Las palabras ayer del jefe naval Jorge Godoy hicieron recordar el speech del arrepentimiento de Martín Balza en el programa de Bernardo Neustadt el 25 de abril de 1995, cuando criticó los excesos en la represión clandestina de las guerrillas cometidos bajo el último régimen militar. Ayer, Godoy dijo, entre otros conceptos: «Esta Marina no quiere estar al margen de ninguna faceta de esta epopeya en la que su potencial humano y material pueden constituirse en un medio apto para colaborar en la prosecución de tales logros. Ellos implican el deseo, la intención y la decisión de participar e intervenir. El disenso es bienvenido en democracia, pero en su ejercicio debe aprenderse a convivir con posturas diferentes, respetando a mayorías y minorías, mas siempre priorizando el sentir y la unión nacional por sobre los intereses sectoriales.
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«Hoy el señor presidente de la Nación, nuestro comandante en jefe, nos ha ordenado la cesión de un inmueble que forma parte de nuestra historia y en donde se formaron miles de jóvenes provenientes de las diferentes latitudes del país. Sabemos hoy por la acción de la Justicia que aquel lugar que por su elevado destino debió mantenerse al exclusivo ejercicio y servicio de la formación profesional de nuestros suboficiales fue utilizado para la ejecución de hechos calificados como aberrantes y agraviantes a la dignidad humana, la ética y la ley, para acabar convirtiéndose en un símbolo de barbarie e irracionalidad.»
«Así como no puede ocultarse el sol tras un harnero, no pueden esgrimirse argumentos válidos para negar o excusar la comisión de hechos violentos y trágicos en ese ámbito, hechos que nada ni nadie podría justificar, aun en las gravísimas circunstancias vividas. Es tan doloroso como necesario afrontar esta situación. El cargo que ejerzo y mi conciencia así lo imponen. Estoy convencido, compartiendo en ello plenamente el pensamiento del gobierno nacional, que sólo la justicia y la verdad podrán obtener el ansiado y pleno reencuentro de la sociedad argentina.»
•Reconciliación
«(...) La Armada, como deber inherente al protagonismo que reclama, no puede, en estos aspectos, permanecer indiferente, en particular frente a la sociedad argentina que con su horizonte de grandeza no merece que se le dificulte avanzar en justicia hacia las necesarias metas de reconciliación y unión nacional. Al actual personal que ha sufrido y sufre un fenecido escarnio por causas imputables a quienes mal dirigieron y controlaron desde la conducción política y operativa el empleo de la fuerza del Estado: es ahora más que nunca necesario que la Marina de Guerra de cara al futuro pueda empeñarse serena y atentamente en sus misiones específicas y en todas aquellas que se le encomienden para, como surge de su innata vocación, servir lealmente a su país.»
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