17 de enero 2003 - 00:00

Duhalde mostró su juego ante cuatro senadores

Eduardo Duhalde comió con cuatro senadores adictos el miércoles por la noche. Confirmó ante ellos su plan para obstruir la llegada de Carlos Menem al poder. Es un programa que cobija, en argucias legales y de ingeniería electoral, dos decisiones de primera importancia. Duhalde dijo que quiere dividir el PJ para asegurarse de que ese partido no ganará en primera vuelta. Para eso un congreso les negará a los candidatos la posibilidad de disputar una interna. El peronismo se abstendría en las elecciones del 27 de abril. Si no, el mismo congreso "renovador" consagraría a Néstor Kirchner, que sería un candidato "designado", no elegido. Casi igual a la situación de Duhalde en el gobierno nacional. El Presidente contó más ante los senadores: dijo que quiere a sus ministros como diputados para el próximo mandato. Y que él se imagina "como una reserva, una garantía por si pasa algo". Dejó una impresión clara: es totalmente consciente de la inestabilidad que va a crear la manera en que llegará al poder el próximo gobierno.

Eduardo Duhalde confesó su estrategia interna ante el grupo de senadores con los que comió el miércoles por la noche en la quinta de Olivos. Eran los «sin techo», es decir, integrantes del bloque de legisladores que representan al PJ en provincias donde gobierna otro partido. Jorge Yoma, Jorge Capitanich, José Luis Gioja y Marita Perceval recibieron la confesión del Presidente sin estupor, por lo poco novedosa: «Ya les ofrecí a los menemistas las dos alternativas que tienen. O vamos con el proyecto Romero, todos por afuera, o lo hacemos candidato a 'Lupín' con el congreso que estoy armando para el 24. Estoy esperando que del otro lado me contesten».

Pescados, revuelto de verduras, un poco de vino. Así de frugal fue el menú, acompañado de informaciones más novedosas provistas por el dueño de casa. Por ejemplo, su intención de convocar a otro congreso partidario a fines de marzo para quedarse con la jefatura del Consejo Nacional del partido, que actualmente ejerce Carlos Menem.

Los invitados venían de otra cumbre, en la Casa de Río Negro, donde se entrevistaron con el matrimonio Kirchner (allí estuvo también otro «sin techo», Miguel Pichetto, de Río Negro). Por eso la conversación transitó por todas las variantes de la puja interna. Comenzaron por informar los senadores. «Estuvimos con 'Lupín' y Cristina. Lo encontramos también a Ginés, que se ve que es muy amigo, ¿lo vas a dejar con ellos si ganan?», comentó Gioja. Duhalde frunció medio labio y negó con la cabeza: «Los ministros van a ir todos a las listas de la provincia, los quiero en el Congreso», comentó. Nadie se atrevió a hacer la broma de que tal vez necesiten de fueros. Pero sí le fueron a Duhalde con el chisme que circula por el Parlamento: «Hay cuatro que se quedan si gana Kirchner; son (Alfredo) Atanasof, (José) Pampuro, Ginés (González García) y (Roberto) Lavagna».

Duhalde aprovechó la mención del ministro de Economía para no agregar ni una letra a la versión. «Anda muy bien Roberto; recién me llamó y me dijo que el acuerdo con el Fondo está prácticamente cerrado. El país se recupera y el gobierno mejora, por eso Menem cae; es matemático. Me dicen que me quede. No, yo me voy y me quedo como reserva, por lo que pueda pasar.»

•Comunicativo

«¿Cómo lo vieron a 'Lupín'?», se interesó después. Entre Capitanich y Yoma le hicieron el relato. «Parece un canciller, está comunicativo, integrador, si hasta nos habló de las virtudes de las conducciones colegiadas», se reía Yoma. El chaqueño echaba leña: «Sí, nos dijo que el Senado es clave para la gobernabilidad, que quiere promover grandes acuerdos, hasta me pidieron un texto para el documento de mañana (por ayer)». Gioja no pudo contener la risa: «Y pensar las cosas que dijeron del Senado él y la mujer...». Los que comían con Duhalde son pícaros. Con estas bromas e informes, le transmitían al Presidente lo que les cuesta apoyar a su elegido. Y lo que le va a costar a él premiar esa disciplina exhibida en Olivos. Por algo los llaman «los sin techo». Piden a menudo.

«Negro» trató de alentarlos. «Kirchner va a enfrentar a Menem y le va a ganar. Ahí me llamó De la Sota, quiere verme. Mañana o pasado lo voy a llamar porque está enojado. Pero ¿qué quiere? Si no progresaba en las encuestas... En cambio, 'Lupín' en las estaciones de trenes ya subió cuatro puntos, recién lanzado. ¿Saben algo de Rodríguez Saá?», saltó la púa. Nadie contestó, pero no importaba, se estaba dando pie a sí mismo. «Me dijo (Miguel Angel) Toma que lo llamó (Luis) Lusquiños a decirle que él bajaba a Posse así le ponemos a alguien del peronismo de la provincia. Llegó tarde.»


•Opciones

Todos coincidieron en que el puntano irá por fuera del PJ; «por eso, lo único que queda es que Menem convalide que no haya internas», como dijo Duhalde. Fue en ese momento en que comentó sus dos opciones para el congreso del partido que convocó para el próximo viernes. «Hay que tener cuidado, Presidente, porque, si se pone la fórmula por un congreso, le estamos dando al menemismo un argumento muy fuerte en su favor», advirtió Capitanich. Ahí apareció el Duhalde perdonavidas: «No te preocupes, 'Coqui'. Los de Menem intentan meter miedo, pero no tienen ni poder interno ni poder institucional para frenarnos. Con él no tengo odio, como dicen. Si hasta le mandé la carta esa del testigo de la AMIA donde dice que no había ninguna cuenta. Fue una canallada lo que le hicieron a Menem... ¿Alguien lo vio?».

Inesperado, habló Yoma: «Yo lo vi, en el hotel Plaza de La Rioja. Nos saludamos, no es el Menem de antes, claro». «Sí -agregó Duhalde, malicioso-, me dicen que está muy viejito; me llama la atención que esté fuera de la campaña.» No dijo una palabra de que hace tres semanas habló con el ex presidente durante una hora por teléfono, gracias a un amigo común.

Como no podía ser distinto en esa casa, se habló de Raúl Alfonsín, una especie de padrino espiritual del Presidente, como lo fue en su momento Oscar Alende, a quien el caudillo de Lomas llevaba indefectiblemente en todas las listas de diputados.

Duhalde demostró de nuevo que sobre la interna maneja una información exhaustiva: «Sé que lo están buscando a Alfonsín desde el lado de Menem para ver si apoya la ley de lemas en el Congreso. No creo que dé el brazo a torcer». «¿Lo llamaron a Miami?», le preguntaron. «No, a Roma. Está en Roma», contestó Duhalde, como si lo anduviera espiando. «A él lo de Kirchner le parece bien», remató, sin que nadie le preguntara si había un acuerdo electoral de fondo con la UCR.

A propósito de ese partido, la mención permitió que el dueño de casa expusiera otro proyecto. Capitanich le contó que, en el Chaco, él pensaba quedarse con la conducción partidaria, ya que ganó la interna para la gobernación. Sugirió que sería mejor que en el PJ nacional sucediera lo mismo.

Duhalde admitió la idea, y se comenzó a planificar, en caliente, la convocatoria a un congreso partidario por el cual el Presidente se ponga al frente del consejo del partido antes de las elecciones del 27 abril. Sería una forma de capturar ese sitio sin internas y con independencia del resultado de los comicios generales. «En el partido hay que hacer una reforma», musitó Duhalde, como justificándose de un uso del poder tan agresivo. «Quiero emplear el sistema de los radicales, que tienen cuatro delegados por provincia en la conducción partidaria», adelantó, en un intento por seducir a sus invitados, todos de provincias chicas.

La comida finalizó con un tema espinoso: la identidad del vice que irá en la fórmula con Kirchner.

Se mencionó la posibilidad de Chiche Duhalde, pero él reaccionó mal, como un marido celoso (lo mismo que le pasó ayer con José «Pepe» Pampuro cuando dijo que la señora podía participar de las dos fórmulas). «Tengo que preguntarle a ella, es muy independiente», fingió, a sabiendas de que, si fuera por Kirchner, el candidato ideal sería Alberto Ballestrini, intendente de La Matanza.

La charla matrimonial quedó como proyecto para el fin de semana. «Lo voy a charlar en Chapadmalal. Me voy para allá y no vuelvo hasta el lunes. Estoy muy mal del estómago, deben ser los nervios», dijo el Presidente, mientras insinuó que se levantaba de la silla para que lo hicieran los demás. Se iba a dormir con una sonrisa: Lavagna le había anunciado que el Fondo había dado el visto bueno para el acuerdo. Dejar el poder antes de tiempo había servido para algo.

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