Cristina de Kirchner padeció esta semana en el Congreso el mal de la abundancia. La renovación de legisladores en la Cámara de Senadores y en la de Diputados significó para la presidente electa una muestra del aplastante poder que tendrá, y que ya tenía, el oficialismo en el Poder Legislativo. Sin embargo, el kirchnerismo enfrentó inexplicables dificultades a la hora de reunir quórum entre sus propios y abundantes legisladores para votar leyes clave en el gobierno de la esposa de Néstor Kirchner.
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El problema de Cristina de Kirchner, una secuela involuntaria de su abundancia de poder, fue básicamente la multitudinaria planta de diputados oficialistas que quedarán desocupados a partir del 10 de diciembre. De los 55 legisladores que perderán su trabajo en la Cámara baja, sólo un puñado pudo reacomodarse laboralmente en sus provincias. Alberto Balestrini será vicegobernador bonaerense, el salteño Juan Manuel Urtubey resultó electo gobernador de su provincia, el chubutense Roddy Ingram será ministro de Familia de Mario Das Neves, el cordobés Eduardo Acastello asumirá la intendencia de Río Cuarto, Graciela Rosso la jefatura comunal de Luján, Rubén Uñac será vicegobernador de San Juan, José Laurito tendrá el mismo cargo en Entre Ríos y Cristina Alvarez Rodríguez se sumará al gabinete de Daniel Scioli en el Ministerio de Obras Públicas.
El resto de la tropa kirchnerista de la Cámara de Diputados deberá reorientarse políticamente o acudir a los avisos clasificados. Perderán los privilegios de los fueros, sus sueldos pagados con puntualidad pese a que en los últimos dos meses previos a las elecciones el Congreso no sesionó. Tampoco contarán con asesores ni con pasajes pagos de avión para ir y venir a la Capital Federal o, eventualmente canjear sin control esos tramos aéreos por dinero.
Tamaño motivo de depresión generó catarsis colectiva la semana pasada en una cena reservada en la casa de una provincia sureña en la Ciudad de Buenos Aires, donde más de un diputado se quejó de la falta de agradecimiento del matrimonio presidencial por los cuatro años de servicios legislativos prestados en el Congreso. «Votamos todos los proyectos que mandó la Casa Rosada sin cambiarles ni una coma, incluso iniciativas con las que no estábamos de acuerdo y que ni siquiera pudimos debatir en el bloque y ahora no nos llaman para ningún cargo», fue el desconsolado reproche de los diputados kirchneristas que terminan su mandato y que no tendrán lugar en el gabinete de Cristina de Kirchner. Indignados, los legisladores también se quejaban de la especial consideración que el matrimonio presidencial les presta a sus socios de la UCR kirchnerista, a través de Julio Cobos, cada vez que reclama cargos en las segundas líneas del gobierno.
Malestar
El malestar en esa comida del miércoles por la noche era tal que, pese a compartir los reclamos, el santacruceño Dante Canevarolo, la cordobesa Amelia López y la bonaerense Elda Agüero debieron oponerse a la idea de presentarle al jefe de Gabinete, Alberto Fernández -quien al día siguiente se presentó a brindar informes ante la Cámara baja-, una nota de protesta por el olvido e indiferencia que sentían al no ser convocados para ningún nuevo cargo. Parece que la presencia de Kirchner en una parrilla de la costanera porteña para despedir a sus diputados con spetto corrido no fue premio suficiente.
Ese clima de malestar es el que explica por qué el Frente para la Victoria tuvo que sufrir tanto para reunir quórum el miércoles pasado para tratar y aprobar la prórroga a la Ley de Emergencia Económica y a los impuestos. Sería interesante preguntar ¿por qué al oficialismo, que cuenta con mayoría propia en ambas cámaras, le costó tanto reunir los votos para aprobar esas leyes clave para la futura gestión de Cristina de Kirchner? Se trata de un paquete de normas que suman para las arcas del gobierno 15 mil millones de pesos anuales sólo del impuesto al cheque y otros mil del gravamen al tabaco, además de la potestad extraordinaria de renegociar contratos con empresas de servicios públicos y continuar repartiendo los clientelares planes Jefas y Jefes de Hogar.
Ayer la prórroga de los impuestos y de la Emergencia naufragó en el Senado, donde el kirchnerismo controla con comodidad el recinto. Sin embargo, no pudo conseguir los dos tercios de los votos necesarios ni siquiera entre sus propios legisladores y la primera dama deberá asumir sin esa supercaja de fondos.
Su esposo deberá ahora trabajar a destajo para conservar la tropa unida. Su performance en la reorganización del PJ será determinante para eludir la profecía autocumplida de Eduardo Duhalde, quien le propuso a los hermanos Alberto y Adolfo Rodríguez Saá rearmar el peronismo después del 10 de diciembre, con las sobras kirchneristas que no tengan lugar en el próximo gobierno.
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