No iba el oficialismo a pasar a amar ahora al Congreso, en un gobierno que se ufana de no recibir a diputados y senadores. Pero al promover ayer la destitución de la diputada María del Carmen Alarcón, que rechazó suspensión de exportación de carne, de la Comisión de Agricultura con una votación de mayoría simple (cuando para adoptar esas decisiones hacen falta 2/3 de los sufragios) agrega una desprolijidad. Importó más transmitir el mensaje disciplinario hacia el resto del peronismo, que se cuidará en adelante de manifestar disidencias que en temas técnicos -como es el manejo del sector carne- se enriquece con opiniones disímiles. Alarcón se animó a criticar las presiones sobre el sector, y desde ayer es diputada rasa y además se fue del bloque PJ.
María del Carmen Alarcón, castigada por sus compañeros peronistas por una disidencia en cómo el gobierno encara el tema carnes, defendió la presidencia de la Comisión de Agricultura hasta el final. El gobierno la mortificó, además, mostrando al Presidente junto a su jefe político, Carlos Reutemann, en la Casa Rosada.
El Frente para la Victoria consiguió ayer ratificar en el recinto de Diputados la resolución de Alberto Balestrini que desplazó de la Comisión de Agricultura a la santafesina María del Carmen Alarcón, la diputada acusada de no defender la política ganadera del Poder Ejecutivo, como jefa de esa comisión y, desde ayer, también de defender los intereses de los grandes intereses agropecuarios. El resultado terminó con 116 votos a favor, 71 en contra y 12 abstenciones, entre las que hubo algunos opositores del justicialismo nacional. Ahora, el kirchnerismo se dispone a nombrar en lugar de Alarcón en la comisión a Mariano West. La santafesina ya había anunciado que se retiraba del bloque oficialista para formar una bancada unipersonal con el nombre Pampa Sur.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
La votación, a pesar de que Elisa Carrió y hasta el radicalismo pidieron que se hiciera por los dos tercios de los miembros presentes, terminó así resolviéndose por mayoría simple. El espectáculo, más allá de las implicancias institucionales, terminó siendo una gran puesta en escena de la interna peronista -como denunciaron también algunos opositores- que sirvió no sólo para remover a Alarcón, sino también hasta para sincerar odios entre los ex duhaldistas del justicialismo nacional -opositores- y el Peronismo Federal -neokirchneristas-, como casi siempre se resuelven los temas dentro del Congreso nacional.
El destino de Alarcón estaba, en realidad, sellado desde el día anterior, cuando Balestrini firmó la resolución, a pedido de Agustín Rossi, presidente del Frente para la Victoria, lo que, de todas formas, no impidió que la santafesina realizara una última reunión de la comisión donde toda la oposición rechazó esa medida. Pero se supo siempre que el oficialismo tendría el número para votar esa resolución en el recinto y que rechazaría, incluso, la exigencia del ARI de que la remoción se votara con los dos tercios de los miembros presentes.
Ayer la sesión comenzó como estaba previsto. Arrancó Carrió planteando una cuestión de privilegio contra el propio Balestrini por «sentar un precedente gravísimo que podría servir en el futuro para remover al propio presidente de la cámara», comenzó Carrió. Cuando desde el oficialismo empezaron a llover chicanas, la arista, mirando a la bancada del Frente para la Victoria, dijo: «Ustedes van a resolver y serán las próximas víctimas, así que no se preocupen. Sé que un día muchos de los que hoy votan a favor van a estar tan solos como hoy lo está
Alarcón; a mí me pasó también con mi bloque», en relación con sus días finales dentro de la Alianza.
Después sentenció: « Presentamos esta cuestión de privilegio por poner en riesgo el funcionamiento de la cámara. No estamos defendiendo a una persona».
Carrió, sin mencionar nombres, se metió también en la interna del peronismo oficialista al lanzar enigmáticamente: «Quizá quien mas fundamenta esta decisión sea la próxima víctima», dijo mirando a Rossi y luego giró hacia Balestrini: «Estamos acá porque usted está ayudando a destruir el espíritu republicano en esta cámara».
Balestrini, también con ironía, le contestó: «La presidencia considera que, si no hay modificación del reglamento, al presidente de la Cámara se lo puede remover con mayoría simple», es decir, la misma que dos horas después el oficialismo utilizó para remover a Alarcón.
En general, el aspecto que dio la sesión fue peculiar. Mientras los diputados kirchneristas rechazaban casi a gritos y sin pedir la palabra los discursos opositores, Alarcón permanecía en la más absoluta soledad en su banca: nadie se acercó a saludarla en ningún momento. Fue curioso el esfuerzo de los kirchneristas en demostrar pública y físicamente que la habían expulsado de su núcleo.
Federico Pinedo reconoció el derecho de la cámara de remover de una comisión a un legislador, pero cuestionó la razón: «Entendemos que cuando la cámara decide apartar de una comisión a uno de sus miembros tiene que hacerlo con algún fundamento. ¿Qué fundamento existe para separar de su cargo a una señora diputada en la comisión que además preside?
Sencillamente -es público-, no comparte la totalidad de las ideas de la mayoría del bloque al que pertenece».
Pero quizás el momento más duro de la sesión fue el cruce entre dos peronistas ex duhaldistas: José María Díaz Bancalari y Eduardo Camaño, ahora en bloques opuestos después de la ruptura del Peronismo Federal. Bancalari reivindicó la potestad del oficialismo para remover a Alarcón por su discrepancia de la política del gobierno nacional por la crisis de la carne. «Me habría gustado que se hubiera defendido el reglamento cuando se eligió la vicepresidencia tercera de la cámara», replicó Camaño, por el nombramiento de Graciela Camaño en ese puesto, «No se puede decir un día una cosa y otro día otra cosa. No podemos convertir esto en un circo, sino que debemos mantener coherencia en la forma de pensar», sentenció.
Bancalari no aguantó: «La vicepresidencia tercera se resolvió de acuerdo con el reglamento; yo opino de la misma manera hace cuarenta años y no sangro por la herida como otros».
El debate fue cerrado por Agustín Rossi, quien reivindicó el derecho de su bloque a disponer de un cargo en comisión que le correspondía a la mayoría y sostuvo: «No se puede ser oficialista para acceder a un cargo y ser oposición para ejecutarla». Alarcón, por su parte, terminó su defensa: «La lealtad no es la obsecuencia, es todo lo contrario a la obediencia debida. Qué me importa la lista de diputados del año próximo. Qué me importan las amenazas las presiones y los beneficios eventuales que algunos tránsfugas quisieron ofrecerme».
Dejá tu comentario