10 de junio 2004 - 00:00

El boomerang va a ser transparente

Mario Das Neves
Mario Das Neves
Con más presteza que Domingo Cavallo en su tiempo, el gobierno trata de satisfacer una demanda del FMI: la reforma de la coparticipación. Loable intento: es una falta con la ciudadanía desde 1996. O sea que, el organismo internacional parece velar por la Constitución más que los propios argentinos. Pero, al margen de este dato reparador y de la non sancta porfía Eduardo Duhalde-Néstor Kirchner para quedarse con una caja política (el Presidente la llama botín) que domestique provincias, gobernadores y electorados, interesan los nuevos argumentos de las partes para cosechar más dinero. Lo jugoso, obvio, proviene del oficialismo, ya que los bonaerenses mantienen la monserga de la densidad poblacional, los índices de pobreza y de que atienden a una vasta comunidad de inmigrantes provinciales que en Buenos Aires encontraron la misma miseria de la que habían huido.

A su vez, desde la Casa Rosada impulsan otros argumentos. Uno, su propio disgusto porque el debate ha llegado a los medios, hecho atribuible a Felipe Solá según el gobierno, lo que significa indignación por hacer público lo que debe ser público. Está visto que a pesar de la pregonada transparencia de Kirchner, prefiere mostrar hechos consumados sin que se revele la trastienda, exige obsesiva reserva en el diálogo y hasta la información oficial la hace distribuir como si fuera un bien pecuniario. Olvida quizás que esa manía del secreto, en otras discusiones de la coparticipación, en el pasado produjo hechos insólitos: en una ocasión, cuando se decidió el reparto de todo el país en el Consejo Federal de Inversiones, hubo un gobernador del Nordeste (es de imaginar, altamente responsable) que se olvidó de ir al cónclave, y el resto de sus colegas, por su propia cuenta, le asignó a la provincia la cuota que se le antojó.

• Vocero móvil

La otra cuestión que incorporó el gobierno al debate es lo que ayer dijo el gobernador de Chubut, Mario Das Neves, oficiando de vocero móvil de la Rosada, ya que ésta carece de uno fijo. Para él, en la coparticipación no sólo hay que reclamar porcentajes -como si hubiera otro tema y la gente pudiera creerle- sino también mostrar nóminas de gastos, presupuestos provinciales, de modo que todos puedan saber cómo y en qué se gasta la recaudación tributaria. Loable preocupación de Das Neves que se convierte, curiosa e impensadamente para él, en una suerte de vocero móvil de Anne Krueguer. El movilero Das Neves, entonces, hizo punta para que otros reiteraran el mensaje (Jujuy, por ejemplo) y, claramente, apuntaran contra el despilfarro bonaerense en tiempos de Duhalde y Carlos Ruckauf, cuando se inmolaron fondos en el Banco Provincia (sea con créditos incobrables o con sospechosas inversiones, como los 75 millones de dólares en un proyecto del monopolio «Clarín») o en obras de cuestionable servicio público. Estos oficiales del ejército kirchnerista aluden, claro, a la razonable sospecha de que Duhalde & Cía. derivaron hacia la política propia buena parte de los ingresos coparticipables.

Vale esa preocupación de Das Neves, hoy tan repentinamente identificado con el kirchnerismo por compartir actividades comunes en el Sur (tipo pesca o petróleo), pero sorprende su argumento porque también afecta al mandatario: es que si los gobernadores van a revisar los gastos y destinos de los presupuestos provinciales, en un ejercicio de auditoría y corrección, la millonaria Santa Cruz debiera explicar el hasta ahora famoso caso de los fondos que tiene declarados en el exterior, tan autónomos de la voluntad del depositante que se niegan firmemente a volver al país. Será saludable una mirada provechosa a este fenómeno de capital no golondrina instalado afuera -por parte de quienes desde el poder reclaman inversiones que ellos mismos se resisten a realizar-, para que los propios gobernadores atiendan e impidan posibles desvíos, destinos impropios o erróneas colocaciones, en las que incurrió Duhalde. Y Kirchner, el dúo que obtuvo la segunda minoría en la última elección. Será una forma, si prospera lo de Das Neves con Santa Cruz, de terminar con las versiones que hoy circulan en todas las embajadas de que se han constituido «cajas» para cubrir pérdidas del pasado. Son lamentables esas especies en esta clase de círculos, justamente los mismas que en su momento iniciaron el desgaste de Carlos Menem con la corrupción, pues su divulgación externa retorna en algún momento como un boomerang.Y ya pasó un año de distracción.

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