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Aun sabiendo todo eso -tan grave como decadente en un país en crisis terminal-, lo que en definitiva llevó más, en sus términos, a «salir de pista» al santafesino fue la convicción de que Duhalde no hará absolutamente nada contrario a sus propios intereses políticos futuros, que no pagará ningún costo en imagen con medidas severas, tan antipopulares como necesarias, antes de entregar el gobierno. Que Duhalde no adelantó las elecciones y entrega del poder por una sincera convicción de que otro que no sea él, que un gobierno electo con más fuerza por respaldo en las urnas, fuera la solución mejor para salir -o comenzar a salir-de esta crisis.
Duhalde inventó el cronograma electoral acortado tras el impacto de las dos muertes de Avellaneda y por su horror y el de su esposa, a que pudieran sumarse más muertos en el período largo inicial planeado para quedarse en la Casa Rosada hasta fines de 2003. Sobre todo si al convocar antes a elecciones separaba a los violentos de izquierda de la misma izquierda que no tiene que asustar tanto a la gente si quiere votos y se separaría, aislando a los primeros. Si los muertos no hubieran sido en Avellaneda, parte del territorio bonaerense que el duhaldismo supone propio, sino piqueteros en alguna provincia, como ya pasó antes, ni siquiera existiría este calendario electoral.
Pesó fuerte en la decisión del santafesino, entonces, que el actual presidente se enca-mine a entregar su gobierno sin disponer ninguna medida que asome como antipopular, algo que tampoco explica por qué aún el calendario es tan largo con cambio presidencial recién el 25 de mayo del año 2003, salvo que se recuerde que el actual presidente mira siempre para su proyección personal y menos tiempo, aunque le haga bien al país, podría presentar lo suyo como un poco absurdo, comparable a los 8 días que presidió Adolfo Rodríguez Saá.
Reutemann no se vio, si ganaba, apenas asumido tener que gobernar como un presidente que debe cumplir 4 años de mandato para disponer las mismas medidas duras que ahora no se adoptan y que le van a crear reacción social sin darle casi tiempo a lograr apoyos externos y reactivar el país. Porque, no nos engañemos, ése será el cruel destino de cualquiera que gane la presidencia frente a tremenda crisis.
Para Carlos Menem, en cambio, la situación es distinta. Nadie nunca podrá tomarlo como «apadrinado» por Duhalde. Surgió gobernando una provincia pobre mientras que Santa Fe es rica -lo que lo obligó a conducir siempre en el límite-.Además, Menem tiene una experiencia de mando en crisis de la cual Reutemann carecía. En 1989 el riojano recibió un país en hiperinflación y sin reservas. Si gana la elección de marzo, recibirá uno peor: sin reservas, sin sistema bancario, con más de 3 millones de desocupados, con miles de ciudadanos dominados por el rencor (que es lo que pretende usufructuar la izquierda con el «renovar todos los cargos» y ve allí su oportunidad histórica de irreal crecimiento inclusive con burgueses y no marxistas), más 4 años de recesión. Menem dice que en 1989 recibió «un país en llamas». Es cierto, pero si llega de nuevo a presidente, unidos por el fuego, recibirá un país en cenizas. Con este agravante: no tendrá empresas públicas ni nada para privatizar esta vez ni ingresos de capitales, como en la década pasada.
Cuando se le habla a Duhalde de «medidas» severas, antipopulares, drásticas, o como se las llame, en definitiva se están refiriendo fundamentalmente al «corralito». Aunque lastime a la gente decirlo no es tan importante, como los damnificados suponen, su número sino lo que representan: nada menos que la imposibilidad de que el país vuelva a rearmar un sistema financiero. Los que no tienen fondos retenidos miran qué se hará con los que están en esa situación.
No sólo a un Reutemann preocupó eso: si no ven alguna forma de solución técnica desde el gobierno tampoco la Corte Suprema, aunque se engañe a la opinión pública con que sólo se trate de un juicio o no juicio político, puede parar la salida de fondos retenidos que este mes -según los primeros datos-duplicará el monto mensual de extracciones. O sea el cálculo de Eduardo Duhalde de seguir hasta el 25 de mayo de 2003 y su actual cronograma electoral proyectado serían metas incumplibles si en pocos meses esa salida de fondos le agotó las reservas, lo cual empinaría el dólar y caeríamos en hiperinflación.
Reutemann deja, además, un mensaje: si una candidatura huele a Duhalde, hoy tiene serias chances de fracasar. Esto debilita más al gobierno. Por eso ayer se analizaba como eventualidad una renuncia del gobierno, la asunción del Ejecutivo por la Corte Suprema llamando a internas en 45 días y elección presidencial en 60 y disponiendo el bono sin opciones para los depósitos retenidos, dado que el alto cuerpo judicial no tiene imagen política que defender, como sí Duhalde.
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