El último discurso de Kirchner

Política

En el Congreso recién ayer muchos se dieron cuenta: el próximo 1 de marzo Néstor Kirchner podría dar su último discurso como presidente ante la Asamblea Legislativa. Por las dudas, comenzaron los preparativos. Mientras el Presidente espera llenar la Plaza de los Dos Congresos, en el oficialismo ya se hacen apuestas sobre si mencionará en su discurso el posible traspaso de mando a su esposa. Improbable.

Néstor Kirchner concurrirá el próximo 1 de marzo al Congreso para abrir frente a la Asamblea Legislativa el período ordinario de sesiones. Es un rito repetido cada año. Pero esta vez genera expectativas especiales.

Pocos diputados habían caído en la cuenta hasta ayer de que éste podría ser el último discurso de Kirchner ante el Congreso como presidente, si se confirma que la candidata a presidenta por el Frente para la Victoria es, finalmente, su esposa.

Esa obvia revelación comenzó a desatar preocupaciones y hasta alguna apuesta. ¿Dará el Presidente alguna pista de su decisión? Con el estilo de comunicación del Presidente y de Cristina Fernández, será difícil que se deslice alguna definición ese día, más allá de la consabida elección entre un « pingüino o una pingüina». Más que lo vaya a hacer ante un poder que no le despierta simpatías y al que sigue refiriéndose como una «corporación». Pero en el kirchnerismo existen esperanzas.

Los discursos sobre el estado de la Nación que brindan los presidentes al Congreso suelen incluir una reseña propagandística del último año de gobierno y la proyección del que se inicia.Las elecciones no estarán ausentes de ese análisis, pero en los razonamientos de la Casa Rosada hay un largo trecho desde allí hasta dar alguna pista sobre la decisión a tomar en la sucesión.

  • Preparativos

    De todas formas, por las dudas, los preparativos ya comenzaron. Todo será definido en una reunión del bloque Frente para la Victoria dentro de una semana. Será antes que Diputados convierta en ley, el próximo 27 de febrero, la reforma previsional que el gobierno lanzó con la consigna principal de permitir que los afiliados al régimen de capitalización puedan pasarse libremente durante 180 días al estatal de reparto.

    Esta vez, el kirchnerismo quiere organizar una marcha a la Plaza de los Dos Congresos que no falle. En marzo de 2006 esa convocatoria alcanzó para cubrir apenas los primeros 50 metros de la plaza desde la avenida Entre Ríos. Ahora puede tratarse de la primera despedida de Kirchner del gobierno y de su último discurso ante el Congreso. Esta vez la concurrenciadeberá ser mayor. En ese armado, entonces, la sanción de la nueva reforma previsional será crucial. El Presidente la reivindicará como uno de los mayores logros del año, frente a una oposición que deberá limitarse a aplaudir o, en el peor de los casos, mantener silencio, ya que apoyó masivamente la iniciativa.

    El gobierno sabe que esa ley, que Kirchner recibirá recién votada cuando visite el Congreso, será una de las herramientas de campaña más efectivas.

    El testeo de los dirigentes del interior del país ya dio mejores resultados que el impacto popular que tuvo esa decisión en la Capital Federal y el conurbano. Pero más efecto tuvo aún la decisión de Sergio Massa de habilitar la moratoria para que entraran al sistema previsional quienes no habían realizado todos sus aportes.

    Esa medida tuvo en las zonas agropecuarias -donde la evasión previsional y el empleo en negro suelen ser más altos que en otras regiones- un efecto de campaña no mensurado ni siquiera cuando el gobierno decidió habilitar esa jubilación masiva.

    Kirchner tendrá, además, elementos impensados hasta hace pocos días para explayarseen ese escenario privilegiado de la Asamblea Legislativa.

    «Todo el conflicto con la Organización Mundial de Comercio y el Banco Mundial por las críticas al programa económico parece estar hecho a medida para Kirchner», reconocía ayer un oficialista.

    Mientras el mercado se preocupó por los cambios en el INDEC y la incertidumbre sobre el manejo de la información, el kirchnerismo militante vio ese episodio como una pulseada más que el 1 de marzo reivindicará.

  • A medida

    En ese camino, los cuestionamientos de los organismos internacionales vienen a medida para reforzar la imagen oficial de lucha contra el « capitalismo opresor». Lo ayudará a Kirchner cierto desprestigio, inclusive internacional, que tienen hoy esas entidades. Por eso se espera que las declaraciones del Presidente ayer contra las críticas de la OMC y el Banco Mundial -alertando sobre el peligro del recalentamiento de la economía argentina y los niveles de inflación- sean sólo una muestra de lo que se escuchará en el discurso ante el Congreso.

    Y la oposición aportará lo suyo. Salvo por los ataques de los últimos meses a Felisa Miceli -el más grave fue por el caso Greco y no está claro si el propio gobierno no permitió que lo hicieran- y contra Ricardo Jaime -a quien sí la Casa Rosada ha blindado-, es poco lo que ha podido complicar al oficialismo. Una muestra se vio esta semana cuando quedó desdibujada entre el apoyo a la ley previsional y la falta de críticas a la ratificación del acuerdo entre el Estado y Aeropuertos Argentina 2000 -hubiera bastado que algún radical o arista recordara lo que el propio gobierno decía de ese consorcio hace dos años-. Nada impedirá, entonces, que ese día el aplauso general esté garantizado.
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