Activistas del grupo Quebracho, una vertiente violenta y casi lumpen de la ultraizquierda argentina, invadieron ayer el Edificio Libertador (sede del Ministerio de Defensa y de la Jefatura del Ejército). Quemaron banderas de los Estados Unidos y de la ONU para repudiar la participación de las Fuerzas Armadas en el ejército multinacional que interviene en Haití para reponer la democracia en esa isla. En este contexto de cierto descontrol (como el que se vio en el caso de piqueteros violentos durante la semana), hoy se inicia una serie de actos en memoria de los piqueteros Kosteki y Santillán, muertos por la Policía en Avellaneda el 26 de junio de 2002, hace dos años. El desenlace será una manifestación en Plaza de Mayo. Estos actos se harán en ausencia de Néstor Kirchner, quien partió hacia China. Al frente del país quedará Daniel Scioli. Y le tocará ejercer un interinato riesgoso: debido a una eventual infiltración o por propia vocación por el desorden, los grupos que actúen hoy y mañana en el centro porteño pueden llegar al desborde. Y estará en la órbita de Scioli la decisión de reprimir o no. Nunca habrá lamentado tanto el vicepresidente la ausencia de su compañero de fórmula. Como lo hizo Víctor Martínez durante un levantamiento carapintadaque encontró a Raúl Alfonsín fuera del país. O Eduardo Duhalde, que firmó designaciones «envenenadas» (la del marido sirio de Amira Yoma) mientras Carlos Menem viajaba. Scioli, sin duda, acotará ese riesgo. Apelará a que, eventualmente, las decisiones las tome la Justicia. O buscará la compañía televisiva del jefe de Gabinete, Alberto Fernández, para cada decisión de importancia que le impongan, hipotéticamente, los hechos. Pero el trance es delicado. Y lo disfrutaban ayer imaginariamente quienes sienten en el vicepresidente a una figura incómoda y hasta innecesaria.
Militantes del izquierdista grupo Quebracho tomaron ayer los ingresos del edificio sede del Ministerio de Defensa y el Ejército. Derribaron vallas e incendiaron cubiertas en una supuesta protesta contra el envío de tropas a Haití. Hubo una clásica quema de banderas estadounidenses y, como novedad, también de la ONU. (Imágenes de TV.)
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Ocurrió a las 12.15 en la Plaza de las Armas del edificio Libertador, después de haber atropellado un vallado y sobrepasar a una docena de agentes de la Policía Federal que debieron replegarse hasta una calle interior de la sede del Ministerio de Defensa, el Estado Mayor Conjunto y el Ejército.
Previo aviso a los medios para que registraran la muy modesta movilización y el show montado, encapuchados y con palos en la mano, los de Quebracho entonaron cánticos contra el envío de tropas, al grito de «
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