(Especial de La Mañana de Córdoba) - Desde que el ex presidente Fernando de la Rúa llegó a la candidatura presidencial propuesto por la Unión Cívica Radical, integrante mayoritario de la Alianza con el Frepaso, se desvivió en tomar distancia y autonomía del caudillo bonaerense Raúl Alfonsín.
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No sólo él, también su entorno íntimo y particularmente su hijo Antonio de la Rúa vivieron obsesionados por la misma idea: el liderazgo partidario que se resumía en Alfonsín o De la Rúa.
Aseguran sus íntimos que el ex presidente comenzó a escribir sus memorias, único caso de un mandatario que se aboca a esa tarea a pocos días de haber dejado el poder, para explicar detalladamente el golpe institucional del que cree haber sido una víctima sin posibilidades de defensa.
Lo jugoso de la situación está referido al papel preponderante que De la Rúa asegura haber tenido Alfonsín en esos días críticos de conspiraciones e intrigas.
Los hombres que acompañan al expulsado presidente con la revuelta de Plaza de Mayo sostienen que el explosivo escrito detallará el acuerdo que Alfonsín labró con la paciencia de un orfebre con su antiguo amigo Eduardo Alberto Duhalde.
Para ello detallan las tareas de su espada preferida, Leopoldo Moreau, dedicado a esmerilar al ex ministro de Economía Domingo Cavallo con la finalidad de producir una catástrofe que se precipitaba por sí sola.
El delarruismo está convencido de que los saqueos iniciados en el cinturón industrial del Gran Buenos Aires y que rápidamente se extendieron con la voracidad de un incendio al interior del país y la Capital Federal, fueron fogoneados por la dupla Duhalde-Carlos Ruckauf.
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