Dura columna en Wall Street Journal: "Kirchnerismo sembró ira y envidia"
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Por Mary Anastasia O'Grady
Enfureciendo a los productores y reduciendo el incentivo a producir, el gobierno no trata las causas de la inflación, que son la expansión monetaria y la incapacidad de la economía de atraer inversiones y aumentar la capacidad productiva. Un peso fuerte y el compromiso del gobierno de respetar la propiedad privada es lo que la Argentina necesita para afrontar los precios en alza.
Sin embargo, como fieles subalternos desesperados por tapar agujeros en un dique que pierde, el grupo económico de la señora Kirchner da vueltas tratando de compensar los numerosos errores de la política Kirchner sin liberar la economía. La crisis de la inflación es sólo el último fracaso. Los subsidios para compensar los nuevos impuestos a las exportaciones no están mucho más lejos.
Pero no se preocupen. El poder Kirchner no se basa en un modelo económico racional. La principal idea del matrimonio de manejar la economía es cobrar impuestos, prohibir, regular, subsidiar y micro-manejar cada aspecto de la vida argentina para que ninguna decisión se tome sin preguntarles a ellos primero.
Si dudan de ésto, tomen en cuenta el hecho de que el señor Kirchner se pasó los últimos cinco años desmantelando los controles institucionales y los balances para que, cuando este momento venga, todo el poder estuviese en el palacio presidencial. Él y su esposa ahora controlan el poder judicial, la legislatura, el banco central, la policía federal y el gasto en las provincias. La única avenida que quedó libre para expresar disconformidad es la desobediencia civil.
Como vimos la semana pasada, ese camino también se estaría cerrando, ya que los Kirchner ahora tienen su propio ejército en las calles de Buenos Aires, liderado por el señor D'Elía. La ira y la envidia detrás de la furia de esta turba es lo que el kirchnerismo ha sembrado desde 2002. Aquellos que se animan a discrepar corren el riesgo de ser enfrentados con más ferocidad.




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