El abrazo de Néstor Kirchner al PJ y el derrumbe fatal de la Concertación Plural, reducida al rastreo de algunas oficinas para el radicalismo converso, comenzó a gestar un ensayo de resurrección de la antigua transversalidad ahora con formato cristinista.
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Desde el Congreso, sectores «de centroizquierda» como la franquicia bonaerense del socialismo. el Frente Grande, el ibarrismo y Libres del Sur, quiere tomar forma un núcleo «progre», perteneciente pero autónomo, del oficialista Frente para la Victoria (FpV).
La fusión en un mega bloque K de las diversas identidades kirchneristas, sobre todo la incorporación del PJ residual que ordena José María Díaz Bancalari, generó escozores en algunos grupos que se espantan con la posibilidad de convivir con viejos enemigos.
Una sola frase es ilustrativa del clima explosivo. «Son setenta patoteros y cuarenta rubias platinadas» fue la frase que se escuchó al finalizar la primera reunión del bloque fusionado. La propiedad de la boca que pronunció ese comentario está bajo custodia.
«¿Cómo quieren que convivamos con Luis Barrionuevo o con Bancalari?» se interrogan entre sí sin animarse, todavía, a llevar esa pregunta hasta la Casa Rosada. Anoticiado, Agustín Rossi, por lo pronto, avisó que una escisión del bloque oficial no será permitida.
Pasos
Por ahora, la aventura camina. Mañana, Ariel Basteiro (PS), Vilma Ibarra, junto a Victoria Donda y Cecilia Merchan de Libres del Sur bosquejarán los pasos hacia la conformación de un bloque propio, con identidad K, pero ajeno a la bancada oficial.
Unas horas después, el Frente Grande discutirá puertas adentro la posibilidad de integrar también ese club. El FG, que ordena Eduardo Sigal, tiene un senador nacional -María José Bonggiorno- y cuatro diputados nacionales: Julio Arriaga, Nelio Calza, Adriana Puiggrós y Lorena Rossi.
Sumando esos porotos, el núcleo «progre» que trata de resucitar la transversalidad, lograría formar un bloque de unos diez legisladores. Suponen, sin embargo, que una vez en carrera irán incorporando a otros diputados que se resisten a compartir bancada con el PJ.
En principio, la idea es que la eventual jefatura de esa bancada disidente la ocupe Basteiro. No hay que perder de vista, en todo este revuelo, a Alberto Fernández, activo promotor de la incorporación de vertientes no PJ al esquema oficial.
De hecho, Fernández fue quien pactó la adhesión de sectores del socialismo al gobierno, procedimiento que tuvo su punto máximo con la nominación del Jorge Rivas como vicejefe de Gabinete. Rivas, que se recupera de un ataque, es también diputado nacional electo.
Enfrenta, además, una amenazade su partido, el PS, que decidió acelerar el trámite de una posible sanción por haber, justamente, aceptado un cargo en el gobierno nacional sin consultar a la cúpula partidaria que preside Rubén Giustiniani, compañero de fórmula de Elisa Carrió.
La pulseada en el PS es una de las razones del florecimiento de este bloque bis: forzar a los socialistas a cerrar filas con sectores a los que juraron combatir los deja en «off side» ante sus primos del PS. Algo similar vale para el FG y los piqueteros de Libres del Sur, que hay enfrentado sistemáticamente a lo que llaman «pejotismo».
Hay, además, un argumento táctico. «Si integramos el mismo bloque, debemos diferenciarnos con el voto. Si pertenecemos a otro bloque, autónomo, en ese mismo hecho estamos respetando nuestra identidad» explican los promotores de la nueva transversalidad.
Si la secesión se produce, será la segunda baja que sufre el FpV que conduce Rossi. Anteriormente, quizá como coronación del fracaso de la Concertación, los radicales K formaron su propia bancada. Esta semana, el FpV podría sumar otra fuga, esta vez por izquierda.
Consuelo último, casi inocente, con Kirchner comprometido a reordenar el PJ nacional y recorrer pueblo por pueblo el país para formar nuevos cuadros que lo asistan en esa tarea, los nuevos transversales prefieren referenciarse en Cristina de Kirchner.
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