22 de noviembre 2001 - 00:00

Duhalde, forzado a responder el desafío

Si Eduardo Duhalde cumple en público lo que juró en privado, se tiene que estar anotando en estas horas para pelearle a Carlos Menem la candidatura presidencial para 2003. A pocas horas del polémico congreso anti-Menem de Lanús, le preguntaron si quería competir por la presidencia de la Nación y respondió: «De ninguna manera, a mí el poder me pesa, no me siento en esa carrera. Pero hay una sola posibilidad, que Menem sea candidato. Ahí voy a tener que sacrificarme y pelearlo porque mi misión en la política es hacer que el peronismo vuelva a ser peronista, y no menemista».

• Sentido misional

Esto lo escucharon pocos oídos, pero debe haber halagado, por caso, a Hilda Chiche González; su esposa y diputada siempre lo ha querido peleando en las grandes ligas y contra el riojano. Con el lanzamiento de Menem de anoche, estas palabras recobran valor y refuerza ese sentido misional con que quiere Duhalde recubrir sus gestos. A esa aura debe atribuirse la prisa con que parece disipar el triunfo del 24 de octubre: lo jugó a un Congreso que divide judicialmente al PJ cuando le convenía estar más unido ante un gobierno en emergencia casi permanente.

Esta simulación de desprendimiento tiene fisuras que advierten los que ven debajo del agua. Por ejemplo, Duhalde se enojó en el último mes con por lo menos tres intendentes de Buenos Aires por una minucia que no debería importarle a un misio-nero que desprecia el poder: se animaron a invitarlo a actos a Néstor Kirchner -un eterno presidenciable-en localidades del interior de la provincia sin pedirle permiso a él. «¿No se dan cuenta de que nunca dejé que Menem hiciera actos en la provincia sin que estuviera yo? ¿O para qué creen que soy presidente del partido?», les recordó Duhalde, que se ufana cual Pinochet bonaerense de que en su distrito no se mueve un papel sin que él se entere.

Anoche, redoblando la mala fortuna, se colocaba afuera del bloque de senadores al que quiso extender el manotazo que había dado en el partido (ver nota en página 7). En menos de un mes ha pasado de ser el triunfador más claro del PJ en las elecciones legislativas a ser otra vez un dirigente en problemas.

Ahora tiene que cumplir con la promesa de pelear candidatura y partido. Esto último dijo que tampoco le interesaba. En la discusión que mantuvo con los gobernadores del PJ antes del Congreso de Lanús también les negó tener aspiraciones a conducir el partido. Discutió fuerte con Rubén Marín, a quien Duhalde lo acusó de haber tolerado que el PJ de Menem adhiriese a la internacional thatcheriana de partidos conservadores. «¿De qué me hablás?», se enojó el pampeano. «¿Ven? -lo gozó Duhalde- ni ustedes saben adónde ha llevado Menem al partido.»

• Argumento

Cuando esos gobernadores, liderados por José Manuel de la Sota, le recriminaron que los arrastraba a un congreso por ambición de poder, transó en cederle la conducción partidaria a la liga de mandatarios provinciales. «No me interesa el partido, porque no me interesa el poder - repitió-. Lo único que quiero en la vida es frenar la menemización del peronismo. Por eso quiero precisamente que sean los gobernadores los que conduzcan el PJ.»

Con ese argumento logró que el Congreso se hiciera y que saliera ese pergeño que ahora divide al PJ: la comisión de acción política del Congreso la integran ficticiamente 14 gobernadores que deben reemplazar el poder de Menem, pero que nunca lo ejercerán.

Esta división judicial del partido recuerda las peleas más viejas del peronismo, cuando los congresos de Río Hondo (renovación) y del teatro Odeón (herminismo) terminaron forzando un pacto político en el congreso de La Pampa que permitió superar una guerra de apoderados.

El lanzamiento de
Menem a la presidencia de la Nación precipita otros enigmas. Hoy Ruckauf parece lanzado a recomponer las relaciones con el riojano, aunque en el camino de la vuelta deba echar el lastre de compañía intolerables para Menem, como la del secretario Esteban Caselli. Si esa marcha prospera, también lo hará el proyecto de repetir en la gobernación en 2003. Eso desplaza las intenciones de Duhalde de ser gobernador y nadie cree que éste quiera eternizarse como senador (y menos Antonio Cafiero como suplente en el banco).

Los signos de ese acercamiento son claros. Más oscuro parece el rumbo que tomará otro presidenciable,
De la Sota, que enfrenta problemas serios de gestión y que esta semana ganará un competidor para su reelección en la gobernación de Córdoba, su antecesor radical Ramón Mestre. El libreto más viejo de De la Sota decía que trabajaría en la interna dentro de la estela de Menem y que sólo sería candidato si el riojano no llegaba. ¿Admitirá ahora este plan B con las tribulaciones que le brinda su trabajo en Córdoba?

El gesto de anoche de Menem también desafía a esa esfinge enigmática que es
Carlos Reutemann, que hasta ahora ha prometido que quiere competir por la presidencia de la Nación. En la última cumbre de gobernadores previo al congreso de Lanús, el «Lole» santafesino se dedicó a actualizar su agenda de teléfonos. Uno de los presentes le puso reparos: «¿Para qué querés teléfonos si después no respondés a los llamados?». Reutemann contestó: «No, ahora cambié porque quiero jugar en serio».

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