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Juan Rinaldi se abraza a la ministra de Salud, Graciela Ocaña.
Fue durante la jura del primero en la Superintendencia
de Seguros de Salud (SSS). Hugo Moyano, junto a Armando
Cavalieri y Andrés Rodríguez, siguió el acto desde la
platea.
El ex presidente, que recibió la semana pasada a Moyano en Olivos, está invitado a participar del Congreso de reelección del camionero como titular de la federación nacional que agrupa a los sindicatos del sector. Cerca de Moyano, afirman que Kirchner estará presente.
En el lenguaje tumultuario de los gremios, el jefe cegetista expondrá ante el patagónico su poder de fuego y, entre entendidos, le mostrará la capacidad de daño de su batallón de pecheras verdes para, llegado el caso, salir a la calle a gritar su enojo.
«Exitos Juan: tus amigos.» Las pintadas en los murallones porteños, encriptados para el peatón medio, saludaban la llegada de Rinaldi a la SSS luego de 48 horas frenéticas en las que el abogado lidió contra la voluntad manifiesta de su antiguo protector, Moyano.
Vueltas de la vida, mientras Rinaldi se abrazada sobre el escenario con Ocaña, en el «ring side» el camionero murmuraba con Armando Cavalieri, con quien pactó una tregua por la tenencia de afiliados, y Andrés Rodríguez, en cuyo gremio, UPCN, estalló la crisis que derivó en el fallo de la Corte contra el monopolio sindical.
Amistades cambiantes de la de la política. El «amigo» Juan tiene, ahora, otro motivo de tensión con Moyano: sigue vacante el manejo de la APE, que él dejó desierto, y la discusión se centra en si ese lugar lo designará el abogado o si lo pondrá el camionero.
Es un lugar hipersensible: desde allí, Rinaldi aportó documentación que permitió detectar la existencia de prestaciones fraudulentas por más de siete millones de dólares, procedimiento irregular que llegaría -según las carpetas que tiene el abogado- a los 150 millones.
Desde ese mismo despacho, Rinaldi alimentó con documentación las denuncias de Ocaña sobre desmanejos en el mercado de los medicamentos. Hay, además, asuntos pendientes: por caso, subsidios para campañas sanitarias que, en teoría, nunca se hicieron, pero se pagaron.
En ese contexto, Moyano se encontró con que, a diferencia de lo que le había dicho antes, en muchos rubros de la industria hay despidos y riesgo cierto de más despidos en las próximas semanas. Y por eso, aunque había dicho que no lo pediría, salió a jugar con la doble indemnización.




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