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2 de julio 2002 - 00:00

Discurso de Felipe Solá tras asunción de J.P. Cafiero como ministro de Seguridad

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No podemos renunciar a la esperanza, no debemos hacerlo. La esperanza decía Borges
Desde hace seis días vivimos consternados, con vergüenza y dolor. No encuentro otras palabras para definir mi estado de ánimo con relación a las escenas vistas, a la respuesta del Estado frente a uno de los requerimientos que, lamentablemente, será casi cotidiano en la Argentina que vivimos. Será un requerimiento más, con el que creíamos que habíamos aprendido a convivir, desde la fuerza del Estado, es decir, desde la civilización que debe representar el Estado. No fue así. Triunfó el matonismo asesino, triunfó la creencia de que podía haber impunidad, impunidad que la democracia ya no permite, hasta por razones tecnologías. Las cámaras de video, los fotógrafos dispuestos a registrar y denunciar lo que vieran, la gente ya no se arregla fácilmente con las amenazas sino que testifica.

Estamos consternados pero no abatidos, estamos consternados pero creemos saber lo que tenemos que hacer. Lo que tenemos que hacer no es salir a nuestra propia
Por la mañana los patrulleros deben estar llevando presos a los juzgados y esto hace que no haya patrullaje a la mañana porque los patrulleros están en esa función, esto desnaturaliza la función policial, le quita tiempo, esfuerzo y energía, le quita a la ciudadanía, lo que ésta merece que es patrullaje, prevención y disuasión. Esos hombres también han tenido que manejar el orden publico en miles de los cortes de ruta realizados como parte de una protesta social absolutamente comprensible en un país con el nivel de deterioro creciente económica y socialmente como el nuestro. Esos hombres lo hicieron con sus más y sus menos, exitosamente desde el punto de vista de lo que se puede esperar de un corte de ruta que es la no existencia de víctimas civiles y policiales. En casi todos los casos existió aquello que no se puede obviar en ninguna etapa de la vida publica y privada y mucho más cuando se trata del orden publico y no de la lucha contra la delincuencia que es una negociación humanizante previa, para que las condiciones en que se realizara esa alteración de las normas publicas, estuvieran bajo control. Esta vez no tuvieron la oportunidad de tenerlas, pero quien estuvo a cargo del operativo y quienes eran sus superiores departamentales, no tomaron el más mínimo recaudo para que, frente a la ausencia de esa negociación, no existiera lo que existió, el descontrol, el asesinato, el matonismo.
La verdadera lucha de nuestra policía, del Ministerio de Seguridad y por lo tanto del Estado, ha sido el reclamo en cuanto a mayor seguridad individual, es decir, la lucha contra la delincuencia, que no nos paralice esta circunstancia de vergüenza que esta siendo investigada como se debe por la Justicia, a pesar de que se han borrado pruebas de la escena del crimen, mientras los detenidos se negaban a declarar para ganar tiempo como me ha comunicado el señor Fiscal de la causa.

Nuestra misión fundamental es que los hechos no nos paralicen, es respaldar a la policía en la lucha contra la delincuencia y controlar a través de jefes policiales idóneos, nuestro accionar frente a los problemas que plantea la protesta social y el orden publico.
He designado, ante la renuncia indeclinable del doctor Genoud, al doctor Juan Pablo Cafiero, hay una especie de patología en la interpretación de los nombramientos y de los hechos de los hombres que estamos al frente del Estado que no quiero que contamine este nombramiento.

Es posible que la mayor parte de los argentinos recuerden a Juan Pablo Cafiero como el hombre que viajó, sorpresivamente, para sentarse a conversar con argentinos que estaban cortando la ruta, hombres que a partir de ese momento comenzamos a llamarse

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