Deslumbrante, según el juicio de expertos de la izquierda erótica como el dueño de casa, estuvo Ségolène Royal a mediodía del domingo en el asado que ofreció Aníbal Ibarra en su casa de Villa Ortúzar. Entre dirigentes del socialismo como Raúl Puy (línea kirchnerista) o la candidata Susana Rinaldi -la única presente que habla francés fluidamente-, buena parte del almuerzo se fue en explicaciones sobre cómo se ha dividido ese partido en la Argentina. Un sector -le explicaron- jugó con el gobierno, otro le pone vice a Carrió y un tercer sector, Binner, hace neutralismo pro Kirchner. Uno, con agenda que atrasa, le preguntó si lo iba a visitar a Alfonsín, santuario recorrido por cuanto socialista internacional visita estas orillas. «¿Por qué?», dijo abriendo los ojos. Nadie repreguntó.
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Ella se distendió, tomó sol, recorrió con el tenedor la parrilla que manejaba el propio Ibarra, se tendió en la reposera y desplegó encantos que los asistentes no olvidarán. No se resistió a ninguna de las achuras que le ofrecieron -de la parrilla, claro-, que es en donde los extranjeros muestran resistencia (el chinchulín y la tripa gorda, por ejemplo) y se mostró bastante enterada de los dramas políticos de Ibarra, se solidarizó con él y se dijo atenta a todo lo que pasa en la Argentina.
La quisieron llevar a preguntas indiscretas sobre el divorcio de Nicolás Sarkozy, pero ella eludió todo, dijo que son problemas de Estado y que ella también tiene lo suyo (viene de un divorcio estridente con un alto dirigente del PS francés). Estaban también los legisladores electos Gabriela Alegre y Eduardo Epzsteyn.
La visita de Ségolène la organizó una secretaria del PS francés con la que tiene relación Marcelo «Maiky» Gorosito, «cancillera» de Ibarra en la intendencia que sigue trabajando con él. También intervino, como lenguaraz, Martín Deira, hijo del pintor Ernesto Deira, que vivió y falleció en París. Ese joven es el jefe de informática de Ibarra, vivió en Francia y sirvió de traductor. Ségolène, en realidad, viajaba a Chile a una reunión con Bachelet y la hicieron pasar por Buenos Aires para darle una mano a la CTA en el pedido de personería y sacarse una foto con Cristina de Kirchner, que le sirve mucho a ella por su querella con los socialistas de su país. Es lo que vino a buscar en esta gira, una notoriedad que allá no tiene.
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