Los principales hombres del gobierno, encabezados por Fernando de la Rúa, debatieron ayer durante buena parte del día sobre la mejor manera de desviar la campaña electoral de la discusión sobre la devaluación de la moneda en la que parecía ayer estancada. Anoche este problema fue el tema principal de la comida que ofreció el Presidente a Rafael Pascual y un grupo de diputados oficialistas, de la que participaron también Chrystian Colombo y Domingo Cavallo.
Allí se analizó la estrategia que adoptará el gobierno para sobrellevar lo que falta hasta el 14: polarizar el debate fiscal con los gobernadores del PJ y sacarlo de los riesgosos pronósticos cambiarios.
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A contramano de las informaciones más sofisticadas que circulan por el mercado -que hablan de que funcionarios del gobierno analizaron en Estados Unidos un programa de dolarización como eventual desenlace de una crisis más aguda- varios protagonistas de la contienda electoral contribuyeron para que el proselitismo se contaminara con la discusión cambiaria. Desde Rodolfo Terragno, al asegurar que pretende el reemplazo de Cavallo después del 14 de octubre, pasando por Gustavo Béliz, denunciante de un «pacto devaluatorio» para llegar a Hugo Moyano, quien reveló ayer que le había sugerido al Presidente, en la última comida que compartió con él junto a otros sindicalistas, que debía salir de la convertibilidad (lo informó este diario el lunes en Charlas de Quincho). De la Rúa amplificó la información del camionero desmintiendo que fuera a tomar ese camino y demostró su candor político: después de lo que le sucedió a Alberto Flamarique con Moyano y su «Banelco», el Presidente debe ser de los pocos dirigentes que admite sentarse a comer y dialogar con el sindicalista sin un grabador que registre lo que se dijo.
Colombo, Nicolás Gallo, Cavallo, en distintas ocasiones y con argumentos diferentes, analizaron con De la Rúa en Olivos cómo despejar esa temática, a la que le imputan en buena medida la suba en el índice de riesgopaís y el nuevo enrarecimiento del clima económico (inclusive da la impresión de que prefieren atribuir todo a ese factor y no tanto a la caída de recaudación que se verificó en el último mes). Gallo, por ejemplo, sintonizó con el hilo que seguirá el Presidente cuando hable hoy en la inauguración de nuevas obras del Aeroparque metropolitano: allí acusará los rumores de devaluación a quienes quieren ganar plata a costa de la estabilidad de la economía y pronosticará, claro, que perderán dinero.
• Procesalista
En la intimidad, De la Rúa se enamora de otro razonamiento: «En estas elecciones no se elige un nuevo presidente, tampoco un plan económico ni un supersenador que armará un nuevo gabinete (obvia referencia a Terragno); se eligen legisladores que formarán un cuerpo colegiado del que surgirá la voluntad del Parlamento, no la del Ejecutivo». Como se ve, más procesalista que nunca.
Cavallo, por su lado, asoció la necesidad de calmar las expectativas del mercado con su guerra contra Elisa Carrió y atribuyó buena parte de la inquietud reinante a las opiniones del economista Rubén Lo Vuolo, quien aconseja salir de la convertibilidad (Lo Vuolo se está haciendo fama de ser más improvisado que su precursor Arnaldo Bocco y eso lo convierte en un caso a ser observado «per se»).
Colombo, en cambio, apostó de nuevo a su método de «atención personalizada», con el que consigue bastantes éxitos. Se comunicó con Eduardo Duhalde y consiguió que el ex gobernador hiciera una declaración pública contra la devaluación, igual que la que hizo Terragno. Después recorrió el espinel de los gobernadores peronistas, tratando de calmarlos en su inquietud fiscal. Ayer esos mandatarios hicieron una especie de declaración de guerra adelantando, sin demasiada convicción, que harán votar en el Senado a un presidente provisional del PJ, lo que ubicaría a ese partido en el segundo lugar de la sucesión presidencial. No debería sorprender que Colombo contraataque descalificando la manera en que esos mandatarios administran sus distritos. Tal vez sea una imputación deliberada: la polémica con el PJ dejaría de lado a Carrió y a Béliz y quitaría la discusión del eje «devaluación sí o no».
De la Rúa escuchó los consejos de estos colaboradores inmediatos y siguió también de cerca los datos que le aportó Adalberto Rodríguez Giavarini sobre otro de sus desvelos, la situación internacional. El canciller le transmitió, por la línea secreta que comunica al Presidente con sus ministros, las pruebas que exhibe Estados Unidos para acusar a Bin Laden por los atentados del 11 de setiembre. Se los acababa de entregar el segundo de la Embajada de los Estados Unidos, en un ritual que ese país desarrolló ayer en las capitales de todos sus aliados. Casi al mismo tiempo se enteró de lo mismo Carlos Corach, quien visitó ayer a Giavarini y alimentó así otra vez la versión de que el gobierno lo pretende su embajador en París para después de diciembre próximo. Por lo menos.
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