11 de abril 2002 - 00:00

Duhalde fisura radicales

Hacía tiempo que no lo veían tan enardecido a Raúl Alfonsín. Ayer por la mañana, en el Senado y envuelto en llamas, lamentaba que una interna de la UCR frustrara un acercamiento al gobierno que había preparado minuciosamente. En combinación con los principales personajes del entorno de Eduardo Duhalde (casi supera a Leopoldo «Pampurito» Moreau en esa cercanía), don Raúl había imaginado celebrar las bodas con el gobierno en un asado para todos los senadores y diputados radicales, en Olivos. Pero una fuerte sublevación interna afectó el plan de Alfonsín y el duhaldismo. Muchos diputados le reprocharon a Horacio Pernasetti, el presidente de bloque, la adhesión irreflexiva del radicalismo bonaerense con el gobierno. La discusión llegó a un punto del que sólo se pudo retroceder con esta decisión: sólo irían a lo de Duhalde las conducciones de ambas bancadas, no la totalidad de sus miembros. Esto obligó a cambiar el menú en Olivos y dejó al viejo caudillo de Chascomús mal parado con el Presidente: «Pero ¿quién maneja al partido, entonces?», se preguntó Duhalde.

Este traspié de Alfonsín, también de Moreau, los afecta enormemente: si no representan acabadamente al radicalismo, no conseguirán los cargos que sistemáticamente reclaman al PJ duhaldista. En realidad, estas efectividades son las que irritaron a los disidentes del bloque y las que provocaron la sublevación: «¿Nosotros vamos a comer para que los contratos se los lleve el 'Marciano' (Moreau) y Jesús Rodríguez?», se preguntaba un diputado del interior el martes por la noche.

Todo este entredicho obligó a Alfonsín a hacer lo que no quería: ayer tuvo que mantener una reunión fuera de agenda con Duhalde para hablar de lo que no podía delegar -¿contratos, designaciones?- en la conducción del bloque de senadores
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