22 de enero 2003 - 00:00

Duhalde instruyó a bonaerenses para el congreso del viernes

Con tal de que el aparato duhaldista lo convalide como candidato a gobernador en internas de emergencia (se realizan el 30 de marzo para elecciones que se celebrarán el 21 de setiembre), Felipe Solá está dispuesto a avalar cualquier decisión de los Duhalde en el PJ a escala nacional. Por eso ayer el gobernador, en Olivos, estaba tan entusiasmado con «que se armen reuniones como éstas, inclusive más chicas, para llevar adelante el espacio que estamos creando» y que pusieron bajo su responsabilidad. Eduardo Duhalde lo llama «renovación» pero los más imaginativos peronistas del conurbano ya inventaron «lupinismo» y hasta el adjetivo «lupiniano» para aplicar al conjunto que se alinea detrás de Néstor Kirchner, el gobernador de Santa Cruz.

Era lógica la inquietud de Solá. Delante de sus narices, Duhalde volvió a descartar la candidatura de su esposa para secundar a Kirchner. Y prefirió callar sobre el eventual destino provincial de Chiche. Eso es lo que desvela al mandatario, quien almorzó con el Presidente a solas para hablar sobre cambios en el manejo de la administración provincial que puedan mejorar sus chances frente a candidatos más promisorios como Aldo Rico o Luis Patti (la guadaña va trazando lentamente una marca en el cuello de Juan Pablo Cafiero).

A la quinta de Olivos llegaron ayer por la tarde los integrantes del consejo provincial del PJ. Presidió la reunión la pareja gobernante, secundada por Solá y por otro admirador, Manuel Quindimil. Fue justamente el intendente de Lanús quien, en un exceso de celo, provocó el malhumor del Presidente. Hizo un elogio muy encendido de Chiche, a quien ubicó casi en el mismo altar que Eva Perón, por su abnegación, demostrada sobre todo cuando viajó enferma a Tucumán para atender a la niñez desamparada. Siguió subiendo por esa melodía la emotividad de don «Manolo», hasta que remató: «Por todo esto, creo que en la fórmula presidencial del peronismo debe haber un Duhalde y ese Duhalde debe ser la compañera Chiche».

• Reticencia

Fue como clavar los dedos en los 220. Era justamente eso lo que no se debía decir, sencillamente porque los Duhalde no quieren atar su suerte a la de los Kirchner. Por eso sólo aplaudieron dos o tres distraídos. Cabe pensar que, veterano en estas lides, Quindimil sabe esa reticencia y que quiso dejarla expuesta de manera deliberada. Muchos bonaerenses razonan en estos días como lo hizo un asistente a la reunión, ayer, ante este diario: «Si el jefe no quiere jugarse su plata, ¿por qué la tenemos que jugar nosotros detrás de alguien que designó él sin consultar?».

Duhalde tomó la palabra para decir que «las elecciones no las gana un vice. Las gana el candidato a presidente» (por suerte, no era una confesión autobiográfica, ya que esa ley ensalzaría a Menem más de lo que se permite en esa casa). Siguió el Presidente dando cátedra. «Nosotros ya dijimos que nos vamos y sería una falta de respeto quedarnos más allá del 25 de mayo. Chiche piensa lo mismo y por eso ayer solicitó a mi propio vocero para hacerlo saber», machacó Duhalde. En vano Eduardo Camaño aventuraba otro destino, el lunes, ante un grupo de íntimos en la Cámara de Diputados: «Acá se va a judicializar el congreso peronista y vamos a terminar dando de baja las elecciones. No digo que vaya a quedar yo en Olivos. Queda Duhalde».

El caudillo de Lomas dijo que «no hay que manosearlo a Kirchner» y que «el vice debe ser alguien que tenga afinidad con el Presidente. No puede ser que haya conflictos entre quien está tomando decisiones y quien toca la campanita en el Senado». Más confesiones, interesantes en la boca de alguien que fue vice y que podrían dar a entender que esa comunión de visión no existe entre su esposa y «Lupín». Felipe bajó la mirada: otro vice de alma, él tampoco mantuvo la armonía que predicaba su jefe en la relación con Carlos «Rucucu» Ruckauf.

• Dos operaciones

La reunión de ayer había sido pedida por un grupo de bonaerenses, precisamente para postular a la señora de Duhalde. Pero dio lugar a una especie de arenga para alentar dos operaciones distintas. Una, la expansión del «lupinismo» en la provincia. La otra, la asistencia disciplinada y masiva al congreso que el viernes, en Lanús, debe consagrar la abstención del PJ en las elecciones presidenciales, que el duhaldismo presenta bajo el eufemismo «suspensión de internas».

Duhalde dijo que era impresionante ver a Kirchner crecer en las encuestas como lo hacía desde que se realizó su lanzamiento. Mostró números en los que ya está a la cabeza de sus encuestas. Fingió que eran cifras elegidas al azar, aunque provinieran de Guernica, distrito en el que flamea la bandera de Oscar Rodríguez (segundo duhaldista de la SIDE) y Mabel Müller, esposa de Rodríguez y senadora bonaerense.

Después, el Presidente recayó en la práctica que más le gusta, aunque no le haya dado grandes éxitos últimamente: el vaticinio. Dijo que «en el ballottage va a haber dos peronistas» y, como si se hubiera aburrido del sonsonete, hizo una variación aventurada y pícara. «Van a ser peronistas los tres primeros candidatos que se impongan en los comicios. Se los digo yo, ténganme confianza», profetizó «Negro». Sólo enumeró delante de un círculo íntimo: «Van a ser 'Lupín', Rodríguez Saá y Menem». Se regodea Duhalde con la chicana, que deja al riojano fuera del ballottage.

Camaño, el encargado de llevar adelante los planes de Duhalde en el congreso partidario, adelantó: «Ya tenemos el número para sesionar y ganar el congreso. Pero igual tenemos que hacer un esfuerzo supremo porque hay muchos compañeros de vacaciones». Duhalde también fue alentador y hasta algo prepotente: «Vamos a avanzar con las mayorías que haya para que se suspendan las internas». En un aparte, se explicó el trato que se le dará al menemismo, algo que Camaño piensa «negociar» con Eduardo Bauzá: «Si quieren hablar, que lo arreglen antes y nos digan quién va a ser el vocero y qué piensa decir. Si no, no les vamos a poder dar la palabra», explicó el presidente de la Cámara de Diputados, con el tono de quien pregunta: «¿Qué otro remedio me queda?».

Concluida la agenda nacional, se pasó a la de la provincia. De nuevo un solo de Quindimil, ahora para elogiar a Solá (la compenetración entre el gobernador y sus superiores de Olivos hace que hasta compartan el mismo bardo): «El gobernador hizo una obra inmensa desde que asumió. Encontró la provincia con grandes dificultades y la normalizó estupendamente», dijo Quindimil, quien dejó caer un dejo de desdén hacia Ruckauf. Duhalde, que lo había desmentido en el caso de Chiche, guardó ahora un silencio alentador para Felipe. Después, sección por sección, se fueron reportando los distintos caudillejos provinciales, en general optimistas con la performance del grupo, sobre todo ahora que las internas se hicieron de urgencia, otorgándole a la maquinaria electoral un peso algo incompatible con el adjetivo «renovador». Aunque ésta sea una autodenominación que el grupo sólo se aplica cuando actúa en nombre de Kirchner.

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