20 de diciembre 2001 - 00:00

DOCUMENTO DE LA JUVENTUD RADICAL (20/12/2001)

Basta, se terminó. Hemos terminado un ciclo.

Nuestro país vive horas dramáticas, marcadas por la expresión contundente del desencanto popular, y fundamentalmente por la estridencia de la necesidad urgente de millones de compatriotas que padecen el indigno e injustificado flagelo del hambre. Durante todo el día de ayer, en una situación iniciada varios días atrás, se produjeron hechos que mostraron hasta donde puede llegar la desintegración social que provoca la desigualdad económica.

Ante la irrefutabilidad de la demostración, se necesitaba una reacción que en igual sentido, demostrase que el reclamo popular seria escuchado y que provocara el cambio de rumbo necesario en las políticas económica y social.

Por el contrario, un presidente autista, reivindicando una herramienta de gravísimo contenido autoritario como el estado de sitio, pronunció un discurso pretendidamente firme, firmeza de la que carece para terminar con esta politica nefasta y sus ejecutores, que solo conducen a agravar la situación del país. El estridente ruido provocado por bocinas, cacerolas, gritos y cuanta forma de manifestación fuera posible, fueron la merecida condena a esas palabras.

Se derrumba una época en el país. Eso es lo que provoca tanto desconcierto e incertidumbre. El modelo económico de la concentración del poder, de la renta financiera infinita, del derrumbe de la economía real, del abandono del interior productivo que hoy padece la falta de infraestructura y la tragedia social de la desocupación, de la marginación social y la desintegración, se desmorona sobre nosotros. La infame década menemista y la incapacidad de plasmar una alternativa en estos dos años ponen en peligro la democracia misma y la existencia de un proyecto colectivo, presupuesto básico para que exista una nación; la ausencia de moneda única es solo un ejemplo de la descomposición.

Se necesita una profunda acción política de renovación y construcción de valores y proyectos. Es el imperativo de nuestra hora. Ese es el contenido de un programa de unidad nacional. El final de una época implica cambios profundos y compromisos con él, cambios políticos pero fundamentalmente culturales y morales. Somos jóvenes y exigimos por lo tanto que se termine con esta situación. La gente necesita cambios en forma urgente, el futuro de la Argentina también. Reclamamos que se realicen rotundos cambios en el gabinete nacional y se avance sin vacilaciones ni dudas hacia un verdadero gobierno de unidad nacional.

Nuestro pueblo ha demostrado claramente que solo apoyará un nuevo rumbo, una nueva esperanza. Anoche, la gente expulsó a Cavallo. El pueblo argentino ha demostrado mas habilidad, sensatez y reflejos que sus gobernantes. Presidente, no dilapide nuevamente las oportunidades, escuche a la gente. Entienda que no tiene otra opción que cambiar de rumbo apoyado en un amplio consenso social y político.

Para reivindicar la política el único camino posible es actuar de otra manera. No hay otro idioma ni otra actitud posible. Quien no sea capaz de entenderlo, no será capaz de representar a nadie, ni de conducir absolutamente nada. Ni los trasvestidos socios del gobierno de Menem, ni los menemizados autistas de un gobierno que la gente eligió para otra cosa.


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