El jefe de la Prefectura Naval, Carlos Fernández, fue desplazado de su cargo tras la muerte del represor Jorge Febres, ocurrida la semana pasada en una celda de la delegación Delta de esta fuerza de seguridad.
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El desplazamiento de Fernández no fue aún confirmado oficialmente, pero fuentes de la fuerza indicaron que la Prefectura ya se encontraba esta mañana a cargo del subprefecto Ricardo Rodríguez, por ser el segundo en la línea de mando.
Fernández fue pasado a disponibilidad por orden de la presidenta Cristina Kirchner, quien le comunicó su decisión al encargado de las fuerzas de seguridad, el ministro de Justicia, Aníbal Fernández, según publicó el matutino porteño Clarín.
El caso Febres comenzó a resonar dentro de Prefectura luego de que sus familiares declararan que el represor compartió su última cena con un "amigo", quien aparentemente sería miembro de la fuerza.
Además, el Gobierno habría reprobado las condiciones de detención en las que vivía el ex prefecto, que contaba con una celda con acceso a Internet, teléfono celular, televisión, DVD y un automóvil con chofer.
La decisión de relevar a Fernández se conoció luego de que los familiares de Febres declararan que el represor habría mantenido una última cena con uno de sus "camaradas", aunque aún no está del todo claro quién estuvo junto a Febres la noche anterior a que lo encontraran muerto.
La esposa y los hijos del represor, quienes permanecen detenidos sospechados de participar en el asesinato del ex prefecto, terminaron ayer de declarar y negaron haber cenado con él en las horas previas a su fallecimiento.
Por esta causa también se encuentran arrestados dos miembros de la Prefectura Naval Argentina -entre ellos el prefecto mayor Rubén Iglesias-, que tenían a su cargo la custodia del marino en la Unidad en la que se encontraba cumpliendo prisión preventiva.
Febres fue encontrado muerto en su celda hace una semana, cuatro días antes de que se diera a conocer el veredicto en su contra en la causa en la que se lo investigaba por secuestros y torturas cometidas en la ESMA.
El ex prefecto tenia 66 años y era diabético pero no padecía ninguna enfermedad que hiciera suponer que su vida corría peligro, por lo que los abogados querellantes de la causa ESMA desde un principio sospecharon que la muerte del imputado haya sido ocasionada por motivos "naturales".
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