10 de julio 2007 - 00:00

El PJ anti-K planea otro congreso para lanzar candidato PJ propio

Adolfo Rodríguez Saá
Adolfo Rodríguez Saá
El peronismo anti-K, que recuperó los latidos en San Luis luego de casi media década en suspenso, programa convocar otro congreso partidario: la idea es montar una cumbre en el mes de agosto para proclamar la fórmula que competirá en la presidencial de octubre.

La efervescencia que en círculos del PJ antikirchnerista generó el encuentro del fin de semana pasado empujó a la organización a, de inmediato, comenzar a planear un segundo encuentro con un objetivo bien específico: designar un candidato presidencial propio.

Hasta entonces, el eje del espacio se moverá en torno al Comando Superior Peronista (CSP) que comparten Adolfo Rodríguez Saá, Carlos Menem y Ramón Puerta. En paralelo, habrá movimientos y gestiones para incorporar explícitamente a un cuarto actor: Eduardo Duhalde.

  • Pieza clave

  • Al ex presidente, que empezó a liberar su lengua y se limitó a enviar a un puñado de fieles a San Luis -quizás igual hubiesen ido si él no lo hubiera pedido-, lo observan como una pieza clave para ordenar en el tramo final el universo del peronismo disidente.

    Es más: el proyectado segundo congreso rebelde podría organizarse en la provincia de Buenos Aires para dar una señal inequívoca de que también el duhaldismo, o sus cenizas, se plegó al levantamiento de los PJ rebeldes contra la Casa Rosada.

    Una combinatoria de sucesos engendraron la determinación de programar otro congreso, pero, al mismo tiempo, se abren algunos interrogantes sobre cómo se moverá el gobierno en las próximas semanas y cómo reaccionarán los distintos sectores del PJ. Veamos:   

  • No hay, en términos operativos, plazos para organizar una elección interna. Ni para pelearla contra la fórmula oficial encabezada por Cristina Fernández ni para, en un esquema acotado, resolver la pulseada dentro del propio PJ anti-K entre los aspirantes a quedarse con esa butaca: Carlos Menem, Ramón Puerta y Jorge Sobisch. En algún momento se especuló también con incorporar a ese grupo a Alberto Rodríguez Saá, que, todo indica, será reelecto gobernador de San Luis en setiembre. Pero esa opción se licuó con el paso de las horas. El punto es simple: el PJ díscolo pretende revestir con un marco político y jurídico a quien será su candidato presidencial.

  • El volumen de la concentración, que abarcó casi todos los sectores del PJ anti-K -las únicas salvedades son el grupo que flanquea a Roberto Lavagna y, en menor medida, Juan Carlos Romero, porque envió a su operador Angel Torres-, hace ilusionar a los amotinados de San Luis con que tienen número suficiente de congresales como para organizar una edición de mayor valor jurídico. Traducción: la cumbre sanluiseña tuvo -dicen los organizadores- peso simbólico y político, pero la próxima apuntará a darle mayor entidad legal a esa rebeldía contra Kirchner. No faltará quien se tiente con equiparar el proceso con la disputa Menem-Duhalde por el peronismo en los 90 o, más atrás, la de los renovadores con los ortodoxos que encabezaba Herminio Iglesias.   

  • El gobierno jugó con la foto de San Luis y se detuvo en casos específicos para, ensañado con algunos nombres, anticipar el fracaso del proceso que dio los primeros pasos en San Luis, pero que, en rigor, había comenzado a fines del año pasado en la confitería Los Dos Chinos. Los díscolos lograron algo: que Kirchner vuelva, siquiera tibiamente, a preocuparse por el PJ. Hasta ahora, Ramón Ruiz se quejaba de que Alberto Fernández no le atendía el teléfono. Pero la semana pasada se le apareció Carlos «Cuto» Moreno para pedirle que, a la distancia, dicte la nulidad del encuentro puntano. Hay, además, interrogantes sobre cómo reaccionará el gobierno ante los amotinados. ¿ Comenzó la Casa Rosada, a través de sus operadores en las sombras, a dialogar con dirigentes presentes en la cumbre de San Luis?

  • Hay, además, expectativas sobre los movimientos de Duhalde. No hay proyecto posible a nivel nacional sin uno con alguna solidez en la provincia de Buenos Aires. Hoy por hoy, el único que puede construir una disidencia -según ven los díscolos- es el ex presidente, quien, sin embargo, insiste con la tesis de que en octubre los Kirchner son invencibles y que, por lo tanto, hay que esperar a 2009 para embestir contra el gobierno.
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