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¿Diferencias internas por llegada o partida de extranjeros, conflictos en el área ( Interior), intereses por radicaciones? Ninguna de esas causas se atienden para la remoción: el origen de la crisis, nunca advertida antes con el personaje (Rampoldi ya pasó por varios niveles secundarios de la administración pública a lo largo de los años), pasa por su presunta actuación política en los años '70. No es que haya sido militar o sirviera al régimen de esa década, sin por haber estado o colaborado con la administración de Perón y su bendita sucesora y esposa. Más bien, por esa discusión que protagonizaban los peronistas (antes, inclusive, del llamado Proceso) donde los hombres de un mismo partido no se tiraban precisamente con libros. A Rampoldi ahora le reprochan haber merodeado el justicialismo en el poder (cuando el propio Perón gobernaba), cercano al ala más nacionalista, a la desviación de su querido y confidente José López Rega, con una asesoría profesional en gremios donde hubo numerosos desaparecidos. Sencillamente lo acusan de soplón, calificativo que como se sabe -en libertad, en prisión o en el exilio-para los militantes de ese partido casi es una condición necesaria.
Todos ellos, a su modo, se fueron reciclando en la vida política, sea con Alfonsín, con Menem, Duhalde o Kirchner. Los que se decían de derecha y los que se decían de izquierda. El poder, como peronistas confesos, los acercaba a la paz. Rampoldi quizás sea uno de esos modélicos hombres que, en la provincia de Buenos Aires, integran una lista interminable donde unos se cuentan los balazos que se cruzaron con otros (inclusive, hasta muestran evidencias de esos intercambios). Así han vivido y, como diría Alfonsín, bien gorditos. El episodio con el titular de Migraciones, en esta ocasión, sólo despierta la fotografía de entonces, brutal, esperpéntica, nefasta, cometida en general por dos bandos de una minoría del peronismo que pudo enajenar a todo el país. Kirchner, hoy en su regreso, determinará no sólo el despido de Rampoldi.
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