De la Rúa, como Alfonsín y los militares, dictó estado de sitio
Ante los saqueos en 5 provincias -por hambre y necesidad de algunos participantes, por vandalismo aprovechador de la mayoría- el gobierno dispuso el estado de sitio por 30 días Es la segunda vez en la democracia desde 1983, y ambos casos en gobiernos radicales. El problema que llevó al país a la actual crisis terminal es un mal de las políticas económicas y de los políticos que aun en pleno caos ayer seguían razonando mal, como liberar fondos bancarios sin un plan que evite la quiebra del sistema y traiga alguna confianza frente a un gobierno que la ha perdido totalmente. También echarle la culpa al bonaerense Carlos Ruckauf, que si bien siempre trató de desestabilizar para proyectarse hacia el caos, hizo mucho menos que las imágenes televisivas, por ejemplo. El estado de sitio era así inprescindible. La respuesta al discurso de De la Rúa fue un espontáneo y extendido cacerolazo seguido de piquetes por los vecinos de todos los barrios de la Capital Federal. A medianoche había 7 mil personas concentradas en Plaza de Mayo. Lo malo es que el gobierno no piensa en sus propias renuncias, hoy necesarias, sino en creer que a los 30 días o el día 91 en inmovilización de depósitos algo habrá mejorado sin plan, imagen o cambiar las expectativas con nuevos hombres. Ignorarlo será prolongar la sangría hacia males peores aún que los de ayer. Hubo 6 muertos.
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También la Carta Magna le pone límites al presidente al autorizarlo a declarar el estado de sitio en uno o varios puntos de la Nación, en caso de ataque exterior y por un tiempo limitado, con acuerdo del Senado. En caso de conmoción interior -agrega- sólo tiene esta facultad cuando el Congreso está en receso, porque es atribución que corresponde a este cuerpo. El presidente la ejerce con las limitaciones prescriptas en el artículo 23". El punto es de importancia porque -por canales informales- desde las Fuerzas Armadas se hizo conocer la inquietud de los militares de actuar sólo con el aval parlamentario a la luz de los juicios en los últimos años por presuntas violaciones a los Derechos Humanos que no fueron neutralizados por las leyes de Obediencia Debida y Punto Final revisadas, recientemente, por los jueces que pone de nuevo a los militares al borde del enjuiciamiento masivo.
Este cuadro de situación judicial fue analizado en reuniones informales en cuanta reunión castrense hubo en los últimos dos meses en prevención de estos episodios de desbordes sociales. Ayer, en esos medios, se les atribuía desorientación a la Policías Bonaerense por falta de apoyo político al tener que actuar como primera fuerza de choque en los asaltos a los supermercados. La estrategia represiva tiene tres instancias que comienzan a actuar a medida que van siendo superadas: las policías (provinciales y federal); las fuerzas de seguridad (Gendarmería y Prefectura) y Fuerzas Armadas.
En la Capital Federal y en las provincias afectadas por los disturbios se encontraban acuartelados todos los efectivos policiales al igual que Gendarmería y Prefectura. En el Ejército, los oficiales con responsabilidad de comando recibieron órdenes de no irse a sus domicilios, mientras que en los cuarteles se reforzaron las guardias de rutina. Sin embargo, hasta anoche, en el Estado Mayor Conjunto no se habían registrado denuncias de ataques contra alguna unidad militar.



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