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18 de febrero 2008 - 00:00

De la borocotización a la lavagnización

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El deterioro de la calidad institucional de la Argentina se profundiza. Aquel hecho menor, pero indignante, que significó que un candidato a legislador recién electo y antes de asumir pasara de un partido opositor al oficialismo hoy se ve potenciado en la máxima expresión. Un competidor en la carrera a la Presidencia de la Nación, que generó una alternativa y despertó una esperanza, a punto tal de abortar una segunda vuelta, sin mediar razón pasó de la noche a la mañana a ser parte cercana de sus acérrimos denunciados por actos de máxima gravedad.

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Los acuerdos constituyen, sin duda, la base de la política. La búsqueda de escenarios amplios que ensanchen la sustentación de los gobiernos es objetivo central para la convivencia social, siempre que éstos estén subordinados a un programa y unos métodos aceptables. Pero nunca la corrupción estructural en las entrañas mismas de un régimen permite arrimarse a quienes fueron la cabeza de las denuncias. A quienes construyen el contrarreino de nuestros ideales y valores.

La política K de construir sobre el criterio de dirigentes rentados está lejos de la ideología y mística popular. Nada de esto tiene que ver con el peronismo.

La borocotización fue una cuestión que nos indignó, pero un acto superlativamentemás grave, como es la lavagnización,suscita un repudio generalizado. Pareciera que esta práctica, junto con la ideología de Antonini Wilson, se ha transformado en la esencia de la política K.

Es útil recordar a sor Juana Inés de la Cruz, quien en su disyuntiva de condena a unos u a otros dice: «... a quién más has de culpar, a quien peca por la paga o a quien paga por pecar...». Sería absurdo aceptar la máxima del régimen K: «una traición no se le niega a nadie». Queda para la explicación si es posible a estas alturas y responsabilidades equivocarse de tal manera.

Lo cierto es que más de 3 millones y medio de personas, con un perfil intransigente para con el régimen K, se ven hoy ante la realidad de que su voto fue a parar precisamente al lugar donde ellos ni soñaban. La consecuencia es indignación, el repudio de la política y de los políticos. Aun más doloroso para el país, pues se consagra la legitimidad del principio que todo vale.

Desde el peronismo siempre pensamos que la mejor terapia es el nivel salarial con justicia social, lo cual permite profundizar la educación, que es el camino hacia la libertad, que trae calidad institucional y vida democrática.

Posiblemente esto indignante sea sólo una estrategia K de cortina de humo, que oculta males como la inseguridad, la inflación que devora el salario y la inoperancia del gobierno. Pero las cortinas de humo, la soja y la suerte no alcanzan para tapar la verdad.

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