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El punto alto de la intervención de Duhalde -que tiene previsto un almuerzo con el jefe de gobierno español, José María Aznar- no está registrado en ninguna agenda oficial sino que pertenece a la trastienda del seminario: es el encuentro con Horst Köhler, el director gerente del Fondo Monetario Internacional, que se concretará mañana. Duhalde intentará que Köhler, de manera oficiosa, señale alguna fecha para un primer desembolso, aunque sea mínimo y testimonial, que permita indicar internacionalmente que la Argentina volvió al mundo de los vivos en materia de financiamiento. Algo similar ocurrirá cuando el Presidente se entreviste con James Wolfensohn, el presidente del Banco Mundial, a quien intentará persuadir para que la entidad libere algunos fondos retenidos a la espera del acuerdo con el Fondo. ¿Reunión con George W. Bush? Hasta anoche la única escena que se imaginaba en Washington, Buenos Aires y Monterrey era una «photo oportunity» del presidente de los Estados Unidos con los demás mandatarios que asistirán a la reunión. Es decir: no habrá encuentro con Bush, quien sólo se verá individualmente con el dueño de casa, Vicente Fox. No habría que descartar, sin embargo, que a través de Fox reciba algún mensaje de Duhalde, quien -acaso consciente de que su colega estadounidense manifiesta «no comprenderlo»- ha elegido al mandatario de México como emisario. Hoy por la noche Duhalde y Fox comerán juntos, en una mesa a la que estarán sentados también sus cancilleres.
Para estrenarse en la arena internacional la cumbre mexicana parece mandada a hacer para Duhalde. Promovida por el secretario general de la ONU, Koffi Annan, la reunión pretende cumplir con uno de los objetivos que se planteó esa organización para equilibrar la balanza de la riqueza internacional: que los países ricos deriven 0,7% de su PBI a los más pobres. El propio Annan reconoció que se está lejos de esa meta pero Bush anunció que su país incrementará en u$s 5.000 millones la ayuda a países pobres que realicen reformas estructurales, igual que Europa, que se propuso aumentar su cuota.
Esta agenda hace que todo el mundo exprese en esa reunión sentimientos humanitarios. Si hasta Köhler hablará de que «la disparidad entre los países más ricos y los más pobres es mayor que nunca. Alrededor de 3.000 millones de personas que tratan de subsistir con menos de u$s 2 diarios merecen la oportunidad de un futuro mejor», como señaló ante una reunión de obispos católicos de América hace poco más de un mes en Washington. La sensibilidad social que pondrán de manifiesto todos los participantes del encuentro tal vez confunda a Duhalde en ésta, su primera experiencia, y le hagan dudar de todos aquellos que últimamente -desde el mismo FMI, inclusive- le piden más ajuste y austeridad.
El Presidente participará de esta asamblea junto con el canciller, Carlos Ruckauf, y del ministro de Economía, Jorge Remes Lenicov, quien asiste sobre todo por el encuentro con Köhler. La reunión se producirá después de que Anoop Singh, el director para Operaciones Especiales del Fondo, realizó un informe sobre su visita a la Argentina, el lunes, ante el directorio de la entidad. Con el cuadro que presentó
Singh -y que todas las versiones presentaban anoche como «pasable»- Köhler escuchará dos promesas de Duhalde: se modificarán las leyes de Quiebras y «subversión económica» y se emitirán todas las señales necesarias de conciliación con el sector financiero (la primera de ellas fue la reunión que ayer el Presidente matuvo con representantes de la banca extranjera).
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