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Nuestro presidente habló tarde y con deudos con el sistema que usa con políticos que es que ministros los reciban en sus despachos y él llega después como de visita al lugar (lo hizo así en el despacho de Aníbal Fernández, el funcionario del gobierno nacional con actuación más destacada y sensata en esta tragedia cuando salió, primero a dar la cara, y luego recorrer los hospitales con heridos junto con Eduardo Luis Duhalde y el cardenal primado de la Argentina, monseñor Jorge Bergoglio). Haber permanecido en el Sur, reunido con su esposa Cristina, y el miembro del minicentro del poder, Carlos Zanini, tratando temas políticos, es durísimo para la opinión pública interna y externa. Fue un error, un atemorizamiento que deja dudas y no puede ser culpable de señalarlo la prensa. Si hasta los deudos escribían en las aceras «¿Kirchner dónde estás?».
En caso de no acudir y no hablarle a la sociedad a tiempo no importa si el mandatario estuviera en Punta del Este, Santa Cruz o Estados Unidos. El presidente de Israel, para dar sólo un ejemplo, interrumpió un viaje a la Argentina por el fallecimiento de su archienemigo Arafat. Y aquí hubo una masacre de 187 víctimas, casi como en el atentado de Atocha, en España, que aún se discute. Simplemente Néstor Kirchner no tiene repentización y cuando sucede lo que no imaginó se retrae. Lo hace permanentemente ante Lula da Silva porque no se mueve dentro de lo que él suponía. Peor aun si el hecho sorpresa es capaz -en su suposición-de afectarlo políticamente, algo que tiene más afectación en Kirchner que en cualquier político que se recuerde en varias décadas en la Argentina.
La prensa -de aquí y de afuera- tuvo que reflejar una ausencia que se hacía notoria. Esto de que el periodismo se mueva por carriles distintos de lo que el elenco oficial considera « información y temas de tapa» es otra característica bastante insólita del presidente de la Nación. Pero no hubo aquí crítica desproporcionada al hecho.
Salvo, quizás en dos circunstancias. Una es que Néstor Kirchner irrita en el exterior por muchas actitudes pasadas y cualquier traspié suyo enseguida lo refleja la prensa mundial, sobre todo la española, como una especie de revancha.
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