De López Murphy al kirchnerismo
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El ex intendente neuquino entendía que la única manera de sacar al radicalismo del ostracismo político en que había caído después de la fracasada experiencia de Fernando de la Rúa era una renovación de los métodos y de las propuestas del centenario partido. Su manera de gobernar era más parecida al torbellino peronista que a la reflexión radical.
Sin embargo, Quiroga no es un cobista de la primera hora.
Conoció al vicepresidente cuando éste era ministro del gobernador de Mendoza Iglesias y después fue afianzando esa relación hasta integrar como secretario la mesa de conducción del radicalismo en la Concertación que preside Cobos y acompañan los gobernadores Saiz (Río Negro), Gerardo Zamora (Santiago del Estero) y Arturo Colombi (Corrientes).
Su asignación a la Cancillería fue producto de un pago menor por no haberlo -por parte de Kirchner- beneficiado con la senaduría por Neuquén pese a que Quiroga, luego de haber perdido ante el emepenista Jorge Sapag la gobernación de su provincia, seguía ostentando la mejor posición en las encuestas previas. Sin embargo, la necesidad de contar con adhesiones incondicionales le permitió al secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, imponer a Fuentes -cuyo logro más notorio en política es ser hijo de un ex ministro de Felipe Sapag en Neuquén- en desmedro de Quiroga.
No era la primera vez que Kirchner le fallaba a Quiroga pese a los esfuerzos del ex jefe de Gabinete, Alberto Fernández, por posicionarlo en los favores del principal habitante de Olivos. En plena campaña por la gobernación, al igual que a Miguel Pichetto en Río Negro, el entonces presidente se limitó a balconear la pelea entre Quiroga y Jorge Sapag por la gobernación de Neuquén. Es que el actual mandatario provincial también había hecho promesas de fe kirchnerista y de la mano de Guillermo Pereyra, poderoso pope gremial del petróleo, anudó alianzas con el ministro Julio De Vido y con las principales empresas del sector, con todo lo que ello significa para el planeta K.
En esa cadena de deslealtades, las sospechas apuntan a Parrilli. Las relaciones de Quiroga con el secretario general de la Presidencia nunca fueron buenas pese a que el radical K diga que él no vacilaría en apoyarlo si el « ayudante de campo» de la Presidente se postula para un cargo. Pero si Parrilli decide ir por la gobernación en 2011 -hace años que deshoja la margarita-, lo encontrará a Quiroga en la vereda de enfrente y en ese contexto la alianza de peronistas y radicales en Neuquén será sólo una ficción como ya lo es el ámbito nacional. Claro que cuidadoso de las formas sostiene que «no bajará, por ahora, a hacer campaña en la provincia».




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