23 de junio 2008 - 00:00

Diputados ruega por señal para negociar

La agrupación propagandística del matrimonio presidencial, Compromiso K, instaló una carpa frente al Congreso para evitar que las entidades del agro les ganen la parada. Luis DElía también quiere acampar.
La agrupación propagandística del matrimonio presidencial, Compromiso K, instaló una carpa frente al Congreso para evitar que las entidades del agro les ganen la parada. Luis D'Elía también quiere acampar.
El kirchnerismo del Congreso ya sabe claramente que la votación de la ratificación de la Resolución 125 que fijó las retenciones móviles no podrá hacerse sin costos políticos. Es decir, que será políticamente imposible sostener una ratificación lisa y llana sin un tremendo desgaste para el gobierno.

Lo saben diputados y senadores del oficialismo, pero quizás la Casa Rosada aún no lo entienda. De hecho ayer no existía ninguna instrucción del gobierno que le permitiera pensar a las cabezas de los bloques en un cambio de las alícuotas en retenciones a la soja para calmar la crisis.

Se sabe que el oficialismo negociará hasta último momento distintas ofertas para compensar la suba en las retenciones móviles. Después, casi nadie conoce cómo será el futuro. El kirchnerismo sabe que debe demostrar fuerza, pero encontrar aún acuerdo para no tener que forzar la votación aplicando la mayoría, lo que derivaría en una furia de productores y porteños ahora contra el Congreso. Hoy comenzará el tratamiento del proyecto oficial y los agregados que se fueron sumando, en las comisiones de Agricultura y Presupuesto y Hacienda. La oposición ya tiene proyectos alternativos -como bajar la alícuota de retenciones o reasumir el Congreso sus facultades en materia de aranceles a exportaciones-, pero todos son políticamente imposibles de aplicar.

  • Opciones

  • La situación del kirchnerismo en el Congreso está lejos de ser fácil. Ayer continuaban trabajando en un menú de opciones para ofrecer en las reuniones de comisión que pasan por mejorar la distribución de los fondos recaudados por las mayores retenciones, convertir en ley los acuerdos que le gobierno había iniciado con el campo en materia de trigo, carnes y leche, permitir que los pequeños y medianos productores tomen a cuenta de ganancias parte de lo pagado por encima de 35% y modificar los parámetros de tonelaje y hectáreas máximas para poder acceder a subsidios. Algunas, inclusive, ya fueron denunciadas por la oposición como una «compra de votos».

    La estrategia, por ahora, es apelar a todo ese paquete de ofertas para lograr un acuerdo con los productores del agro y la oposición que le evite al kirchnerismo tener que ir al recinto a imponer una mayoría que hoy dice tener, pero que podría diluirse en los próximos días si continúan las presiones.

    El objetivo es convencer, sobre todo a los pequeños productores, que es mejor aceptar toda esa batería de mejoras y no presionar para cambiar la alícuota de las retenciones móviles sobre la soja, acercándola nuevamente a 35% que tenían antes de 10 de marzo. Esa oferta, dicen en el bloque kirchnerista, no serviría para convencer a los grandes pero sí a los pequeños y medianos, que son 80% de los productores que hoy protestan.

  • Descreimiento

    Suena increíble la oferta, si se tiene en cuenta que a esa estrategia que lidera Agustín Rossi no le creen ya ni el campo ni la oposición, aunque ahora esas ofertas se fijen por ley. Saben que muchas de esas compensaciones ya habían sido negociadas con el gobierno el año pasado y que la burocracia del gobierno de los Kirchner las demoró al punto que existen compensaciones pendientes de pago desde el año pasado.

    De todas formas el oficialismo no tiene otro camino. Los diputados y senadores saben que «en este tema no se puede volver a cero», como le dijo a este diario ayer un diputado kirchnerista del grupo de los que no entienden ya al gobierno, pero aún permanecen en silencio.

    Esto significa que muchos kirchneristas saben que será imposible aplicar la fuerza de la mayoría en el recinto sin que luego se desate un incendio de protestas en la calle. Pero no existe ninguna indicación aun de la Casa Rosada sobre algún «permiso» al bloque kirchnerista para avanzar en una modificación de las alícuotas en las retenciones móviles. Eso significaría lo que popularmente ya se menciona como «abrir el proyecto» y, aunque todo el oficialismo lo piense, nadie puede asegurar que el tema ya haya sido hablado con Néstor Kirchner.

    La encrucijada, entonces, parece tan difícil para el oficialismo como para la oposición. El kirchnerismo sabe que para llegar a una posición de fuerza que le permita negociar una solución intermedia, necesita mostrar que cuenta con los votos necesariospara aprobar la ratificación de la Resolución 125 sin anestesia. Sólo desde esa posición de fuerza puede proponer cambios.

    ¿Para que ceder entonces si puede reunir los votos? En primer lugar porque la mayoría que tiene Rossi para esa votación puede disolverse en los próximos días, de hecho nadie cree que aún exista semejante apoyo a una votación tan impopular.

    De hecho para uno de los artículos, el tercero que crea el Fondo de Distribución de la mayor recaudación de las retenciones móviles, necesitará una mayoría calificada que en Diputados implica reunir 129 votos positivos. Esto es así porque se está creando una asignación específica para la que la Constitución Nacional exige ese número especial.

    Pero, además, como se mencionó antes, para evitar lo que, saben, será una protesta generalizada ante otra imposición de una mayoría peronista en el Congreso. Ningún kirchnerista imagina soportar un escenario de votación -hacia el final de esta semana o en la próximacon una movilización de 50.000 productores en la Plaza del Congreso. Menos que se cruzaran con grupos de piqueteros oficiales en apoyo al gobierno. Una victoria en esas condiciones sería un desastre político para el oficialismo. Más aun cuando un hecho así no sería nuevo. Todos recuerdan la votación de la nulidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, con protestas en la plaza; la Ley de Cupo Femenino o hasta la Reforma Laboral de Fernando de la Rúa con la CGT copando todos los ingresos al Congreso.
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