Cuando hay víctimas recordables y víctimas olvidables no hay ética en la recordación
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De los dos males que se enfrentaron con alevosía en los años '70, entonces, debe ser más culpable, en juicio justo, la represión, por lo expresado y porque agravó su accionar con algo incalificable humanamente por su perversidad y casi un «argentinismo» en revoluciones: apropiarse de los hijos del adversario muerto o desaparecido, que es lo mismo. Sólo el nazismo actuó peor porque también exterminaba a los vástagos por la demencia de «preservar la pureza de la raza superior».
Pero de ninguna manera son distintas, en justificación, las víctimas de esos años '70. Un arrojado al mar no gozó de juicio justo pero tampoco lo tuvo un simple policía asesinado en la calle para arrebatarle el arma y que el terrorista asumiera así su primera «prueba de compromiso con sangre» con el grupo subversivo.No hay diferencia entre la matanza de Trelew de guerrilleros y dos decenas de muertos civiles, ajenos a todo, por una bomba despiadada cuando esperaban en el Departamento de Policía para renovar sus documentos personales. No la hay entre 60 subversivos muertos en el ataque al cuartel de Monte Chingolo y 70 militares asesinados por el terrorismo en plena democracia antes del golpe de 1976.
Finalmente no hay diferencia, como ya dijo este diario, entre el asesinato de dos hijos de la Sra. Hebe de Bonafini y el de la pequeña hija de 3 años por un balazo certero cuando estaba con su padre, el capitán Humberto Viola, que también murió y le hirieron gravemente a otra hija de 5 años.
• Injusticia
La recordación el viernes pasado del 24 de marzo de 1976 hasta que se interrumpió con agresiones entre participantes tuvo la enorme injusticia de invocar sólo las víctimas de un lado, el de los subversivos, con una parcialidad histórica lamentable. El único reconocimiento por barbarie que tuvo esa pequeña
María Cristina Viola inmoladaa los tres años vino hace dos años del guerrillero Gorriarán Merlo del ex ERP al ser liberado. Azuzado por un periodista respondió sobre esa muerte: «Fue un error», no agregó ni un solo adjetivo como «doloroso», «desgraciado», «angustioso». ¿Y quién cree que fue «error» si una niña de 3 años y su hermana de 5 son bien visibles en el auto modesto de su padre al momento de dispararle a éste por sorpresa. Peor aún, lo atacan con dos autos el 2 de diciembre de 1974, en plena democracia y cuando no había aún excesos en la represión. Y lo ultiman cuando, desesperado y herido, saca a su hija moribunda del Citroën. Hubo más culpa del Estado en los '70, hubo víctimas de la subversión sin Justicia y han sido recordados hasta la saturación como si ninguno hubiera empuñado armas y derramado sangre. No hubo mención, en cambio, para las víctimas de los subversivos. No hubo objetividad de prensa, televisión, funcionarios, políticos ni artistas. Por eso, representado los olvidados «del otro lado» en la referencia a esa niña se los puede salvar del silencio injusto de estos días. Publicamos recortes de prensa de aquella época y del horroroso crimen. Hubo otros muchos.




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