Por un par de días, el embajador en España, Carlos Bettini, quedará convertido en el jefe de la campaña electoral de Cristina y Néstor Kirchner. El Presidente y su esposa llegarán a Salamanca el jueves, para asistir a la Cumbre Iberoamericana que encabeza el rey Juan Carlos I. José Luis Rodríguez Zapatero, sensible a las necesidades proselitistas de la pareja, les ofrecerá lucimiento en el claustro de la vieja universidad salmantina y también en Madrid. Sin embargo, hasta anoche permanecía una duda acerca de si Kirchner y Zapatero suscribirán el Tratado de Asociación Estratégica que se viene negociando entre la Argentina y España desde hace varios años. Estaba previsto que la firma de ese acuerdo se realizara el próximo viernes, pero en el entorno de Kirchner comenzaron a revisar la oportunidad: ahora prevalece la idea de que en este viaje se avale una carta de intención, bastante concreta, para reservar la oficialización del tratado para una visita de Estado que el Presidente realizaría a Madrid el año próximo.
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El tratado estratégico con España supone un nivel de asociación privilegiado, que ese país ha concedido hasta ahora solamente a Portugal, Marruecos, Brasil y Alemania. Supone la coordinación de las principales políticas de los estados que se asocian frente a terceros, sobre todo en organismos internacionales. Las dos cancillerías discuten el texto desde antes de la llegada de Kirchner y Zapatero a las presidencias de sus países. Ese trámite había avanzado bastante para esta XV Cumbre Iberoamericana. Tanto que cuando visitó Buenos Aires, en una gira preparatoria de esa reunión de jefes de Estado, la vicepresidenta de España, María Teresa Fernández de la Vega, convenció a Kirchner de viajar a España una semana antes de las elecciones con el argumento del relieve que tendría la firma de ese acuerdo.
La carta de intención que sustituya, provisoriamente, ese entendimiento, deberá ser lo suficientemente solemne y precisa como para que no sea la expresión de un fracaso. De todos modos, Kirchner no podía dejar de asistir a la reunión de presidentes, que en esta ocasión tiene todas las características de un relanzamiento. En efecto, tanto la Corona como la Cancillería españolas pretenden que estas cumbres tengan una agenda y una gestión que les otorguen continuidad, de modo tal que no se limiten a ser solamente encuentros periódicos de mandatarios. Tanto el rey Juan Carlos I como Zapatero confían en que de esa persistencia Iberoamérica adquiera la densidad de un sujeto internacional capaz de darle a España un escenario de liderazgo transatlántico. Por eso se instituyó una secretaría para las cumbres, que estrenará esta semana el uruguayo Enrique Iglesias, ex presidente del BID. A él se le encargó que elabore un plan de acción permanente, que comenzará con iniciativas conjuntas para el caso de catástrofes naturales como los huracanes que abatieron países de la región, tal el caso del Stan, que arrasó áreas enteras de Guatemala, El Salvador y México.
• Talismanes
Por esta pretensión de darle nuevo relieve a las cumbres, el gobierno de España reclamó especialmente la presencia de Kirchner, quien ya se había ausentado de la edición anterior, en Costa Rica. El tratado de asociación podría haber estimulado más el viaje. Pero ahora quedan otros talismanes para que cruzar el Atlántico valga la pena en términos electorales, los únicos que prevalecen hoy en el oficialismo. Por ejemplo, la compra de 1.000 vagones de trenes para reactivar ramales ferroviarios o el canje de deuda por inversiones en educación, que el gobierno de España pretende llevar adelante con algunos de los 22 países que estarán representadosen Salamanca. Bettini y su agregado cultural, Jorge Alemán, consiguieron levantar la cabeza periodísticamente para esta semana, en la que todos los países de la región compiten por un renglón en la prensa madrileña: el diario «El País» dedicó un largo artículo, en su edición del domingo pasado, a explicar cómo «la cultura argentina conquista el mundo». La nota le permitió lucirse a un candidato de los que secundan a Rafael Bielsa en su campaña porteña, el director de cine Jorge Coscia, presidente del Instituto del Cine, que adquirió cierta notoriedadgracias a la coautoría de «Sentimientos: Mirta, de Liniers a Estambul», un filme de Guillermo Saura.
• Tarea facilitada
Bettini, de todos modos, deberá superar esa marca para que los sueños proselitistas de Kirchner se vean cumplidos. En la Casa Rosada se espera, por ejemplo, que finalmente se suscriba el acuerdo definitivo con Telefónica por el cual esa empresa se bajará de su conflicto en el CIADI.
El embajador verá su tarea facilitada, de cualquier modo: Eduardo Duhalde decidió el sábado pasado, en conciliábulo con sus principales colaboradores, no viajar a Madrid.
Razones, varias. Primero, la oficial: quedarse a conducir el tramo final de la campaña de su esposa. Después, las otras: temor a un desaire público de Kirchner o a algún escrache organizado por presuntos «vecinos de Salamanca». Sea como fuere, el ex presidente decidió quedarse en Lomas de Zamora, lejos de las aulas de Fray Luis de León hasta las que había pensado acercarse en su condición de secretario del Mercosur, por invitación de Su Majestad.
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