Se complicó para Aníbal Ibarra el proyecto más ambicioso de su gestión, la extensión en 51 kilómetros de la red de subterráneos de la Capital, porque la Alianza no consigue los votos para la aprobación del proyecto.
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Otro trazado alternativo suma voluntades, pero será el resultado de la pulseada política el que marcará la ruta del transporte de los vecinos, más que el recorrido de los trenes. La pelea es entre opositores y oficialistas y dentro de cada uno de los partidos políticos mayoritarios de la Ciudad: la Alianza y el peronismo-belicismo.
La deserción de dos diputados de Gustavo Béliz, que renunciaron a su bancada para votar a la Alianza en octubre, complica ahora al jefe de Gobierno porteño, que los acogió en su despacho para darles la bienvenida como adherentes a la coalición. Esa separación por un lado aumentó la atomización que padece desde un inicio la Legislatura porteña y por otro generó una confrontación abierta con Ibarra de los que quedaron heridos en la bancada peronista-belicista que comanda Jorge Argüello. A eso se agrega que el resto de los bloques rechaza que el 4 de octubre, fecha prevista para la sanción del proyecto de extensión de subtes que presentó el Ejecutivo, sea tratado en el recinto. Ibarra se propone un plan para que 70 por ciento de los porteños tenga, en el futuro, una boca de subte a cuatro cuadras de su casa. El emprendimiento a largo plazo demandará más de $ 1.500 millones.
A ese trazado, que ya fue aprobado en primera instancia (este tipo de obras requiere dos votaciones), le surgió un competidor cuando se realizó el trámite de audiencia pública: un grupo de la provincia de Buenos Aires propuso un recorrido que beneficiaría más a los vecinos del sur de la Ciudad y a los bonaerenses de La Matanza.
Acusación
En medio de las discusiones, el martes apareció la renuncia de Enrique Rodríguez y Miguel Doy al bloque belicista tras la decisión de votar a Rodolfo Terragno y Vilma Ibarra (candidatos a senadores de la Alianza). Desairada, la bancada de Béliz salió al cruce acusando a Ibarra de «una maniobra para dividir al bloque» y ayer anticipó que no acompañará la votación del proyecto de subtes, de la cual venían dudando.
Esa división que causó la red llevó a la chanza de denominar a la dupla disidente (Rodríguez-Doy) «el metrobloque».
Además, la puja se desató en el seno de la coalición, entre radicales y frepasistas. La UCR, que fue sorprendida por la recepción a Rodríguez y Doy que hizo Ibarra en su despacho, considera que fue desacertada esa presentación cuando «estábamos llegando al Consenso para los subtes».
Una mirada más sospechosa de radicales sobre sus socios frepasistas apunta a que «la jugada fue calculada» y en ese sentido señalan que quien pilotea el proyecto es el secretario de Hacienda, Miguel Pesce, junto a la titular de la Comisión de Obras Públicas de la Legislatura, Marcela Larrosa (candi-data a diputada nacional), los dos radicales. «Después del 14 habrá muchos cambios en la Alianza y esto parece la idea de algunos frepasistas de perjudicarnos», se mortificaron desde el bloque UCR.
La sanción del proyecto de subtes requiere mayoría especial de 40 votos. La Alianza, que tenía 25 legisladores, ahora cuenta con 21 (cuatro se fueron al nuevo bloque del ARI) y sumando apoyos llegaría a 30 votos insuficientes.
El belicismo, que le sigue en número, se quedó con 10 bancas y no acompañará el proyecto, ni tampoco el Frente Peronista, que suma 6, desde el cual se propone el trazado alternativo. El resto de los 60 legisladores conforma monobloques de distintos colores y prefiere oponerse a pocos días de las elecciones.
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