El gobierno les puso ayer fecha a las elecciones de renovación legislativa de este año. Serán el 14 de octubre; es decir que se cumple -contra lo que algunos querían-con la orden constitucional de que los senadores sean elegidos dentro de los 60 días antes del 10 de diciembre. Con el anuncio se disipan, además, las fantasías de que hubiera desdoblamiento de elecciones para permitir jugarretas proselitistas o efectos de unos resultados sobre otros. La fecha fue sugerida por los jueces electorales, frente a la primera idea del gobierno de hacerlas el 21 de octubre, pero recordaron que se celebra el Día de la Madre. Tampoco podían ser el fin de se-mana siguiente (27 y 28) porque coincidirían con otro recuento, el que hará el INDEC con el censo nacional de población.
La elección a senadores y diputados nacionales será finalmente el 14 de octubre próximo. El calendario, que anunció ayer Ramón Mestre desde San Luis, deja de lado la posibilidad de un adelantamiento de la urnas como barajó el gobierno meses atrás, ya que estará al límite del plazo de los 60 días que restarán para la renovación de mandatos de la Cámara baja y la renovación total del Senado. Las elecciones se harán en forma simultánea en todo el país, otra decisión que abandona la idea de fechas distintas que también se había estudiado. Mestre aseguró que el decreto de convocatoria a elecciones lo firmará Fernando de la Rúa cuando regrese de su visita a los Estados Unidos y Canadá, y que la decisión sobre la fecha se hizo a partir de una sugerencia de la Cámara Federal Electoral, porque el 21 de octubre, como había pensado el gobierno, se celebrará el Día de la Madre, y eso dificultaría la realización de los comicios, creen, o la de la celebración familiar. El fin de semana siguiente (el 27 y 28 de octubre) se hará además el Censo Nacional de Población.
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Aunque aún hay un sector del radicalismo que querría abrir las urnas para encontrar un reemplazante de Carlos Chacho Alvarez, que sería Domingo Cavallo, el ministro del Interior no definió ese punto, más claramente admitió la idea de alianzas por distritos de acuerdo con los gustos provinciales. Cavallo mismo, con proposiciones de su propia tropa, alentó esa probabilidad de votar en octubre un candidato a la silla vicepresidencial que le gustaba ocupar, antes de ser ministro.
La purga que propició Alvarez del Senado, puja que abandonó con el cargo, lo dejó a él mismo fuera de juego, más la catarata de vaivenes que ocasionó al gobierno esa dimisión, colocan a la Alianza ante un delicado tejido electoral.
Para Mestre, el juego de la Alianza con el cavallismo se daría en Córdoba. «Creo que en el caso de la provincia de Córdoba puede haber alianza con Cavallo», reconoció el ministro. En cambio admitió que en otros distritos, Acción por la República sellaría pactos con el peronismo. En ese sentido, un sector de la UCR probaría una suerte de ley de lemas de facto. Esa ingeniería consistiría en convencer a Cavallo de que en diferentes distritos sume a la lista de senadores de la coalición y pegue su Ramón Mestre Carlos Chacho Alvarez propia boleta de diputados nacionales; con un sostén así, al gobierno nacional le podría sumar más, creen, bancas de las que cuenta como seguras. Al elegirse 3 senadores por distrito, la peor cuenta le da al aliancismo 24 butacas senatoriales y calculan que con las provincias que obtendrían mayoría, dos senadores, les augura superar un bloque de 30 integrantes.
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