13 de abril 2009 - 00:00

Cruceros sin pilotos expertos

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de navíos ocurridos en el período de un año. Esos incidentes desnudaron en esta Reunión Consultiva el meollo: la oposición de intereses económicos de la industria turística y los de protección del ambiente sustentados por los países Consultivos y adherentes al Tratado. El problema radica en que gran parte de los operadores turísticos son de países Consultivos y emplean cruceros con bandera de estados no firmantes del Tratado. Cuando ocurre un siniestro, fue el caso del Explorer (de bandera Liberiana) que se hundió tras colisionar con un témpano, no hay herramientas jurídicas que permitan accionar ni reclamar por el daño al ecosistema.
El siniestro del Explorer impulsó varias propuestas. La Argentina y Chile buscan garantizar la expertise de los capitanes y de las tripulaciones para la navegación segura en aguas restringidas por hielos y bajíos que muchas veces no están cartografiados.
Se recomendará la realización de cursos de entrenamiento para navegar en la Antártida que ya se imparten tanto en la Armada Argentina como en la trasandina. En caso de que el crucero no disponga de un capitán adiestrado (dos años de experiencia antártica) se propondrá que en los navíos turísticos de gran porte embarquen «prácticos» (capitanes locales especializados en navegación por hielos). Y también la elaboración de una normativa que haga exigible a las naves turísticas el uso de localizadores satelitales y la comunicación periódica de la posición geográfica del buque en cuestión. Estos datos son vitales para planificar la búsqueda y el rescate luego de un accidente. Semanas antes de la cumbre en Baltimore los secretarios ejecutivos del Tratado Antártico en Buenos Aires, Johannes Huber, y del Consejo de Representantes de Programas Nacionales Antárticos, Antoine Guichard, visitaron la Base Naval de Puerto Belgrano. Querían interiorizarse de las actividades que lleva a cabo la Armada en tareas de búsqueda y rescate (SAR), verificar in situ en qué condiciones estaban los buques y los sistemas asociados (comunicaciones, logística, nivel de apresto, etc). Ninguno desconoce el impacto que hizo el recorte de Presupuesto (más del 20 por ciento) en el nivel de operatividad de la fuerza.
«Los países miembro del Tratado Antártico están preocupados por el creciente tráfico en la zona de la Antártida, por lo que el trabajo SAR es un tema muy importante durante las reuniones que realizamos», explicó Huber. La mayoría de ellos no están ubicados cerca del territorio antártico y la responsabilidad recae entonces (por proximidad geográfica) en dos: la Argentina y Chile. Los otros con jurisdicción SAR en la Antártida son: Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica.
Estados Unidos impulsa la iniciativa de limitar el tamaño de los buques turísticos que visiten el continente helado y aumentar los estándares de seguridad de los botes salvavidas de los cruceros. El riesgo mayor está en los supercruceros que además no tienen el casco reforzado que les permite soportar el impacto de un témpano. Las estadísticas de la Asociación Internacional de Operadores Turísticos Antárticos (IAATO, acrónimo en inglés) que participa como observador en las deliberaciones de Baltimore, muestran que el número de turistas que visitaron el continente blanco, por mar o por aire, ascendió de 6.704 en la temporada 1992/1993 a 67.000 pasajeros en la temporada de 2007-2008.
La Organización Marítima Internacional (OMI), organismo de las Naciones Unidas radicado en Londres que elabora medidas relativas a la seguridad marítima, emitió una recomendación reciente que atizará el debate interno entre los países del Tratado y los operadores turísticos. Se trata de la prohibición de usar combustibles pesados, sea para el consumo de los motores de propulsión o el transporte en aguas antárticas. Es una forma de mitigar el daño ambiental si hay un incidente con escape de hidrocarburos al mar.

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