El retroceso económico, social y político que vive el país en los últimos dos años terminó de colapsar ayer: los argentinos volvieron a ser víctimas y protagonistas de la violencia y el caos social, hechos que sólo meses atrás pertenecían a un pasado oscuro, pero superado de la historia argentina.
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Hace 12 años que no se vivía un conflicto social tan intenso. Fue en aquellos traumáticos meses de mayo y junio de 1989, cuando el rechazo de la sociedad a la política económica del gobierno alfonsinista y al sistema político era total. En 1989 los argentinos ya no creían en sus gobernantes y manifestaban su rebeldía no pagando impuestos y desconfiando de cada una de las medidas monetarias «supuestamente estabilizadoras» que se lanzaban, con lo cual rápidamente estas políticas, que se sostenían en la «confianza», perdían toda operatividad y fracasaban. • Saqueos
El descontento se manifestó a través de miles de mujeres y niños que saqueaban por necesidad y se completó con otros miles de vándalos oportunistas.
Por entonces, la inestabilidad sacudía a todo el sistema económico y licuaba día a día los ingresos y ahorros de los trabajadores. El austral (que era la moneda que reemplazó al peso en el plan lanzado por el ministro de Economía Juan Vital Sourruille en 1985 para combatir la inflación) se deterioraba días tras día a pesar de los distintos «pseudoplanes» antiinflacionarios que se lanzaban: el dólar que fue fijado en 1,2 austral en 1985 y se relanzó a 20 australes el 5 de abril de 1989 llegó a valer 100 australes por dólar 20 días después. Las tasas de interés batieron un récord de 100% anual el 26 de abril, y estaban en 1.000% anual los tres primeros días de mayo.
• Sin tecnología
El gobierno había impuesto fuertes trabas al retiro de efectivo, restricciones muy similares a las actuales con la diferencia de que la tecnología de por entonces no permitía las facilidades de hoy para continuar operando normalmente. Estas medidas redujeron drásticamente la ventas, se cortó la cadena de pagos y se paralizó completamente la actividad productiva del país. A la vez, la desconfianza en la moneda fue tal, que la inflación se disparó y los salarios reales cayeron violentamente.
En la madrugada del lunes 29 de mayo de 1989 la situación terminó de explotar: comenzó una ola de saqueos en la ciudad de Rosario que rápidamente se extendió al Gran Buenos Aires y al resto del país. Se rompieron ventanas, se desvalijaron completamente supermercados, comercios, frigoríficos e, incluso, hubo algunos hechos aislados de violencia en domicilios particulares. Los negocios, que abrieron sus puertas normal-mente por la mañana, hacia el mediodía habían bajado sus persianas y cerrado sus puertas. Algunos comerciantes se protegieron electrificando portones y soldándolos al piso, pero no alcanzó. Más de 20.000 vándalos arrasaron con todo y se llevaban lo que podían.
Al igual que ayer, a los grupos civiles que se lanzaron a las calles corridos por la necesidad, se sumaron oportunistas y grupos políticos que alentaban los disturbios.
En la calle principal de la ciudad de Rosario, donde se alojaban los principales super-mercados, los saqueos eran conducidos por grupos organizados. Se arrojaban volantes con los horarios en que se aconsejaba realizar los saqueos, y se repartían panfletos contra Alfonsín y el ya electo presidente Carlos Menem.
• Aniversario
Coincidentemente, los incidentes comenzaron durante el 20° Aniversario del Cordobazo producido en 1969 en la ciudad de Córdoba. Pero lejos de aquellas luchas callejeras obrero-estudiantiles, el vandalismo que se inició en Rosario reunía simultáneamente a grupos sociales hambrientos y excluidos con grupos políticos movilizados por diferentes intereses.
La ola de violencia social se derramó en instantes por todo el país: Rosario, Mendoza, Tucumán, Capital Federal y el Gran Buenos Aires eran las zonas más convulsionadas. Pero se sumaban otras como Córdoba, Entre Ríos, Misiones, Corrientes, San Juan, Salta y Jujuy.
El país se había convertido en un verdadero caos. Hubo decenas de muertos, y centenares de heridos y detenidos. La gente se encerraba en sus viviendas ante el temor de que los saqueos se extiendan a la propiedad privada. Las situaciones más dramáticas ocurrieron en Rosario y el Gran Buenos Aires, donde se sustrajeron alimentos y bebidas suficientes como para abastecer a 1,5 millón de personas. A los pocos días, el país ingresó en un desabastecimiento muy fuerte que derivó en alzas de precios. A pesar de que el 29 de mayo se decretó el estado de sitio, y se ponen a disposición una gran cantidad de efectivos de Gendarmería (sólo en Rosario había 4.000 gendarmes), le llevó al gobierno unos 15 días controlar la situación.
Ante la grave situación social y económica, el radicalismo decidió adelantar seis meses la transición del mando a Menem.
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