17 de noviembre 2006 - 00:00

El rifle sanitario K, ahora sobre Pichetto

En la superficie, el gobierno parece decidido a disparar una y otra vez el rifle sanitario sobre su propia gente. La derrota de Misiones sigue siendo amplificada por el propio Néstor Kirchner, quien sacrifica gobernadores, secretarios, ahora senadores de gran relieve. Es lo que sucedió ayer con el presidente de su bancada, Miguel Pichetto, quien debió resignar su cargo en el Consejo de la Magistratura. En la superficie, un reconocimiento a planteos del ARI de Elisa Carrió, que reclamó en contra de las reelecciones en el caso de ese organismo. Como lo hizo a través del diario oficialista «Página/12», hasta en las proximidades de Kirchner se interpretó que todo podría tratarse de una patraña oficial. Lo concreto es que ahora la consejera por el bloque de senadores del PJ será María Laura Leguizamón, convertida en los últimos tiempos en una sombra silenciosa de Cristina Kirchner.

Pichetto es el único que estuvo ayer dispuesto a creer en el argumento oficial. Por eso renunció con una nota en la que se propuso provocar daños múltiples. Dijo que la primera dama le pidió la renuncia porque el gobierno quiere hacer gestos en contra de las reelecciones. Casi una ironía para los Kirchner, que se repitieron en cargos electivos hasta el infinito. Y también una proscripción subliminal para el mismísimo Néstor: ¿ya está decidido que hará un gesto antirreelección en 2007? Para Cristina, según Pichetto, al parecer, sí.

Es posible que la nota de renuncia de este senador no tenga más que un efecto literario, sarcasmos de un herido. Pero su razonamiento podría comprometer también a la propia Leguizamón, quien hoy está en la grilla de competición por la senaduría porteña que ya ocupa. Aunque es posible que Pichetto haya pensado más en otro distrito antes de divulgar la excusa que le dieron para ejecutarlo: en Río Negro el gobernador Miguel Saiz pretende renovar su mandato en alianza con Kirchner. Víctima de esa combinación, si al final prospera, el renunciante de ayer.

No habría que dar demasiado crédito, sin embargo, a las excusas de Pichetto. Su desplazamiento responde a razones más antiguas y profundas. Sobre todo, al más que evidente empeño de disciplinamiento del Consejo que viene llevando adelante el Poder Ejecutivo desde que se modificó su composición. El senador rionegrino protagonizó varios enfrentamientos con quien será el comisario político del kirchnerismo en la institución, Carlos Kunkel. También soportó más de una vez el esmeril santacruceño de otro tentáculo de los Kirchner, el senador Nicolás Fernández, representante de la provincia presidencial en el Senado. Al fin y al cabo Cristina Kirchner, garante de que el oficialismo se encuadre en el Consejo, sacrificó a Pichetto ubicándolo en la lista de reeleccionistas que deben ceder posiciones: en fila india, va detrás de Carlos Rovira, Eduardo Fellner, Felipe Solá. Un excelente comienzo para la campaña rionegrina a la que promete dedicar sus próximos esfuerzos.

  • Reemplazante

  • El lugar de Pichetto no lo ocupará, como podía preverse, Marcelo Guinle, senador chubutense que perdió también el favor de palacio en los últimos meses (mejor dicho, desde que lo destronaron para ubicar en su lugar a José Pampuro como presidente provisional de la Cámara alta). Irá la senadora Leguizamón, acaso la mujer más cercana a la esposa del Presidente en los últimos tiempos, no sólo en materia de legislación y domicilio político, también en cuestiones de coquetería, modas, indumentaria y accesorios. El aval a la Leguizamón, además de garantizar a Cristina otra banca en el organismo que interviene en la designación y remoción de jueces, emite una señal en la interna porteña, donde la nueva consejera tiene la aspiración de renovar la banca o, por lo menos, integrar la lista de diputados nacionales.

    Tanto este cambio en el Consejo como otras iniciativas tomadas en las últimas semanas exhiben a una primera dama expansiva en las decisiones de la administración. Nunca antes, desde la asunción de este gobierno, se la había visto así: da la impresión de haber tomado el volante en decisiones institucionales de importancia para la conservación del poder de su marido. Ya se la había visto en la presentación del proyecto de reducción del número de jueces de la Corte, escena en la que los entendidos habían visto el comienzo de la agonía de Pichetto. La senadora Kirchner no sólo no se hizo acompañar por el presidente de bloque de su partido en la comunicación de la iniciativa. Antes que él la conocieron cuatro periodistas a quienes la señora de Kirchner parece haber entregado el control de calidad de su gestión legislativa. El presidente de bloque debió tragarse las palabras del día anterior, cuando aludiendo al magistrado Ricardo Lorenzetti dijo: «Este gobierno maneja sus propios tiempos respecto de la composición de la Corte». Desde Olivos le demostraron que no.

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