y en el resto del país.
Otro nivel estará dado por el resultado bonaerense, más importante que nunca y no únicamente porque en ese distrito se concentre casi el 40% del padrón. En es que allí jugarán, se supone, Cristina, Randazzo, Massa y María Eugenia Vidal, la verdadera candidata del oficialismo.
Un último escenario surgiría en caso de una victoria de Cambiemos: ¿quién surgirá de esa interna a cielo abierto como el futuro líder del peronismo bonaerense? Cristina ganará esa puja, se descuenta, con lo que pretende eliminar cualquier disidencia lo suficientemente relevante como para seguir discutiéndole el liderazgo. Randazzo, por su parte, pretende mostrar que ninguna opción ganadora en 2019 puede prescindir de él.
El juego es a todo o nada y tanto cristinistas como randazzistas confían en sacar lo que necesitan. Lo que necesitan para 2019.



