De negro en la marcha blanca
Como salida de una cave existencialista, aunque medio siglo más tarde, Cristina de Kirchner marchó ataviada a lo Juliette Gréco por las calles de París. Un sueño retrospectivo -como los que intentan cumplir los Kirchner desde que están en el gobierno y como tratando de encarnar una biografía que no tuvieron- esto de caminar por París con gesto de protesta como ídolos que ya no están o duermen aburguesados en despachos públicos. Lo importante era hacerse notar, como otros criollos que buscaron fortuna en París (Gardel, Canaro, Borges). Por eso la Presidente se enfundó de negro pese a que la convocatoria en favor de Ingrid Betancourt pedía que todos fueran vestidos de blanco.
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Un sueño retroactivo: Cristina de Kirchner marchó ayer de elegante negro por las calles de París. Fue para pedir por la libertad de Ingrid Betancourt.
Las gestiones por ahora infructuosas por liberarla se perfilan como uno de los temas principales del encuentro de hoy entre Sarkozy, y su colega argentina, cuya visita a París concluirá esta misma jornada.
Cristina de Kirchner insistió en que «los derechos humanos deben prevalecer sobre toda otra cuestión» y, al final de la marcha ante la Asamblea Nacional (cámara de diputados), volvió a dirigirse al Gobierno colombiano para que « comprenda que deben cesar las operaciones militares para poder arribar a un final feliz en esta triste historia». La jefa del Estado argentino, llegó acompañada por Astrid Betancourt, hermana de Ingrid, por representantes de las Madres y las Abuelas de la Plaza de Mayo, y por el canciller Kouchner.
«Mi país, que durante muchos años sufrió del terrorismo de Estado, fue apoyado por el pueblo de Francia que hoy está aquí con nosotros». «En nombre de esa historia, en nombre de esa libertad, llamo a que liberen a Ingrid Betancourt», exigió la Presidente argentina.
«A todos los gobiernos latinoamericanos los llamo a que apoyen el canje humanitario, como lo están haciendo en la medida de lo posible, para superar todos los obstáculos que están impidiendo esta cuestión», declaró. «La libertad de Ingrid Betancourt es algo imperioso», urgió.
Uribe prometió suspender las operaciones militares en la zona donde debería operar la «misión humanitaria» enviada por Francia a favor de Betancourt, pero rehúsa desmilitarizar la vasta área de Colombia que reclaman las FARC para negociar un canje entre unos 40 rehenes y 500 guerrilleros encarcelados. Mientras, los terroristas afirman que ya no efectuarán liberaciones unilaterales de rehenes, y que, si se pretende la liberación de Betancourt, Colombia debe liberar a guerrilleros presos y EE.UU. a dos de sus jefes «Simón Trinidad» y «Sonia» oportunamente extraditados.
La misión humanitaria, organizada por Francia, España y Suiza, y su avión sanitario están varados en Bogotá desde el pasado jueves a la espera de que la guerrilla diga si puede llegar hasta Betancourt para dar atención médica a una mujer que corre «peligro de muerte inminente», según dijo Sarkozy.
«Hoy la gente nos preguntasi vamos a parar esta misión humanitaria», dijo el ministro Kouchner, y añadió: «No vamos a parar esta misión, no pararemos estas gestiones. No las pararemos nunca». Si las FARC no responden, «volveremos a empezar», aseguró el jefe de la diplomacia francesa al insistir en que es «sólo una etapa».
«Esperamos que sea la última, pero si no lo es, repetiremos todo eso», dijo Kouchner, quien consideró «un acontecimiento considerable» la presencia de la Presidente argentina y de representantes de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.
Carla Bruni Sarkozy, desde hace dos meses primera dama de Francia, se unió ante la Opera a las personalidades y comentó la «conmueve» «el desamparo» de los familiares de Betancourt. «Puedo decirles que mi marido no desistirá», afirmó la esposa del Presidente francés, quien ha hecho de la liberación de la rehén una de sus prioridades desde su llegada al Elíseo el pasado mayo.
Ante los participantes en la «marcha» agolpados ante la Opera, el hijo menor de Betancourt, Lorenzo, dijo: «Libertad para todos (los rehenes). Que estos gritos crucen el Atlántico para que mamá los oiga» y también «el presidente Uribe y las FARC».
Confiado en que «el mundo entero» no permita «lo que está pasando», su padre y ex marido de Betancourt, Fabrice Delloye, dijo que si Ingrid muere «en la selva», será la « muerte política» de la guerrilla, pero también será « responsabilidad» de Uribe.




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