Eduardo Duhalde no dejará para el próximo presidente la designación del juez de la Corte que reemplace al renunciante Gustavo Bossert, pero tampoco tenía decidido, hasta ayer, el nombre definitivo del mocionado, pese a los múltiples nombres lanzados al ruedo que se integró, incluso, con algunos jueces de religión judía. Tampoco en la Corte -cuyos integrantes se reunirán este jueves para definir la remanida elección de dos conjueces que deban decidir la empantanada votación sobre la pesificación- se daban por seguros los nombres en danza: Carlos Arslanian, Ricardo Gil Lavedra, Pedro David, Eduardo Pettigiani Marcos Grabviker, Claudio Kipper o Leopoldo Schifrin.
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Un vocero de Juan José Alvarez aclaró que ni el ministro de Justicia ni el presidente designado «tienen aún definido el nombre del futuro juez de la Corte que será propuesto por este gobierno al Senado».
Desde esas cercanías al despacho de Alvarez se explicó que Duhalde no quiere correr el riesgo de impulsar un nombre que no consiga el apoyo de los dos tercios de los senadores y que, además, necesite del visto bueno de los radicales que se adjudican la paternidad del nombramiento de Bossert, previo acuerdo entre Carlos Menem y Raúl Alfonsín, quien siendo presidente firmó el pliego de Adolfo Vázquez como juez de primera instancia luego de acordarlo en 1984 con el legendario presidente de la Comisión de Acuerdos del Senado de esa época, Vicente Leonides Saadi. Vázquez fue el más duro crítico de Bossert -pese a ello, ayer gestionaba con relativo éxito una cena de despedida-, al que le reclamó por su impresionante «currículum» de excusaciones para no dar su opinión en causas importantes.
De todos modos, como anticipó este diario, no se especula -ahora- con nuevas renuncias como derivación del alejamiento de Bossert que siguió ganando comentarios adversos -uno de los más molestos fue Carlos Fayt- a su actitud de comunicárselo primero a Duhalde y después a Julio Nazareno y sus pares de la Corte. Nazareno negó ayer que vaya a renunciar y lamentó la renuncia de Bossert, aunque nunca podrá saberse la profundidad sentimental de esa expresión. El presidente de la Corte también desestimó las versiones de que Enrique Petracchi fuera a seguir los pasos de Bossert, pese a que este ministro junto con Augusto Belluscio trataron siempre de disuadirlo para que no se aleje cuando el juez renunciante comentó esa intención. Sin embargo, lo que asegura Petracchi -uno de los jueces con mayor experiencia y manejo del tribunal- es no haberse enterado «del momento de la decisión de Bossert».
• Manoseo
La renuncia de este juez también repercutió en la corporación jurídica. Gil Lavedra dijo no sentirse sorprendido por la decisión de Bossert porque «se trata de un hombre de bien que no soportó el manoseo que supuso una acusación injusta, como fue la Comisión de Juicio Político». Pese a su crítica a los diputados -no hizo distinciones entre peronistas, radicales y aristas-, el ex ministro de Justicia de Fernando de la Rúa aprovechó para pasar su propio aviso: «Los jueces no tienen legitimidad de origen, no tienen nominación política, popular, popular, sino que sustentan en la base de una legitimidad de ejercicio; cuando ésta se pierde, es muy difícil poder mantenerse en la función». No se sabe si fue un elogio al renunciante o una crítica a los que quedaron, aunque Vázquez, enterado de las expresiones de Gil Lavedra, contestó que en su caso fue designado por los dos tercios del Senado, producto de un acuerdo de peronistas y provinciales.
Otros abogados que salieron por las radios a defender la imagen de Bossert fueron el ex juez de la Corte, Jorge Bacqué -designado por Alfonsín- y Gregorio Badeni, otro hombre de consulta jurídica del radicalismo. Para Bacqué, «el país perdió un buen juez», aunque limitó la renuncia a una cuestión personal, comparándose con él mismo cuando renunció a la Corte en abril del '90, disconforme por el aumento a 9 miembros por parte de Menem. La desilusión de Bacqué fue no haber sido seguido por otro de sus pares de la Corte de entonces: Augusto Belluscio, Carlos Fayt, Enrique Petracchi y José Caballero. Para Badeni, en cambio, nadie tiene derecho a criticar a Bossert por haber renunciado y reclamó el nombramiento de su reemplazante «en una persona que cuente con las cualidades subjetivas y objetivas como para integrar la Corte». También Badeni criticó los agravios a los que fueron expuestos los máximos jueces y sus familiares.
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