31 de diciembre 2002 - 00:00

Duhalde soñará despierto: ante él Lula moverá 500.000 almas

Visto con las categorías culturales de Eduardo Duhalde, acaso el viaje que iniciará mañana a Brasilia será el más importante de su vida. Asistirá a la asunción de Luiz Inácio Lula Da Silva, para la que el Partido dos Trabalhadores (PT) organizó una movilización de, por lo menos, 500.000 personas. Un sueño inalcanzable para el mandatario argentino, que tendrá oportunidad de enterarse de los secretos logísticos de esa verdadera «Plaza del Sí» que le prometieron tantas veces.

Duhalde llegará a Brasilia acompañado por Carlos Ruckauf -a quien los vecinos vienen cobrando caro sus arrebatos anti-Mercosur de cuando era gobernador bonaerense-, por el ministro de la Producción, Aníbal Fernández, y por el ex presidente Raúl Alfonsín, apoltronado en el Tango 01 como un oficialista más.

En una Brasilia inesperadamente húmeda (suele registrar niveles de humedad inferiores a 20%), los estará esperando un lote de dirigentes argentinos que los dejarán en la extrema derecha del arco ideológico. Son los invitados personales de Lula, quien se permitió tal vez la última licencia de sindicalista de izquierda, antes de que el protocolo presidencial lo obligue a una imparcialidad tal vez artificial. Porque entre los invitados por el nuevo presidente a la asunción no hay nadie que no sea «del mismo palo».

Allá estarán Elisa Carrió, Hebe de Bonafini (Nora Cortiñas, de la «rama fundadora» de las madres no asistirá por falta de presupuesto, igual que Adolfo Pérez Esquivel), Estela de Carlotto, Pino Solanas, Aníbal Ibarra con su secretaria privada y ex cuñada, Alicia Castro -desde ayer en Rio de Janeiro-, el intendente de Rosario Hermes Binner, el abogado Alberto Ferrari Etcheberri -único ex funcionario de Fernando de la Rúa que concurrirá a la jura- y, finalmente, el dueño de la franquicia política de Lula en la Argentina, Víctor De Gennaro, temeroso de los aviones y de extraviarse en la escala de Porto Alegre, como le confesó a un amigo (es comprensible, nunca se preparó para esta internacionalización de la marca CTA). También estos invitados del corazón estudiarán en detalle el paisaje de Brasilia, ciudad que -presumen- puede convertirse en «capital espiritual del progresismo» si un día de 2003 termina regresando Carlos Menem a la Rosada.

Todos se alojarán en el Hotel Mercure de la capital brasileña, muy adecuada para los grandes movimientos de masa que preparan los «petistas» y que tanto atraen a Duhalde. La ceremonia se prolongará durante todo el día y transcurrirá a lo largo del «eje monumental». Es la avenida central de la ciudad diseñada por Juscelino Kubistchek, por la que circulará Lula para ir desde la Catedral hasta el Congreso y, desde allí, al Palacio del Planalto, donde le transferirán los símbolos del mando. El sindicalista, del sector automotor, se fascinará seguramente con la experiencia de realizar todo el trayecto en un Rolls Royce que el Estado brasileño reacondicionó cuando Fernando Henrique Cardoso recibió la visita de Tony Blair, hace más de un año.

• Show

A lo largo de toda esa avenida, que desemboca en la explanada de los ministerios, se repartirán un millón de adhesivos, 100.000 banderas, 100.000 viseras, es decir, un volumen de cotillón que la Liga Federal bonaerense no conoció ni en los tiempos en que administraba el Fondo del Conurbano. «Brasil es un país de grandes números», le explicará a Duhalde el canciller Ruckauf, con presunción de internacionalista. El PT comunicó oficialmente que para la fiesta se gastará 1,5 millón de reales, además de lo que debe erogar el Estado para el protocolo convencional.

Alfonsín, la Carrió, Solanas, Carlotto, Castro y el resto de los argentinos invitados personalmente por Lula (la tarjeta remitida por el embajador José Botafogo hacía esa precisión) serán parte de los 300 extranjeros incluidos en una lista que, en principio, tendría 1.500 invitados. Los habrá de todas las proveniencias, algo que el lulismo se encargó de subrayar, difundiendo hasta el viaje en ómnibus desde el Nordeste de los primos del nuevo presidente.

Tratándose de brasileños, nada será silencioso. Ya fueron contratados 12 grupos folklóricos, entre los cuales se cuenta la estupenda Velha Guardia da Mangueira, además de conjuntos especiales de música «sertaneja» a la que son tan propensos los nordestinos como Lula. Que vayan aprendiendo De Gennaro, la Castro y la Carrió, de estos géneros saldrá el nuevo himno de la izquierda morena. Para cerrar el show, antes de la asunción como ministro de Cultura, cantará Gilberto Gil, vapuleado por haber dicho que no sabe vivir con 8.000 reales por mes, cifra que para la contabilidad «petista» es una fortuna.

Las inmediaciones del Palacio del Planalto y el «eje monumental» a la altura de ese palacio serán, tal vez, escenarios de forcejeos para el día de la «posse». Es que el PSDB, partido que se retira del poder de la mano de su líder Fernando Henrique, decidió pelear la calle para despedir a su jefe. Una caravana de adherentes lo acompañará al aeropuerto del que partirá rumbo a París: allá se alojará en la Avenue Foch, en el departamento de la viuda de Sodré, el ex gobernador de San Pablo. Nada de Quartier Latin o Montparnasse, como en los tiempos de profesor de Nanterre. Ahora FHC paseará por el mundo como conferencista, auspiciado por el mismo manager que promueve a Bill Clinton.

Sin embargo, los forcejeos que puedan alterar la calma brasiliense por la llegada y la salida de ambos líderes no afectan la relación sucesoria en lo personal. Anteanoche Lula recibió en la Granja do Torto, en la que está instalado, a Cardoso, su señora la antropóloga Ruty y su hija Beatriz, para comer un asado. Postales de una transición que se quiere ejemplar, parte de un experimento de paso del mando que el presidente saliente preparó con minuciosidad, enviando a los Estados Unidos a un grupo de estudiosos para recoger información sobre «transiciones» desde Kennedy hasta ahora. Manías de sociólogo, que tal vez terminaron perjudicando a Lula.

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