Carlos Chacho Alvarez hizo varias gestiones ayer para que Fernando de la Rúa lo recibiera. Es lógico: presume de ser un líder político y quiso entrar en la Casa de Gobierno en la misma tanda que Raúl Alfonsín y Carlos Menem. Pero De la Rúa, por lo visto, no lo considera de la misma categoría. Seguramente ha de ser porque nunca fue presidente.
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Lo cierto es que, en la ronda de diálogo, a Alvarez le tocó el último turno. Como si no fuera un socio. Verá a De la Rúa después de Alfonsín y Menem pero también de los gobernadores de la Alianza, que lo visitarán hoy a las 9; del neuquino Jorge Sobisch, que estará a las 11, y de los mandatarios del peronismo, con los que almorzará.
Ayer el jefe del Frepaso dedicó buena parte de su tarde a explicar ante los medios de prensa, con distintos argumentos y el mismo tono de voz (muy poco convincente), las razones por las cuales la Argentina y su gobierno sufrieron una transformación aguda en los últimos 15 días, es decir desde que Domingo Cavallo asumió como ministro de Economía. Si era necesario subrayar ese cambio es porque sólo de esa manera se justificará lo que está buscando: regresar al gobierno a través de algunos de sus hombres, que serán designados por De la Rúa. Anoche se daba casi por seguro que Horacio Viqueira será el futuro ministro de Acción Social --en-cargado de convertirlo en «agencia»- y que Marcos Makón secundará a Cavallo en algún despacho de Economía -Makón tiene «doble nacionalidad»: militante del Frepaso y también amigo del ministro-.
De Viqueira hay que observar que se trata de uno de los frepasistas más simpáticos para el radicalismo, condición que comparte con Darío Alessandro y con Enrique Martí-nez, el secretario de PyMEs.
Todos ellos demostraron, sin menoscabar su aprecio por Alvarez, que no son afectos a seguir políticas erráticas o a salir y entrar al gobierno como si en Olivos hubiera una puerta giratoria.
Para Alvarez la integración de dirigentes de su partido al oficialismo pretende contener de algún modo las disidencias que se han abierto a la luz pública. Sin ir más lejos, este sábado 12 diputados nacionales frepasistas convocaron a una asamblea en la Facultad de Ciencias Sociales para reprobar la incorporación de Cavallo al gobierno y levantar quejas contra la bendición que Alvarez impartió hacia esa opera-ción. Esta asamblea no es más que la extensión al campo extraparlamentario de una diáspora difícil de manejar en el Congreso. No en vano Chacho mantuvo reuniones con dirigentes de su partido de todos los niveles, reclamándoles solidaridad para una especie de refundación del Frepaso -partido del que sólo quedó la primera sílaba, de «Frente»: «Pa(ís)» ya se fue y el «So(cialismo)» también-.
Dificultades
Sin embargo, el reacercamiento de Alvarez puede presentar dificultades todavía no calculadas por el ex vicepresidente. Por ejemplo: ¿cómo reaccionaría si De la Rúa decidiera convocar a hombres del socialismo democrático o del socialismo popular, con los que tiene relación personal, con independencia de su conducción partidaria?
Otra alternativa, no calculada tampoco por el líder del Fre-paso: al haber llamado a un gobierno de unidad nacional, ¿no cabe la posibilidad de que se incorporen peronistas al gabinete? ¿Qué actitud adoptaría Alvarez si sus hombres terminan sentados al lado de seguidores de Carlos Menem? Son interrogantes que tal vez no se formuló. Debería hacerlo, porque tal vez no le resulte ya políticamente posible seguir renunciando o haciendo renunciar a su gente ante cada disgusto.
El regreso de Alvarez a la Rosada alegrará, de todos modos, a un sector del radicalismo preocupado por la suerte electoral del partido. No tanto por afecto al líder del Frepaso cuanto por la necesidad de que la Alianza se mantenga aunque más no sea a nivel electoral. La división, es obvio, beneficiaría al PJ en detrimento del gobierno. Por eso el principal abogado de Alvarez es Alfonsín, quien no tolerará ir a una campaña debiendo resistir disidencias externas -las del Frepasoo internas. Sucede que desde que el ex presidente comenzó a bendecir a Cavallo, sus adversarios domésticos mostraron los dientes: fue lo que ocurrió, por ejemplo, con Leopoldo Moreau en la Cámara de Senadores, donde debió discutir con hombres de su propio bloque que le pidieron verticalismo.
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