15 de noviembre 2006 - 00:00

El vendaval en el área presidencial

En el primer piso de la Casa Rosada, al lado de la oficina de «primera dama» que ocupa Cristina Fernández, a pocos metros del despacho que habita Néstor Kirchner, funciona el búnker del «gabinete» piquetero que custodia a Oscar Parrilli, la otra víctima del «affaire» D'Elía.

Como «comisario» político de las rebautizadas organizaciones sociales, entre el lunes y ayer Parrilli tuvo que lidiar, pedir la renuncia, retirar ese pedido y negociar él después con el cacique de la FTV. D'Elía se apartó ayer; el hacha se mece todavía sobre el pescuezo del neuquino.

La caída del cacique de La Matanza es una derrota carnal de Parrilli. Fue el promotor de que Kirchner incorpore a jefes piqueteros al gobierno para «sacarlos de la calle», procedimiento al que siempre se opuso Alberto Fernández.

Con 2001 todavía tibio, se impuso el criterio Parrilli, que por aquellos días escoltaba otro filopiquetero, el hoy viceministro de Interior Rafael Follonier. Kirchner compró a paquete cerrado.

El porteño Fernández militó para tumbar a D'Elía. Apenas trascendió la visita a la Embajada de Irán, de su entorno se difundió la versión del pedido de renuncia de Kirchner. En la FTV han grabado a fuego ese dato. «Ya nos vamos a cobrar lo que nos hizo ese muchacho.»

La mala hora de Parrilli es ostensible. Antes de D'Elía ya sufría una sangría de «poder» -un golpe duro le dio Guillermo Moreno al quedarse con el Mercado Central- que se acrecentó con la caída del más público y controvertido de los jefes piqueteros.

Mordaces, en los conventillos del kirchnerismo juguetean con que trasmutó de «Sargento» Parrilli a «Cabo». Otros, más hirientes y ponzoñosos, lo demuelen al presentarlo no como secretario general sino como mayordomo y secretario privado del Presidente.

Convertido en «mancha venenosa», además lo treparon al patíbulo para endilgarle el costo de la foto de D'Elía en la Embajada de Irán que recorrió el mundo. Además de Alberto F., al tormento se plegaron Julio De Vido, Alicia Kirchner y hasta Carlos Zannini.

  • Forcejeo

    Con algunos de ellos, forcejeó en el pasado Parrilli cuando empujaba para conseguirle un despacho a D'Elía, pero la hermana Alicia dijo que no lo quería en Desarrollo Social y Kirchner pidió que no esté bajo la órbita de Presidencia. Por esa razón, derivó hacia De Vido.

    No es todo: la propia Cristina, que antes se había quejado de la cercanía del «búnker» piquetero con su despacho, quiere alejar a esos vecinos incómodos entre los que se cuenta Carlos López, médico de la FTV que D'Elía delegó como su «embajador» ante Parrilli.

    Transitan por allí Néstor Moccia, el delegado de Libres del Sur -organización que comandan el funcionario de Desarrollo Social, Jorge Ceballos, y el ideólogo de Patria Libre, Humberto Tumini- y Santiago Martorelli, el «Chancho», que espía para el ex Quebracho Emilio Pérsico.

    Ese eje, antiguo sostén de Parrilli, tambalea. Además del tropiezo de la FTV con la accidentada salida de D'Elía, hay otros dos condimentos:

    1- Libres del Sur se desprendió del padrinazgo del neuquino y actúa cada vez con mayor autonomía: respaldo al obispo Piña en Misiones contra Carlos Rovira, embiste contra Daniel Scioli en Capital y hasta marchó contra Julio De Vido. LdS, que se sostiene sobre Barrios de Pie y es a su vez brazo piquetero de Patria Libre, es el núcleo más independiente y más ideologizado del piqueterismo oficial, con terminales en la Venezuela de Hugo Chávez.

    2- El M-Evita de Pérsico quedó resentido tras el fallido intento reeleccionista de Felipe Solá, que el piquetero de La Plata fue el primero en anunciar públicamente. Pérsico continúa como viceministro de Gabinete bonaerense, pero enfrenta, a su vez, una interna en la provincia. Tras un crecimiento explosivo, el M-E padece temblores en las bases y algunas fugas hacia otros movimientos.

    El cuarto actor de la saga piquetera K es Edgardo Depetri, jefe del Frente Transversal, diputado y cacique de CTA. Bonaerense hecho pingüino, Depetri se vinculó con Kirchner en Río Turbio, con quien tiene un trato sin intermediarios. Es decir, sin el filtro de Parrilli.

    ¿Con el «Cabo» jaqueado, pierden terreno las organizaciones sociales y empieza el ciclo que celebra Alberto F.? Queda «tocado» Parrilli pero nada, en el gobierno, preanuncia que Kirchner se aparte de los piqueteros. De hecho, su orden es « contener» a D'Elía. Pero algo se quebró.
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