27 de septiembre 2001 - 00:00

Desarrollan un antídoto contra el bioterrorismo

Washington (EFE) - El único antídoto contra el bioterrorismo es, hoy por hoy, una detección temprana de la amenaza, por lo que el Pentágono y varias universidades se han volcado a lograr una nueva generación de biodetectores avanzados. Aunque muchos expertos consideran «remota» la posibilidad de un atentado con armas químicas o bacteriológicas, la investigación de los sucesos del 11 de setiembre ha revelado que los terroristas estudiaron cómo dispersar agentes tóxicos o contagiosos.

Los servicios de espionaje de EE.UU. han identificado 24 países que poseen o desarrollan armas biológicas y cerca de 80 bacterias, virus y toxinas que podrían ser buscadas por los terroristas como arma. «Las amenazas a las que debe hacer frente hoy EE.UU. son muy diferentes a las de la Guerra Fría», según Frank Fernández, director de DARPA, la agencia de proyectos de investigación avanzada del Departamento de Defensa.

En su informe ante el Comité de Servicios Armados del Senado, el 21 de marzo de este año, el director de DARPA comunicó que la agencia estaba desarrollando «biosensores robustos, capaces de operar de modo autónomo, en tiempo real y con sensibilidad extrema a múltiples agentes».

Espectrómetros de masa miniaturizados, proteínas que pueden proteger contra toxinas peligrosas, detectores del ADN de los microorganismos y sistemas ópticos, fluorescentes y magnéticos para descubrir la presencia de toxinas se encuentran entre las nuevas líneas de investigación del Pentágono.

Convención

Pero la lucha contra la amenaza del bioterrorismo requiere también impulsar mecanismos como la Convención de Armas Biológicas y Toxinas (BWC) que se reunirá el próximo mes en Ginebra, ha señalado Christopher Aston, un experto del Centro Médico de la Universidad de Nueva York.

Aston sostiene que «poner la confianza sólo en las soluciones tecnológicas es, simplemente, ingenuo». Unos pocos gramos de esporas de bacillus anthracis, que provoca el carbunco, pueden infectar a miles de personas, pero los síntomas sólo aparecerían semanas después, según la Asociación de Salud Pública Estadounidense.

El carbunco (anthrax en inglés) es la amenaza más seria entre las 23 bacterias, 43 virus y 14 toxinas que identifica el Centro de Prevención de Enfermedades, CDC, como posibles armas del bioterrorismo.

El descubrimiento de un manual sobre cómo pilotear avionetas de fumigación en manos de Zacarías Moussaoui, detenido en agosto en Minnesota por su presunta vinculación con el terrorista Osama bin Laden, alertó a la policía federal (FBI) sobre la posibilidad de que intentara dispersar agentes tóxicos o peligrosos.

Tras los aviones de fumigación, las autoridades federales vigilan particularmente los camiones que pueden transportar productos peligrosos, susceptibles de ser utilizados por terroristas.

El secretario de Justicia,
John Ashcroft, informó ayer al Senado de la detención de varias personas que pretendían obtener permisos para conducir vehículos de transporte de materias peligrosas, lo que corrobora la tesis de la amenaza bioterrorista.

La actuación policial y la cooperación contra el terrorista son las únicas armas en uso contra esta amenaza, pero la futura serán los biodetectores, según el programa de defensa biológica de la agencia DARPA. Los biodetectores pueden romper, por ejemplo, las esporas de bacillus anthracis para extraer su material genético, determinar de qué tipo de organismo se trata y medir sus concentraciones.

En la actualidad, según Christopher Aston, se desarrollan tres tipos de biodetectores: bioquímicos, biológicos y químicos, estos últimos mediante espectrómetros de masa que pueden romper los aminoácidos de los agentes y comparar su estructura con la de otros agentes biológicos conocidos.

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