Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner se reunirán hoy por la tarde con la intención de corregir algunos desajustes de la campaña electoral. Les gustaría, seguramente, hablar de la orientación del discurso, el cronograma de actos, el armado de un eventual gobierno futuro. Pero, antes, deberán tratar otras urgencias, entre ellas, la guerra desatada en La Matanza entre un sector del PJ fiel al Presidente, enemistado con seguidores del candidato. El problema lo llevó a la mesa de Duhalde el intendente local, Alberto Balestrini, a quien los acólitos de Kirchner, encabezados por el senador provincial Rubén Ledesma, acusan de alentar una batalla a tiros de escopeta entre punteros de uno y otro bando. Es la épica del conurbano.
La charla que protagonizarán hoy Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner, si es que se encuentran, como estaba previsto, al caer la tarde, no versará sobre estrategias discursivas, horizontes programáticos o tácticas de marketing político para mejorar la perspectiva del candidato oficial. La conversación versará sobre cuestiones menos ambiciosas. Hablarán de dos batallas, la de Rafael Castillo y la de González Catán. No son efemérides ni sucesos que merezcan alguna conmemoración. La épica del conurbano es casi doméstica: en esas dos localidades, seguidores de Duhalde se enfrentaron a los tiros con fieles de Kirchner. Pintadas superpuestas, ambiciones encontradas mientras se cerraban las listas, tal vez nada del otro mundo. Si no fuera porque en los tiroteos un chico casi pierde un ojo y porque desde la intendencia Alberto Balestrini acusa a los «lupinistas» de algunas actividades que la ley no perdona.
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Importan estos episodios porque, además de poner de manifiesto los modales violentos y marginales que adopta la política en algunos rincones de ese laberinto urbano que es el Gran Buenos Aires, exhiben una contradicción entre duhaldistas y amigos de Kirchner que se reproduce de manera más elegante en otras escalas. El Senado, donde se discutirá la situación de Luis Barrionuevo, es uno de esos escenarios con frontera caliente entre los socios.
En La Matanza todo comenzó con la pelea entre Ballestrini, el intendente, un duhaldista con ínfulas de centroizquierda que soñó en su momento secundar a Kirchner en la fórmula. Quién iba a decir que sería él quien plantearía las primeras quejas contra el patagónico, como hizo en la quinta de Hugo Toledo el domingo, durante la reunión de Duhalde con sus coroneles del distrito. El intendente puso la mira en el senador provincial Rubén Ledesma. Este dirigente es un admirador de Fidel Castro y está acusado por Ballestrini de algunas opacidades peligrosas. Es el secretario general del gremio mercantil, de Armando Cavalieri, con quien estuvo siempre enfrentado. Desde hace tiempo representa a Kirchner en la zona; levantaba esa bandera cuando todavía el santacruceño era un alma en pena que deambulaba por el conurbano sin que el duhaldismo descubriera sus virtudes. En esa fe Ledesma tenía pocos acólitos, entre ellos el concejal Raúl Mathiú, dirigente de SMATA también enfrentado a Ballestrini.
Desde las primeras horas de la adopción de Kirchner por el duhaldismo, Ballestrini comenzó a pedir que el candidato «sacrifique» a estos fundadores de su corriente para sumarlos a la dirigencia establecida en la comuna. Es lógico, el alcalde de La Matanza está harto de que en niveles superiores pacten con quienes lo enfrentan en la localidad. Pero Kirchner no dio ninguna señal al respecto, sobre todo desde que se notificó de las trifulcas de González Catán y Rafael Castillo. El senador Ledesma acusó delante de Kirchner a Ballestrini de operar a través de los concejales Jorge Silva y Armando Lizarraga de presuntamente haber mandado agredir a su gente con matones de la villa San Petersburgo, un rincón impenetrable de la zona. «Nos atacaron con escopetas y palos», se quejó Ledesma, con un estupor poco habitual en un sindicalista, supuestamente adaptado a la tosquedad de algunos modales. Como casi todas las historias de la zona, ésta también terminó en el Mercado Central. El informe que le pasaron a Kirchner y que se discutirá hoy en la mesa de Duhalde habla de un director de esa organización llamado Manuel Fresco quien junto a su hermano estaría entre los enemigos de Ledesma (un chistoso decía anoche que ese hermano de Fresco es aquel «Batata» que ganó fama con algunas tropelías en la Rural, también proveniente de ese mercado).
• Conflictiva
La convivencia entre las -llamémosles así- bases bonaerenses de Duhalde y Kirchner se ha tornado conflictiva en más de una localidad (Hugo Curto fue denunciado por el representante del candidato en Tres de Febrero) y por eso el problema será discutido hoy en la instancia presidencial. Se trata, es cierto, de temas microscópicos en comparación con los que provocaron los primeros desajustes en el grupo, cuando Kirchner pedía la renuncia de Jorge Matzkin y Miguel Angel Toma. Pero para Ballestrini, quien reclamó la mediación del Presidente, son disputas cruciales. El está cansado de ver cómo se agasaja a sus enemigos en niveles superiores del duhaldismo. Ya le sucedió con el piquetero Luis D'Elía, también surgido del distrito, que ahora pacta con Duhalde el vaivén del conflicto y el acuerdo con el gobierno por más que algún día se escribirá el papel que le cupo al intendente Ballestrini en el origen del movimiento piquetero.
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