Gentil, diplomático, profesional, el nuevo embajador norteamericano Lino Gutiérrez se deshizo en elogios al presentar credenciales ayer ante Néstor Kirchner. Algo semejante produjo John Maisto, representante de EE.UU. en la OEA, también de visita en el país. Parte del juego. Más hermanos que nunca los dos países, promesa de favores del Norte al desposeído del Sur (en deuda externa y juicios). Sin embargo, una sombra enturbia ese cuadro placentero nacido del pasado diálogo entre George W. Bush y el patagónico, cuando éste distraído y simpático le tocó la rodilla al norteamericano. Por lo menos, dos episodios últimos complican esa fotografía: la suspensión argentina del ya comprometido Operativo Aguila III y la reciente visita de Rafael Bielsa a Cuba.
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Del Operativo Aguila III valen los desatinos que aparecen en la espléndida nota vecina, sin olvidar que hasta quizás haya que devolver dinero si es cierto que los Estados Unidos hicieron un adelanto para realizar esa experiencia frustrada (se habla de un anticipo a la Fuerza Aérea). Esta menudencia no es lo grave, sí quizás el compromiso incumplido del Canciller, quien aseguró la participación del país en un ejercicio militar con otras naciones y, luego, hubo de desdecirse. (Ver nota aparte). Como si hubiera hablado sin el permiso de Kirchner o, lo más probable, por alguna razón éste modificó su inicial consentimiento y lo dejó en falsa escuadra a Bielsa. Importa poco en este mundo la palabra de los argentinos -ya que ni siquiera pagan lo que firman-, pero tal vez no hubo necesidad de agregarle más lamparones a esa costumbre con la deserción a una materia que Washington considera vital: la seguridad regional (tanto que algún atrevido imaginó ese operativo como una alternativa por si en algún momento se requiere participación en Colombia). Falla doble entonces de la Casa Rosada en una cuestión sensible, pues a la suspensión (por no darle inmunidad a las tropas visitantes) hay que agregarle el hábito de no cumplir con lo que se promete. • Ofensiva
Algunos verán como una manifestación de independencia este hecho, al igual que la visita de Bielsa a Cuba justo cuando Bush lanzó una nueva ofensiva comercial contra Fidel Castro. Es de imaginar también la alegría que este periplo le deparó al nuevo embajador, Gutiérrez, de origen cubano y naturalmente vetado y perseguido como su familia por el régimen. No solo a él le habrá disgustado la docilidad del Canciller al hablar del «Comandante», menos entenderá que esa calificación para Bielsa es más bien nostálgica, cuando la empleaba en los '70 para disciplinarse con sus domésticos jefes Montoneros. Más irritación produjo -no solo en el diplomático- la ignorancia y desprecio frente a los familiares de los presos hacinados en las cárceles de la isla, quienes pidieron verlo y a los que Bielsa no recibió aunque los tenía en la puerta. No podría definirse esa actitud como una manifestación de independencia, más bien como atentatoria a la defensa de los derechos humanos que el gobierno argentino asegura priorizar.
Por lo tanto, cierta desconfianza generan las declaraciones públicas, de funcionarios locales y norteamericanos, sobre la calidez del vínculo entre los dos países. Hay otros hechos que nublan esa relación (hoy más «oral» que «carnal», como dice un cómico) y, en la práctica, pareciera que Washington es más generoso y leal con Buenos Aires, de lo que Buenos Aires es con Washington.
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